27 de junio 2020 - 5:00hs

El psiquiatra Pablo Fielitz y Pablo Bartol se dieron cuenta hace pocos días que comparten algo más que el nombre de pila. La semana pasada, cuando el ministro de Desarrollo Social y el nuevo director de Salud Mental de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) se sentaron a dialogar junto a sus equipos sobre posibles respuestas para las personas que viven en la calle, descubrieron que proyectan de forma similar los abordajes del tratamiento de adictos a las drogas, y que entre ambos organismos pueden idear una política en común distinta a la aplicada hasta el momento.  

De las 2.039 personas en la calle que identificó el Mides en su último censo –realizado el 9 de abril de 2019–, casi cuatro de cada diez padecían problemas de salud mental y seis de cada diez declaraban un consumo problemático de drogas, con una alta prevalencia de uso de pasta base. Convencidos de que la población indigente es aún mayor –para ello se está preparando un nuevo censo– y que las adicciones son una variable fundamental de ese problema, las nuevas autoridades del Mides pretenden generar una política de atención focalizada y encontraron en ASSE un aliado con una visión común. 

Consumo cero

La idea compartida tiene dos grandes líneas. Por un lado, la necesidad de instalar nuevos centros para atender en exclusiva a la población adicta y no dejarlos “a la bartola” luego del amanecer. Por otro, que debe haber un “nuevo enfoque”, que deje atrás la política de reducción de daños a la hora de tratar con adictos y plante la bandera del abstencionismo como objetivo final.

Es este segundo punto el que genera opiniones más variadas, ya que supone una ruptura con el paradigma vigente de la Junta Nacional de Drogas (JND), que es el organismo rector de la política de drogas en todo el país y por el momento no tiene definido hasta qué punto cambiará o no los énfasis de la anterior administración. 

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El domingo pasado, entrevistado en el programa Séptimo Día, el ministro Bartol pasó a la ofensiva en ese tema y dijo que mientras “el gobierno anterior tenía la idea de reducción de daños”, la actual administración irá “por el cero consumo”, lo que supone “un cambio de actitud total”. “Es creer que las personas se pueden rehabilitar”, afirmó el ministro, y mencionó como ejemplo el caso de Islandia, que aplicó ese enfoque mediante programas deportivos, artísticos y redujo la prevalencia de las drogas en su población.

“El consumo más moderado en un adicto se sostiene poco tiempo y vuelve al nivel anterior”, dijo el psiquiatra Pablo Fielitz, director de Salud Mental de ASSE. 

Fielitz, desde ASSE, resume así la conversación con el ministro: “Le dije: mirá, la gente que tiene que dejar de consumir tiene que dejar de consumir; no puede pasar a otra cosa”. El director de Salud Mental, que trabaja en atención de adicciones desde hace 20 años y elogia el modelo de Alcohólicos Anónimos, sostiene que “el consumo moderado en un adicto se sostiene poco tiempo” y que si bien “a veces se hacen pasos intermedios” o “achiques”, el “objetivo debe ser que la persona frene el consumo”.

“La reducción de daños funcionó especialmente en los países sajones en relación a la pandemia de heroína. Acá se podría aplicar a adictos a la morfina, pero es reducido y es casi todo personal de la salud. Ahora, no podés decirle a un adicto ‘salí de la pasta y entrale al faso’, porque al cabo de unos meses… Primero que los pegues son muy distintos y el tipo que fuma pasta busca una sensación distinta a aquel que fuma porro”, dijo Fielitz a El Observador. Por eso, anunció que transmitirá a los equipos liderados por ASSE que “el objetivo es apuntar al cero consumo en adictos”. Según el jerarca, lo “central” es “conceptualizar” que el cero consumo está pensado para “el sujeto que es un adicto” y no para el uso recreativo de drogas. “La gente que hace uso ocasional que siga haciendo uso ocasional. Allá ellos y su rango de libertad personal”, señaló.

