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28 de marzo de 2012 21:39 hs

¿Existen en el fútbol o en cualquier deporte los buenos perdedores? Es una pregunta difícil de responder. Lo que queda claro es que en los últimos años, los distintos planteles de Peñarol demostraron que son malos perdedores.

Ante cualquier reacción o gastada de algún rival sale el uruguayo de adentro (o el rioplatense) y se arma lío. Así pasó el martes ante la U con Peñarol eliminado. Un supuesto comentario de Marcelo Díaz hizo explotar a casi todo el plantel.

Esto no es nuevo. Ya ocurrió cuando varios de ellos perdieron la final de la Copa Santander Libertadores el año pasado ante Santos. Allí también los hicieron entrar en su juego y hasta un hincha –que los había insultado– se llevó toda clase de patadas y puñetazos.

¿Qué pasa con los demás equipos? Esto parece ser solo patrimonio de Peñarol en los últimos tiempos. ¿O acaso a los jugadores de Nacional, Defensor, Vélez, Barcelona, Milan no les hacen lo mismo? Esto que ya parece costumbre deja muy mal parado al club en el mundo. La marca Peñarol es la que pierde. Esa que cuidan tanto –y muy bien– desde el punto de vista del marketing.

La historia lo condena
No vale la pena recordar las viejas Libertadores en las que se armaba lío en varios partidos. Pero en los últimos tiempos, a Peñarol le sucedieron muchos hechos. En 1988, Ortega Sánchez de San Lorenzo le hizo un gol a Álvez y se armó. Dos años después, por el clásico del Competencia –iban 80 minutos y 0-0– terminaron 20 jugadores expulsados (más dos suplentes) y todos procesados sin prisión. También en ese 1990, los aurinegros fueron goleados por Olimpia 6-0 en un artibraje bochornoso y también hubo problemas. Estuvieron detenidos hasta las 4 de la madrugada.

Lo que es un hecho es que todos estos episodios han sucedido con varios técnicos diferentes y no solo cuando se pierde.

En 1999, Joe Bizera, en un amistoso contra la sub 23 de Chile, le tiró terrible patada al juez Christian Lemus y quedó detenido. Le hicieron un juicio.

Meses después, Flamengo ganó en la ida 3-0 por la Supercopa y en la vuelta, se armó una de las peores peleas de los últimos tiempos. Venció 3-2 Peñarol, no alcanzó y los brasileños se fueron con las caras hinchadas.

El clásico del Clausura 2000, en el que el aurinegro tampoco perdió (1-1), terminó en una gresca general y con nueve futbolistas procesados con prisión, seis de ellos, de Peñarol. También marchó a la cárcel el técnico Julio Ribas.

En agosto de 2009, con el regreso de Ribas, en un partido intrascendente en el Campus ante Newell’s, solo se jugaron 37 minutos porque Mozzo estalló y se armó.

Los dos últimos líos son archiconocidos. La final de la Copa del año pasado y el del martes. Todos episodios en los que Peñarol institución no queda bien parado.

Será como dijo Fernando Álvez el miércoles a El Observador: “A veces, los jugadores se confunden por la mística que tiene el club”.

Pero esta clase de hechos hacen que esa mística hoy haya quedado por el piso.

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