20 de octubre 2013 - 21:10hs

Si se asume la existencia de las tradicionales categorías políticas de “izquierda” y “derecha” es posible advertir que, a medida que se acercan las elecciones nacionales, los líderes partidarios van buscando –consciente o inconscientemente, y a través de diversos énfasis en sus propuestas y discursos– el tan ansiado centro político que tanto atrae a la mayoría de los uruguayos.

El último de los hechos que dejó en evidencia ese balanceo de los políticos lo disparó, acaso sin querer, el precandidato blanco Luis Lacalle Pou (Todos) luego de declarar que, de ser electo presidente, intentaría parar con la búsqueda de los cuerpos de los desaparecidos durante la dictadura.

Luego, Lacalle Pou dijo que sus afirmaciones no habían sido “felices”. “La embarré”, admitió ante sus allegados, pero, para entonces, sus adversarios políticos ya se habían encargado de salpicarlo de lodo y, de paso, aprovecharon para pendular hacia la izquierda del espectro político mientras empujaban al diputado hacia el ala derecha.

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“Hay una ley vigente (la ley de Caducidad) que en el artículo cuarto obliga a investigar si el juez lo dispone. Pero además es una solución humana porque cualquier familiar de un desaparecido tiene el derecho humano de saber qué pasó y hacer el duelo. Sería una falta de respeto no hacer eso”, dijo el líder colorado Pedro Bordaberry (Vamos Uruguay), el lunes 14, tras un acto en que lanzó el equipo de trabajo que lo respaldará en la campaña electoral.

Las palabras de Bordaberry – considerado muchas veces como representante de los sectores más conservadores del país– podrían haber sido dichas por cualquiera de los dirigentes del Frente Amplio que durante años pugnaron por esclarecer los crímenes cometidos durante la dictadura.

Además, ese mismo día, Bordaberry se manifestó a favor de mantener los Consejos de Salarios reinstaurados por el presidente Tabaré Vázquez.

“Es un instrumento creado por nuestro partido”, dijo Bordaberry, aludiendo a que esos grupos de negociación fueron aplicados durante el primer gobierno de Julio Sanguinetti y desactivados por el expresidente nacionalista Luis Alberto Lacalle.

Cuando realizó sus apreciaciones sobre los desaparecidos, Lacalle Pou venía de protagonizar una serie de eventos partidarios en los que había profundizado en un discurso con un fuerte contenido social. “Hay 170 mil personas que, pese a la bonanza económica, viven en asentamientos irregulares. Hay que elaborar planes de vivienda que tengan como objetivo a los menos pudientes. Hay que llevar adelante un plan de tierras para que esa situación se termine”, había dicho el miércoles 2 durante la presentación de su equipo de gobierno.

Lacalle Pou también ha pugnado por propiciar la práctica de derechos individuales como el del autocultivo de plantas de marihuana aunque –en una posición que lo reconcilia con las actitudes más tradicionales del Herrerismo– se opuso a la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Por su lado, antes de pedir por los derechos de los familiares de los desaparecidos, Bordaberry había solidificado su rol de principal impulsor de la baja de la edad de imputabilidad de los menores infractores, algo que es rechazado por el Frente Amplio y por el otro líder blanco, Jorge Larrañaga (Futuro Nacional).

Larrañaga –quien también se desmarcó de las afirmaciones de Lacalle Pou sobre los desaparecidos y se opone a juzgar a los menores como si fueran adultos– se ha ocupado en las últimas semanas de reclamar “mano dura” en la lucha contra el delito y se manifestó en contra de cualquier forma de liberalización del consumo de drogas.

“No vamos a tolerar la liberalización de la marihuana. Si la aprueban, la derogaremos”, dijo el jueves 17, pensándose como presidente de la República, en el lanzamiento de su programa de gobierno.

Además, este político que se presenta como heredero de las ideas del caudillo Wilson Ferreira Aldunate, asumió un rol bastante más militante que el de sus colegas de la oposición cuando respaldó el intento de plebiscito contra la ley de despenalización del aborto.

Mientras tanto, en el Frente Amplio, Tabaré Vázquez se reafirma como perteneciente a la izquierda y, cada vez que puede, ubica a sus adversarios en el lado derecho de las ideas.

Pero cuando les habla a los uruguayos se cuida de caer en cualquier radicalismo. Y así lo escribió en una reciente columna publicada en el Correo Socialista: “(La propuesta de gobierno del Frente Amplio) no puede ser más de lo mismo ni una carta a los Reyes Magos. Ninguno de esos extremos es creíble. Dicho de otro modo: ni inercia ni aventuras, ni aburrimiento ni locas pasiones”.

A falta de un año para las próximas elecciones nacionales, el discurso de los líderes políticos promete nuevos bamboleos.

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