Política nacional vigente

Bajo el paraguas de la JND funcionan varios programas que se dedican a acompañar a personas en situaciones vulnerables con problemas de adicción. Tanto el programa Aleros, del que participa también la Intendencia de Montevideo y es financiado por Presidencia, como la unidad móvil de la Secretaría Nacional de Drogas aplican el paradigma de la reducción de daños  para la población que no está dispuesta a abandonar completamente el consumo o pide tratamientos más graduales.

Diego Olivera, ex secretario nacional de Drogas frenteamplista, considera que “hay una confusión” en las declaraciones de los jerarcas, ya que “la reducción de daños no se contrapone con la posibilidad de que existan servicios que ofrezcan posibilidad de reducción total del consumo”, que a su juicio es “lo mejor para la salud de las personas”.

“Hay situaciones en las que las personas no pueden o no desean dejar de consumir, pero se pueden ofrecer estrategias que disminuyan los riesgos y los daños para la salud mental. Y en situación de calle no parece sencillo desarrollar una estrategia que conduzca únicamente al abandono del consumo. Requiere pasos intermedios”, señaló a El Observador

Para Olivera considerar que la reducción de daños se aplica únicamente en casos de drogas suministradas mediante inyecciones “es una visión equivocada y restringida”. “En la pasta base no se puede aplicar reducción de daños por el lado de la sustitución, es verdad, pero sí se puede trabajar con las personas para que disminuyan la cantidad de horas que permanecen en la calle, ayudar a su salud respiratoria, ofrecer tests de hepatitis y HIV y hasta sustituir la parafernalia para que no compartan las pipas”, argumentó.

Revisión del plan directriz

Mientras que el Mides y ASSE pisan firme en el criterio del abstencionismo, la incógnita en los actores del sistema es qué postura adoptará la Junta Nacional de Drogas.  Fielitz lo dice sin aspavientos. “¿Qué va a decir la JND? No lo sé. Todavía no tienen secretario nacional de drogas”, afirmó al ser consultado. 

Rodrigo Ferrés, que como prosecretario de Presidencia está al mando de la JND, señala que los efectos de la pandemia retrasaron las designaciones pero insiste en que “en los próximos días” anunciarán el nombre del jerarca a cargo del organismo.

Leonardo Carreño

El jerarca agregó que el Mides  hizo llegar a Presidencia su propuesta de consumo cero para la gente que está en la calle con problemas de adicción a las drogas, y que la están “estudiando” para definir cuál es “la mejor estrategia” para cada población. “Hay distintas hipótesis. La hipótesis que plantea Bartol tiene que ver estrictamente con las personas en situación de calle, pero esto es más amplio: gente de todos los sectores sociales que padecen afecciones por adicción y tienen que ser tratados, no todos de la misma forma”, afirmó Ferrés. 

Para el presidente de la JND, las estrategias “dependen mucho de cada contexto” y si bien “el Mides está en determinada línea”, otros “contextos diferentes con situaciones sociales distintas” pueden requerir otros abordajes.

Consultado en concreto sobre qué pasará con los programas que hoy aplican la reducción de daños, Ferrés dijo a El Observador que los detalles de qué enfoques se mantendrán o modificarán surgirán del análisis y el relevamiento que aún realizan las nuevas autoridades, y estarán atados al nombramiento del secretario nacional de Drogas, que es quien ejecutará las políticas en esa materia. “Es parte del plan directriz, que es en lo que se está trabajando. No me animo a decirte concretamente cuál va a ser la postura final como política pública. Van a ser importantes las definiciones que se tomen una vez designado”, argumentó.

Leonardo Carreño

Mientras tanto, en estos meses el prosecretario de Presidencia ha mantenido “reuniones periódicas” con los coordinadores de la secretaría nacional. Su principal objetivo como presidente de la JND es “fortalecer” la Red Nacional de Drogas (Renadro) y en especial los dispositivos Ciudadela, que son centros de atención y puertas de entrada para el tratamiento de adictos. “Esos dispositivos hay que fortalecerlos. Hay que ver bien en qué lugares se precisan más recursos humanos, que tengan que ver con el abordaje psicológico y médico”, dijo Ferrés. 

“La JND viene trabajando muy bien en general. Sí creo que hay que focalizarse en los tratamientos de la adicción y en la inserción social posterior de la persona recuperada”, concluyó.

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