20 de junio de 2013 18:02 hs

Más noticias

Los agronegocios también reflejan en el mercado de capitales que son la actividad predominante en la economía de nuestro país. Un dato revelador: si tomamos las emisiones de oferta pública en Uruguay de todos los productos vinculados a los agronegocios que hubo desde 1998 a la fecha, y si eso lo dividimos entre el monto total de emisiones, el resultado es que el sector fue responsable de la cuarta parte de éstas. De un total de casi mil quinientos millones de dólares, aquellos representaron unos trescientos cincuenta. Quizás el lector se sorprenda como yo al leer que los negocios vinculados al campo sean protagonistas en el Wall Street montevideano.

El creciente y dinámico flujo de capital ha sido una de las características de este mundo global y desde luego una de las tendencias clave en los agronegocios. Las inversiones se han acrecentado en todas sus posibilidades: commodities, acciones, directamente en empresas a lo largo de la cadena de valor, en tierra, en capital de riesgo en emprendimientos. Nuestro país ha recibido parte de ese aluvión inversor.

Pero la mala noticia es que el mercado nacional de capitales es embrionario, con escasísimo desarrollo. Citemos algunos números. La relación entre la capitalización –o valor– de las empresas listadas en la Bolsa y el Producto Interno Bruto (PIB) de un país es un indicador de tamaño y actividad del mercado financiero. El Banco Mundial provee un ranking con este indicador de más de un centenar de países. Ahí vemos, por ejemplo, que para Chile dicha referencia es de 108. Lo cual significa que el valor del mercado financiero es un poco más grande que el PIB. En Estados Unidos es de 104. En Brasil, 49, casi lo mismo que para el promedio de la Unión Europea y apenas más alto que el latinoamericano. En lo que respecta a Uruguay, hay que ir hasta el último lugar del ranking: 0,37. En la Ciudad Vieja tenemos un puñado de productos ofertados y listados en la Bolsa (obligaciones negociables, fideicomisos) y apenas siete empresas cotizando cuando hace cuatro décadas existían más de setenta. El volumen de operaciones y actividad en Uruguay es el más bajo del mundo, como también la sofisticación de los productos que se comercializan.

Macroeconomía, cultura, regulaciones, varias deben ser las causantes de esta situación. En la práctica, el indicador mencionado es un espejo de las restricciones y escollos a la hora de participar en ofertas públicas. Las empresas que transitan por estos caminos deben armarse para que no los digiera la lentitud criolla ni los altos costos. Deben entender, prepararse y adaptar productos para los diferentes públicos inversores. A los inversores les cuesta salir de su zona de confort y arriesgarse a productos más desconocidos; a nuestro principal organismo de contralor financiero le lleva meses analizar y firmar un prospecto; al sector bancario asimilar la competencia; y así sucesivamente.

Que no tengamos un mercado de capitales es una gran limitante de financiamiento e inversión. Pero es a la vez, sin lugar a dudas, una puerta que debemos confiar, y mucho. El monto total de emisiones ha crecido en los últimos años. Hay signos de una reactivación. Los agronegocios se han profesionalizado en forma acelerada, las empresas innovan y arriesgan, al tiempo que se han vuelto más sofisticadas e intensivas en el uso de capital, necesitando fuentes alternativas a las tradicionales. Y tenemos, por otro lado, un caudaloso y creciente abanico de inversores buscando productos atractivos y complementarios para sus distintos objetivos y portafolios. Vaya oportunidad y vaya si habrá trabajo por delante.

Las campanas doblan por el agro, en la Ciudad Vieja.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos