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El ministro de Trabajo en su oficina del ministerio (foto archivo)

Economía y Empresas > Entrevista a ministro de Trabajo

Mieres: “En 2022 va a haber recuperación de salario real” de los trabajadores

El ministro de Trabajo afirmó que la mejora de la economía en la segunda parte de 2021 llevó a que se cerraran acuerdos por encima de la pauta del Ejecutivo

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05 de febrero de 2022 a las 05:01

Por Miguel Noguez y Andrés Oyhenard

El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres, está conforme con la recuperación que muestra el empleo, y confía en que junto con el mayor dinamismo de la economía se seguirán generando nuevos puestos de trabajo. Además, destaca que este año comenzará a revertirse la pérdida de poder adquisitivo en los distintos sectores de la actividad privada. “Lo que uno puede estimar a fines de 2022 es que va a haber una recuperación del salario real, pero todavía no completa con respecto a la perdida ocurrida en el período puente (2020-2021)”, afirmó. El jerarca también se refirió a algunos puntos que entiende hay que cambiar “para modernizar” los Consejos de Salarios, como las categorías laborales y la creación de un protocolo de descuelgues. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Mieres concedió a El Observador.

Esta semana se conocieron nuevos datos del mercado de trabajo, con un cierre de año donde los números muestran una recuperación del empleo. ¿Qué lectura hicieron en el ministerio?
El mercado laboral venía en una línea positiva que se confirmó con la reducción nuevamente del desempleo. El promedio del trimestre es 7,5%, está por debajo del último trimestre de 2020, 2019 y 2018. Eso está en línea con el dato de diciembre de 7%. Para encontrar un número similar hay que ir a diciembre de 2017. También aumentó otra vez la tasa de empleo en algunas décimas. Tenemos un panorama de recuperación del empleo, tanto medido desde los seguros de paro como medido desde la Encuesta Continua de Hogares, que incluso supera la primera meta que queríamos y que era volver al nivel 2019 en algunos indicadores. En seguros de paro sí, en tasa de desempleo sí, en tasa de empleo igual a 2019, y en la tasa de actividad estamos un poquito por debajo. Lo que esperaban los especialistas para el empleo a mitad de año era que se iba a recuperar al nivel prepandemia a mediados del 2022. La evidencia es que se  recuperó a fines del 2021, y eso está en línea con que la economía se recuperó más de lo que se esperaba a mitad de año.  Hay que acordarse que cuando el Ministerio de Economía  proyectaba un crecimiento de 3,5% del PIB todos los análisis decían que no se iba a llegar. Todo está alineado, la mirada del seguro de paro que es parcial sobre el mercado de empleo, la mirada más global que arroja la Encuesta de Hogares y la mirada de la recuperación de la economía. Hay que tener cautela. Es un resultado muy satisfactorio, pero no para quedarse ahí. Hay que tomar en consideración que los últimos cinco años previos a la pandemia fueron de deterioro del empleo. Volver al 2019 es el primer paso, pero no es suficiente. Seguimos teniendo el desafío de consolidar el crecimiento del empleo y de llegar a números más auspiciosos.

El Centro de Estudios para el Desarrollo señaló que a pesar de las buenas noticias, todavía queda un flanco débil en materia de la recuperación del mercado de trabajo, que se refleja al mirar la calidad de los empleos recuperados. ¿Espera que eso pueda cambiar en el correr de 2022?
Sin dudas que la subocupación es una insatisfacción porque significa que el trabajador está trabajando menos horas de las que querría. Eso no está bueno. Por otro lado, hay un dato interesante y positivo que hay que analizar bien, y es que la tasa de informalidad sigue por debajo de la prepandemia. El dato de diciembre dio 21,7%. Si se toma el promedio de los últimos tiempos está siempre en 22% aproximado, cuando en la prepandemia teníamos 25%. Es un dato que habla de mayor calidad en cuanto a la cobertura y a los derechos. Hay más porcentaje del total de la población económicamente activa que está ocupada en lugares de trabajo que están registrados y que tienen cobertura.

