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Los bonos suben en silencio (II)

Análisis sobre los mercados financieros a cargo de Michel Bomsztein, MBA

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30 de julio de 2020 a las 05:02

El precio de los bonos está determinado no solamente por el cupón que paga y el plazo hasta el vencimiento sino también por las expectativas sobre como serán en el futuro las tasas de interés. El inversor se pregunta: ¿cuándo es mejor invertir en este bono: ¿ahora o mas adelante?

Si entiende que en el futuro el bono le rendirá más, pospondrá su decisión de inversión. Si por el contrario sucede (lo que estamos viviendo), que en el futuro las tasas caerán o al menos se mantendrán muy bajas por un buen tiempo, la preocupación será asegurarse ahora una renta fija por varios años antes de que sea demasiado tarde.

Así entendieron el escenario mundial los inversores institucionales y algunos otros que desde el mes de Marzo se han volcado fuertemente a la compra de bonos corporativos, cuasi soberanos y especialmente los llamados Fallen Angels. Cuanto mas largo plazo y cupón mas alto mejor.

Es posible que se pregunte: ¿pero para que me voy a comprar un bono a 60 años de plazo si tengo 65 años? ¡No voy a vivir 125 años! Ahí radica el error. Nadie lo obliga a quedárselo hasta el vencimiento. Simplificando la respuesta podemos decir: un bono que le prometa un cupón mas alto por mas tiempo es aquel que todo el mundo querrá comprar en el escenario que acabamos de describir. De esta manera aumentará la demanda y en consecuencia su precio. Imagínese un departamento, muy bien alquilado para la zona en la que está. Todos los inversores querrán comprarlo y su precio subirá. Algún día usted decidirá si lo vende o no, pero en ningún caso es obligación esperar hasta el día del velorio para desprenderse de él. Por otra parte cuanto mas sube de precio del departamento y al ser el alquiler fijo, el rendimiento que saca el inversor es cada vez menor. Lo mismo sucede con los bonos.

Así pues puede terminar encontrándose por ejemplo con un bono que le paga un cupón de 9.5% anual y que en 3 meses subió un 20%. Incluso por encima de los valores pre-crisis. En este caso ya no le rinde 9.5% sino 6%. Es oferta y demanda...igual que en la feria.

En la medida que las expectativas actuales sigan vigentes, seguirá habiendo demanda por aquello que ofrece un mayor interés fijo por mas tiempo.

El hecho que el bono venza dentro de 60 años no evita que usted lo pueda vender dentro de uno o dos años o 15 días, y realizar en el caso del ejemplo la utilidad en la venta, mas el interés del 9.5% anual. Y si vende el departamento realizará la ganancia que será la diferencia entre el precio de venta y compra más los alquileres percibidos. Es lo mismo. Nadie quebró por realizar ganancias.

Lo que vale al fin del día es la cuenta de almacenero: diferencia entre precio de venta y costo, más intereses o alquileres. Y olvídese del resto de las ecuaciones.

Los inversores institucionales que hablábamos en la columna (Los bonos suben en silencio I) publicada tiempo atrás, compraron en forma masiva cuanto bono del gobierno norteamericano encontraron. El pánico generalizado acentuó aún mas esta situación, dado que el activo de refugio por excelencia sigue siendo los bonos del gobierno norteamericano. La cereza de la torta además fue el anuncio de la Reserva Federal que saldría a comprar cantidades ilimitadas de estos bonos. No es difícil imaginarse hasta donde se dispararon los precios. Sin embargo no fue suficiente para mantener "a la economía con vida", y tiempo después demostrando una gran creatividad la Reserva Federal anuncia compras de Fallen Angels. Esto son bonos de compañías que hasta el 31 de Marzo eran grado inversor, y que a consecuencia de la crisis perdieron su sello distintivo. Así pues la caída violenta de dichos bonos, se dio vuelta para transformarse en una escalada sin precedentes.

Es habitual escuchar incluso por parte de profesionales que hay que comprar cuando baja y vender cuando sube. Si fuera tan fácil el mundo estaría poblado por ricos y famosos inversores.

Las caídas se dan por algo y las recuperaciones también. Caer en esa simplificación tarde o temprano es receta de fracaso asegurado. Una caída de un 10% puede ser mal interpretada como una exageración, y resulta que lejos de subir al otro día cae otro 10 o 20%, y el inversor perdió en 24 horas una fortuna. No es simple jugar al cuarto oscuro y ganar. Claro que cuando se prende la luz, todo es muy fácil. Días atrás un operador me decía ¡pero con la FED interviniendo no vale! Mas allá de los puntos de vista y de cualquier ensayo académico, la realidad está allí. Tómala o déjala. La preocupación debe ir en que invertir y hasta cuando. No sea que vaya por lana y termine esquilado.

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