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Las acreditaciones de Bernie y Dominique Knuppel, de Los Ángeles 1984 y Tokyo 2020

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Los Knuppel, la náutica y una tradición: padre e hija olímpicos

Bernie y Dominique comparten la misma pasión por la vela y con sus actuaciones en Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Tokyo 2020 se metieron en los registros olímpicos como los uruguayos de dos generaciones que fueron a los Juegos

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07 de agosto de 2021 a las 05:03

La tradición de la náutica en los Knuppel nació hace medio siglo, y la pasión por este deporte pasó de una generación a otra, con un detalle muy particular: en Tokyo 2020, la hija alcanzó los Juegos Olímpicos, igual que su padre en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988.

Bernie corrió en sailing y star en los Juegos de 1984 y 1988, respectivamente, en una época en que los deportes náuticos no competían en las mismas pruebas de estos días.

Bernie Knuppel en la ceremonia inaugural de Los Ángeles 1984

Dominique compitió en 2020 junto a Pablo Defazio en nacra 17, categoría desconocida para el mundo olímpico hace tres décadas. En estos Juegos culminaron 18° entre 20 tripulaciones, luego de una preparación de más de dos años.

Más atrás en el tiempo, recuerda Bernie, el rumbo deportivo de los Knuppel quiso establecer otro destino: el atletismo. El padre de Bernie y abuelo de Dominique “estuvo a punto de clasificar a los Juegos Olímpicos de 1948 en 400 metros”, recuerdan. Sin embargo, había otro lugar que les esperaba  para escribir nuevas historias, los deportes en el agua.

Bernie comenzó a remar con 13 años, y tres meses después, en un campamento de niños del Yacht Club Uruguayo (YCU) en el río Santa Lucía lo puso en el rumbo que recorrió luego.

“Tenía un barquito, participé en ese campamento, al mes me hice socio del YCU y allí nació mi pasión por la náutica. A los 16 años había competido en dos sudamericanos y a los 17 me fui cinco meses acompañando un barco a Europa”.

Bernie Knuppel en los Juegos de 1984

En 1984, cuando tenía 22 años, participó en sus primeros Juegos Olímpicos.

“Clasificamos a través de un selectivo, primero entre 16 embarcaciones, y finalmente entre las cuatro mejores se hizo un campeonato y ganamos nosotros con Alejandro Ferreiro y Enrique Dupont. Fue difícil defender nuestra nominación porque no teníamos antecedentes. En ese momento no había cupos, era por inscripción y el COU apostó por mandar sailing”.

En la década de 1980, la preparación era diferente. No planificaban viajes al exterior ni estadías extensas, como ocurrió con Defazio-Knuppel en el camino a Tokyo 2020, quienes permanecieron seis meses en Europa. “Entrenábamos en el Yacht. Salíamos a navegar todos los días. Hacíamos gimnasia y pesas en el gimnasio de CAFO, que se estrenó en ese momento y que era toda una novedad”, rememora.

Las diferencias económicas con la preparación actual eran enormes.

En ese momento gastamos US$ 3.500 para el equipamiento. Hoy, con ese dinero no compras una vela, por ejemplo”, dice Bernie. La campaña de Defazio-Knuppel en 2020 necesitó más de US$ 100.000. En 1984 los representantes de la náutica de Uruguay compartieron la villa olímpica, porque la vela compitió en Los Ángeles.

Cuatro años después, en Seúl 1988, estuvieron muy lejos del ruido de los Juegos. La sede de la náutica estuvo en Pusán, a 400 kilómetros de la villa y transcurrió la vida de la delegación en un hotel cinco estrellas.

Algo similar a lo que aconteció con Dominique en Tokyo 2020. La sede de vela estuvo en Enoshima y la villa olímpica de la vela fue un hotel. Para Bernie los Juegos Olímpicos no se agotaron en 1998, cuenta un tercero, en Río 2016, cuando viajó como juez.

Defazio y Knuppel en el Nacra 17 en Tokyo 2020

Para Dominique, de 27 años, los de Tokyo fueron sus primeros Juegos.

Sobre la participación de su padre en los Juegos, Dominique solo conoce los cuentos.  Ella nació en 1993. “De esa etapa de él solo recuerdo lo que cuentan, o cuando estás ordenando algo en casa aparecen los recortes de diarios, las fotos, los clásicos pines de los Juegos”, dice.

Bernie y Dominique Knuppel

El padre se emociona cuando dice que tuvo el orgullo de ver a su hija en los Juegos Olímpicos. “Son momentos únicos”.

Pocos días después del nacimiento de Dominque, su padre se embarcó a competir en la Whitbread, la regata que da la vuelta al mundo.

Aquel momento, Bernie lo recuerda así: “El nombre de Dominique estaba en la popa del barco, en el Uruguay Natural”, y Dominique retruca: “Es un poco un sentimiento de culpa (se ríe) de que recién había nacido y se fue a navegar alrededor del mundo y puso un sticker con el nombre y el de otra chica, que también había nacido ese año, hija de otro tripulante, en la popa del barco para que lo acompañáramos”.

Una experiencia inédita

La clasificación de Defazio-Knuppel a Tokyo 2020 la lograron en los Panamericanos de Lima 2019 y en circunstancias tan particulares que cuando la cuentan, ellos mismos no dejan de asombrarse.

A Lima, Bernie viajó como juez y Dominique como atleta. Durante las competencias comparten lugares en común pero no tienen contacto y el extremo de la situación se planteó el 7 de agosto, en el cumpleaños de su padre. “Como es parte de la organización no me habla, no me saluda y el día de su cumpleaños tampoco lo saludé. Lo vi de lejos y lo saludé levantando la mano. Nada más. No lo llamé y solo saludé en el grupo de la familia”, recordó Dominique.

Defazio y Knuppel en el Nacra 17 en los preparativos para Tokyo 2020

El vínculo de padre e hija en la náutica no nació por influencia de su padre, sino de su madre. Fue Gabriela, la madre, quien la llevó a la escuelita. Bernie no participó en la decisión, subraya. Creció en un barco y sintió la misma pasión que su padre. “Con papá navegamos muchísimo, en varios barcos de hándicap. Antes de terminar optimist, a los 15 años, papá me invitaba a correr regatas en barcos grandes y navegamos un montón juntos. Es una persona con la que aprendés mucho por estar al lado de él. Te explica en el momento”, dice Dominique.

Dominique Knuppel en optimist

Navegar implicó renunciar a muchas actividades de su juventud. “Se salteó la mitad de los cumpleaños de 15 de su generación por correr regatas”, dice su padre. Todo ese esfuerzo, finalmente le dio el estatus de deportista olímpica, una distinción que casi 200 uruguayos ostentan en la historia.

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