¿A qué se debe esa baja?
Tenemos gente que está estudiando el tema en el ministerio. Hay dos explicaciones de la caída de la informalidad. Una  puede estar en línea  con que la población económicamente activa todavía no se recuperó al nivel prepandemia. Entonces puede haber un conjunto de  trabajadores informales que no volvieron al mercado de trabajo. La otra, es que hay trabajadores informales que vieron  que en tiempos de dificultad estar en la formalidad es  un reaseguro que le permite acceder a coberturas sociales de riesgo y que de otra manera no tienen, como seguro de paro parcial, prorroga del seguro de paro, subsidio por enfermedad por cuarentena, subsidio para los monotributistas. Hay una explicación de que el Estado le mostró al ciudadano: ‘Mire que hay que estar cubierto porque cuando viene la tormenta si usted no está cubierto se lo lleva el agua’.



¿Le preocupa que después que se vaya el efecto de UPM y Ferrocarril Central se pueda tener alguna pérdida de empleo?
Tengo la esperanza de que eso se compense con nuevas inversiones privadas este año. También en inversión de obra pública. Para este año está anunciado un impulso importante, tanto en caminería como en vivienda. A su vez, todavía el tema del tren y de la construcción de UPM va demorarse un poco más, va a correrse hasta los primeros meses  del año próximo. Si la economía sigue el camino de crecimiento, va a seguir generando puestos de trabajo.

¿Qué evaluación hace sobre los resultados de la última ronda de negociación salarial?
La evaluación es muy positiva en varios sentidos. Primero, decir que contra lo que el Frente Amplio profetizó e incluso siguen diciendo —escuché alguna murga que ha hablado de eso—, este gobierno lejos de dejar de lado la negociación tripartita y los Consejos de Salarios, en menos de dos años hemos abierto dos rondas de negociación salarial. La primera con acuerdo de partes por la situación de crisis que vivía el país por la pandemia, y la segunda este año con toda la amplitud  y la negociación totalmente abierta, propia de cualquier ronda en condiciones de normalidad. Este gobierno ha mantenido en funcionamiento y a un nivel extremadamente dinámico y de diálogo total la negociación colectiva. La novena ronda implicó la negociación salarial por dos años de alrededor de 670 mil trabajadores, un porcentaje muy alto del total de trabajadores formales privados, prácticamente alrededor del 80%, y casi 200 mesas. Llegamos a fin de año con todo el tema cerrado y con un nivel de acuerdos, en algún caso tripartito, y en otros bipartito, que expresa la gran mayoría de los casos. Las votaciones fueron menores y los decretos prácticamente inexistentes. Me siento muy satisfecho. Y ciertamente hubo un conjunto de mesas que cerraron por encima de la pauta del Poder Ejecutivo.

¿A qué atribuye que se haya acordado por encima de la pauta?
Tiene que ver con la dinámica que tuvo el año. Si uno se para en junio cuando se definió la pauta, la situación desde el punto de vista del crecimiento de la economía, de la pandemia e incluso de la inflación era diferente. Entonces, la perspectiva determinó que en la segunda mitad del año se generaran indicadores, indicios y dinámicas que permitieron que los acuerdos entre trabajadores y empleadores fueran más amplios en materia de recuperación de salario. En los casos que se adecuaron a la pauta la recuperación del salario real va a llegar a alrededor del 40% de la pérdida (4,2%) al final de los dos años. Y en otros va a terminar con una recuperación total. Y en algún caso sin pérdida, porque el acuerdo mismo determinó la mantención del poder adquisitivo. Cuando se dice que el salario real cayó en 2021 es verdad, porque era parte de lo que sabíamos que iba a pasar cuando acordamos la octava ronda (puente en 2020).También dijimos que está el compromiso del gobierno de recuperar esa pérdida. Pero además ese dato de la pérdida salarial es un promedio. Yo quiero analizar las heterogeneidades. Dentro del total de la masa de trabajadores hay quienes perdieron incluso más que ese promedio, particularmente en sectores más afectados por la pandemia, trabajadores que perdieron promedialmente, y trabajadores que perdieron menos o incluso no perdieron.

