22 de diciembre de 2017 13:01 hs
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador.

Los productores cierran el año con un nivel de lluvias que, en algunas zonas, ha sido mejor que lo esperado, pero con la contrapartida de un fuerte ajuste en los precios.

Dos semanas atrás la causa de la suba de precios para la soja era la falta de precipitaciones en regiones clave de Argentina, Sur de Brasil y, en menor medida, en Uruguay. Ya con las expectativas de un mejor nivel de precipitaciones para la segunda mitad de diciembre, los valores comenzaron a aflojar y esto siguió cuando las lluvias efectivamente llegaron.
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El regreso del agua no significa el fin de la volatilidad ligada al clima en el Mercosur, aunque sí dejaría de lado los temores sobre área que podría quedar sin sembrar.

Los modelos internacionales siguen marcando condiciones Niña para todo el verano y comienzos del otoño, aunque es difícil pronosticar sobre su efecto real en el régimen de lluvias.

El último informe del Instituto de Investigación del Clima de la Universidad de Columbia marca 45% de probabilidad de lluvias por debajo del promedio para la mitad norte del país entre enero y marzo. En el resto del país es más difuso el pronóstico.

Lo cierto es que las lluvias llegaron a las principales zonas agrícolas en Uruguay, lo que permite mejorar la condición de los cultivos implantados y cerrar la siembra del área de segunda que quedaba por implantar.
Dos semanas y medias atrás los valores locales llegaron a US$ 365 por tonelada de la oleaginosa y algunos dólares más base acopio y ahora casi no hay valores, pero se debe estar en torno a US$ 345 por tonelada prácticamente sin que haya oferta.


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