5 de enero de 2023 5:02 hs

Los precios de las baguettes, los croissants (medialunas) y los pasteles tradicionales desataron una polémica que recorreFrancia y que se instaló en la agenda pública de un país que considera a las “patisseries” como una parte integral de la vida de sus habitantes y cuyos productos fueron elevados al rango de Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco.

La cuestión tomó un cariz que obligó al gobierno liberal del presidente Emmanuel Macron a presionar sobre las compañías energéticas para que ayuden a las panaderías tradicionales a enfrentar el aumento de los precios de la energía eléctrica, en momentos en quesus dueños denuncian una "inminente catástrofe" y convocaron a una manifestación para el 23 de enero.

El tema fue tomado en las últimas horas por la primera ministra francesa, Élisabeth Borne, y su ministro de Economía, Bruno Le Maire, quienes anunciaron una serie de medidas. Entre ellas, aplazar el pago de impuestos, de las cotizaciones sociales y de las facturas."Los proveedores de energía no ayudan lo suficiente a los panaderos", dijo Le Maire.

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Según Borne, las panaderías podrían rescindir sin cargos los contratos con las compañías proveedoras en caso de un aumento prohibitivo de los precios del suministro, posibilidad rechazada por los panderos, quienes aseguran que las empresas advirtieron que de hacerlo podrían reclamarles cargos adicionales.

Conuna inflación interanual que ronda el 6 por ciento, aumentos en las tarifas de entre el 10 y el 12 por ciento y la oposición de la ultraderechista Agrupación Nacional haciéndose eco del reclamo de los panaderos, el titular de la patronal, Dominique Anract, aseguró que las tradicionales panaderías francesas “no tiene una gran esperanza de vida si el Estado no se mueve para regular” el precio de la energía.

Ancrat puso como ejemplo el caso de Nadège Amaté, una mujer de 34 años dueña de una panadería-pastelería en Lons-le-Saunier. Su horno es eléctrico, como en la mayoría de las panaderías del país. Desde septiembre, la eléctrica Engie le factura2.700 euros (unos 2.850 dólares) cada dos meses, cuando antes pagaba 1.500 euros(1.580 dólares) por trimestre.

El llamado a concretar una masiva protesta de panderos el 23 de enero aumenta la tensión social en el país, justo en el momento en que el gobierno prepara la presentación de sucontrovertida reforma previsional que prevé elevar de 62 a 65 años la edad jubilatoria, iniciativa que es rechazada por las centrales sindicales y la mayor parte de la sociedad.

El tema del precio de los panificados y el destino de las panaderías, que sonconsideradas una institución, no es menor. La Unesco, en noviembre pasado, calificó como “un arte” la fabricación de las tradicionales baguettes y las elevó al rango de un “emblema culinario y social Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”.

El galardón, sin bien supuso un reconocimiento a las panaderías tradicionales, también sacó a relucir su progresiva extinción, especialmente en las zonas rurales.En 1970 había unas 55.000 panaderías artesanales,1 por cada 790 habitantes; en comparación con las 35.000 que hay en la actualidad,lo que representa 1 por cada 2.000 habitantes, según los datos del Ministerio de Cultura, el organismo que se encargó del relevamiento y de proponer la declaración de la Unesco.

El tema escaló hasta convertirse casi en una cuestión de Estado cuando la cooperativa de supermercados E. Leclerc, la mayor cadena de Francia con 700 bocas de venta, anunció que vendería baguettes a 0,29 euros con la intención de atraer a los clientes que tienen dificultades para llegar a fin de mes. "Para reforzar tu poder adquisitivo en el momento que más lo necesitas, congelamos el precio de nuestra baguette durante seis meses", anunció la empresa en los diarios.

Para los panaderos tradicionales, que venden cada unidad a 1,20 euros, fue una cachetada. La venta de las baguettes constituye una quinta parte de la facturación, luego de los años difíciles de la pandemia que mantuvieron alejados a vecinos y turistas.

"Francia todavía tiene la suerte de contar con pequeñas panaderías, tenemos que mantenerlas. Mucha gente no dice 'voy ala panadería', hablan de 'su panadero'", dijo a la agencia de noticias AFP Anract. “La acción de Leclerc nos hace parecer como sinvergüenzas, como si quisiéramos estafar a los clientes", agregó, al tiempo que recordó que desde 1988 no todo el mundo puede llamarse panadero. Para serlo, tieneque hacer la masa, hornearla y vender el producto final en el mismo lugar.

Por lo pronto, y en lo que asoma como una revuelta de proporciones, los 96 delegados regionales de la asociación que agrupa a los panderos escribieron a sus diputados locales advirtiendo que tomarán medidas legales por considerar que los supermercados venden por debajo de los costos de producción, posición que tiene el apoyo de carniceros y pescaderos.

Los panderos están furiosos y amenazan con dejar sin las tradicionales baguettes y croissants la mesa de los franceses, en un país que hace de la gastronomía un culto.

EO Clips

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