29 de diciembre de 2017 5:00 hs
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Mientras la ganadería disfruta de los mercados abiertos y los que están por abrirse, la agricultura padece el resultado de una muy mala zafra de cultivos de invierno y la incertidumbre de un verano amenazante para los cultivos de verano. En ese balance, en su conjunto el agro no logra sostener un crecimiento firme, agobiado por los costos, un dólar planchado, al que en el cierre del año agrega la incertidumbre climática.

En un balance de 2017 podría decirse que ha sido un año que mostró lo que el cambio climático puede traer a Uruguay en el mediano plazo: ausencia de frío en invierno y pasar del exceso de lluvia a la casi sequía en cuestión de días. Y muestra cuánto pueden resistir las actividades agropecuarias sometidas a una intensa presión en el entorno del negocio.

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En esa ausencia de frío y abundancia de lluvias, el trigo y la cebada han resultado víctimas principales. Cerveza no faltará, pero es posible que en el segundo semestre de 2018 se importe algo de trigo para hacer pan, por primera vez en más de 10 años, porque por primera vez en una década la producción queda por debajo de las necesidades del consumo interno.

La proyección de DIEA del resultado agrícola divulgada el viernes pasado fue impactante: un rendimiento de trigo que se sabía sería bajo –pero no tan bajo– en 2.280 kilos por hectárea, que con una superficie que ya venía disminuida a 193 mil hectáreas, que genera una producción de 440 mil toneladas, 60 mil menos que el consumo interno de Uruguay, que la Oficina de Planeamiento y Políticas Agropecuarias del Mgap (Opypa) ubica en 500 mil toneladas.

Aunque se esperaba un mal año, los resultados fueron peores de lo previsto. Opypa esperaba 2.800 kilos promedio por hectárea, es decir que la producción estuvo 520 kilos por hectárea por debajo de lo que el propio Ministerio esperaba, lo que equivale a 110 mil toneladas menos producidos de la ya magra producción que se esperaba. La caída que se observa en la producción de trigo es estrepitosa, Uruguay viene de producir más de 2 millones de toneladas en 2011 a esta cosecha que es un quinto de la de seis años atrás.

Siempre de acuerdo a Opypa los productores de trigo iban a perder US$ 100 por hectárea antes de pagar rentas, asumiendo un rendimiento de 2.800 kilos. Para el productor que haya obtenido el promedio nacional la pérdida por hectárea sembrada se va a US$ 165.

Aunque las estimaciones de DIEA para la cebada son algo mejores, con un rendimiento de 2.516 kilos, que Opypa esperaba fueran 2.750 kilos/ha. En ambos granos el exceso de lluvias generó problemas de calidad. Es decir que el productor recibe precios bajos porque el mercado lo determina en el mundo entero y porque la industria cuestiona la calidad de lo que recibe.

Pero más allá de los avatares meteorológicos, lo que la zafra que acaba de terminar muestra es que la agricultura está en problemas. En el ciclo de invierno solo genera expectativas de un margen interesante la colza, mientras que en la de verano la apuesta se sigue concentrando en la soja. Y en el caso de la colza con un riesgo significativo mayor al de la soja. En esta cosecha según DIEA no se llegó a un rendimiento de 1.000 kilos/ha, otro resultado que es un balde de agua fría. La diferencia con lo proyectado es abismal.

"La productividad del cultivo en el período 2013/14 a 2016/17 (con datos disponibles) muestra cierta estabilidad interanual, promediando a nivel nacional 1.599kg/ha, variando en un rango relativamente estrecho entre un mínimo de 1.577 kg/ha y un máximo de 1.663 kg/ha.

Para esta zafra 2017/18 se proyecta un rendimiento medio en el rango de 1.500 a 1.700kg/ha, lo que ubicaría a la cosecha de colza entre 70 y 80 mil toneladas, representando un nuevo máximo histórico para el cultivo en el país", postuló Opypa en su Anuario.

Pero con un rendimiento que es poco más de la mitad del proyectado por Opypa, la producción queda en 50 mil toneladas, de todos modos récord, en base a que prácticamente se duplicó el área respecto al año pasado. Pero para muchos productores también la colza terminó con pérdidas.

La percepción de esa situación problemática ha llevado a una retracción fuerte del sistema bancario a la hora de aportar créditos al sector agrícola como no sea incorporando garantías reales.

La soja, tras un noviembre y diciembre de lluvias muy moderadas y en un año Niña, de alto riesgo, queda con la responsabilidad de cubrir las pérdidas de los cultivos de invierno y generar una facturación que permita cubrir los costos del año entero y los compromisos de deuda como para que pueda seguir girando la rueda agrícola. El año pasado apenas se pudo con rendimiento récord. Este año las productividades no lograrán equiparar a las del año pasado.

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Ganadería: la estabilidad

Pasados los avatares sindicales en la industria frigorífica, la ganadería cierra un 2017 interesante. Crece la faena, que en diciembre será la mayor desde 2010, aumenta levemente el precio de exportación, no cambia el precio al productor en el ganado gordo de manera significativa, pero se coloca todo con fluidez, y en particular la cría sigue contando con un marco estimulante para aumentar la producción.

Como en la agricultura, los números son más que ajustados, pero la gran diferencia es que el riesgo es mucho menor. Aun si este verano trae una sequía, algo que por ahora parece un riesgo pero que no tiene por qué concretarse, la ganadería cuenta con herramientas para enfrentar una situación adversa.

Con una producción abundante de terneros en camino, que permitirá que el retroceso del stock ganadero de este año se revierta en el año próximo, Opypa estima un aumento de 200 mil vacunos en el stock para el año próximo y el récord de exportación de terneros, novillitos y vaquillonas en pie permite uno de los pocos ámbitos seguros de inversión. De hecho, aunque por poco, la colocación de toros en esta zafra fue algo mayor en número y precio promedio que la de 2016.

El crecimiento fuerte en la demanda de terneras y vaquillonas, no solo para un incipiente comercio en pie sino también para los corrales de engorde, da una seguridad adicional a los criadores. Ciertamente eso hace difícil la actividad para la industria frigorífica, que difícilmente logre faenar el año próximo los 2,33 millones de vacunos de este año, la mayor actividad desde 2010. Pero cuenta con el aliciente de que la producción de terneros crecerá seguramente dos años consecutivos y pasará de los 2,8 millones del otoño 2018 a los 2,9 millones del año siguiente.

Por otra parte, los ovinos estabilizan una cotización por el cordero netamente superior a la de los novillos y precios récord para la lana fina. Hay caminos complementarios adaptados a distintas situaciones para encarar negocios y la restricción pasa más por la disponibilidad de vientres y corderas para criar que por la posibilidad de concretar buenos negocios a través de los lanares.

La faena permanece estable en poco más de 800 mil ovinos por año, una extracción moderada que debe dar lugar a un gradual crecimiento de la majada.

Mientras la agricultura va gradualmente devolviendo área a las pasturas, la ganadería debería estar en condiciones de captarlas, pero eso no es tan fácil. Se han perdido estructuras para el manejo del ganado, capacidad de inversión para repoblar y en realidad, si el área agrícola baja más radicalmente en 2018, no está claro cómo se ocuparán esas superficies con ganado vacuno u ovino.

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Luces y sombras

Uruguay cruza este año por primera vez los US$ 1.500 millones de exportaciones de carne vacuna y logra un crecimiento importante de todos los indicadores principales de la ganadería: más faena, más peso promedio en la faena, más consumo interno, más exportaciones en pie y en toneladas carcasa. Bajó el stock este año, pero la producción de terneros permitirá que se recupere el año próximo.

La autopista comercial que significa China tanto para la carne vacuna como gradualmente también para la carne ovina proporciona seguridades que la agricultura no tiene: los chinos se autoabastecen de trigo, maíz y arroz. Tercerizan parcialmente el abastecimiento a su población de proteína animal. Turquía terceriza parte de la generación de terneros y novillos. Y con la apertura de Japón, que seguramente llegue antes de mediados de 2018, se puede salir a vender a todo el mundo explicando que el mercado más exigente del mundo acepta la carne uruguaya.

En el otro extremo, las exportaciones de trigo de Uruguay pasarán a ser marginales, de nicho, ya sea con granos de baja calidad a mercados poco exigentes o con algunas partidas mejoradoras a Brasil, pero de escaso volumen. La carne sigue firme y parece tener ante sí desafíos supremos: sostener los sistemas agrícola ganaderos y ganarle junto a la soja al persistente atraso cambiario.

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Las cifras

  • 193.000 hectáreas. Fue el área disminuida de trigo en la última zafra, con 2.280 kg/ha de rendimiento.
  • 1.500 millones de dólares. Alcanzarán al cierre del año las exportaciones de carne vacuna.
Agricultura
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Después del trigo de invierno, sigue la soja, que lidera la agricultura uruguaya.


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