Hay un punto que los analistas han manejado con cierta preocupación y que  se ve en las expectativas. Tiene que ver con que estos acuerdos nominales por encima de la pauta puedan ser un factor que complique una variable clave que el gobierno quiere controlar y mantener a raya que es la inflación. ¿No cree que las empresas en el afán de cerrar una negociación y de alguna forma evitar riesgo de conflictividad excesiva a la salida de la crisis accedieron a dar un poco más?
Debe depender mucho de cada sector. También es cierto que hay sectores que les estaba yendo muy bien en la segunda mitad de 2021, y que además tenían una perspectiva positiva.  Era muy difícil pararse en una postura de evitar un acuerdo mejor.  Por otro lado, la performance de la economía uruguaya que ha sido superior a la esperada nos permite mirar la perspectiva de 2022 y 2023 con una mirada más optimista. Entonces, tampoco es que se hayan acordado cosas locas. Se han acordado ritmos de recuperación mayores o cláusulas de ajuste por inflación al pasar el primer año, en vez de una única al final del período. Son cosas que en realidad van a mostrar algunos ajustes positivos para la recuperación salarial porque también se nos adelantó la recuperación del empleo. Esto va en línea. Ahora, ¿tiene un impacto inflacionario? Veremos.  La  inflación no solo depende del salario. No es el único indicador que puede empujar la inflación y probablemente no sea el principal. También tenemos una presión inflacionaria mundial relacionada con algunas variables que empujan a que las economías en el mundo hoy tengan un componente de mayor inflación. Compartimos las metas inflacionarias que expresa el Banco Central y el gobierno, porque además aun mirado desde la perspectiva del trabajador no hay mejor camino para mejorar el poder adquisitivo que una trayectoria descendente de la inflación.



¿En este 2022 debería iniciarse el proceso de recuperación del salario perdido en los dos años previos? ¿No habría un riesgo de terminar un tercer año con caída del poder de compra?

Debería darse un proceso de recuperación todavía no completo. La ronda se extiende hasta mediados de 2023.  Entonces, dependiendo del sector, hay algunos que recuperan más rápido y hay  otros que recuperan menos rápido. Y no todo en muchos de los casos. Lo que uno puede estimar a fines de 2022 es que va a haber una recuperación del salario real, pero todavía no completa con respecto a la perdida ocurrida en el período puente (2020-2021).

Pensando en la próxima ronda de negociación en 2023, ¿qué cosas cree que hay que cambiar del funcionamiento de los Consejos de Salarios?
Tenemos que aprovechar este año para discutir mecanismos de modernización de la negociación salarial. Yo no digo mecanismos que afecten la  negociación colectiva, sino que la mejoren. Por ejemplo, las categorías laborales que son en muchos casos antiguas y que no tienen una relación directa con los puestos de trabajo reales. Está el tema de los descuelgues para algunas empresas que tienen problemas específicos. No tenemos un protocolo definido de descuelgues que permitiría resolver de una manera acordada que determinadas empresas pudieran establecer pautas salariales diferentes. Hay varias cosas para poner arriba de la mesa. En algunos casos se ha dicho que no es lo mismo que primero negocien algunos sectores a que luego negocien otros. Todo eso hay que discutirlo  a partir de un punto de partida que es el levantamiento de las observaciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre la ley de Negociación Colectiva.

Hay un punto que cuestionan los industriales y es que se mete en la misma bolsa a una empresa que tiene 5 empleados y a otra que tiene 50 empleados. También se habló en su momento de descentralizar la negociación porque hay diferencias entre el interior y Montevideo. Entonces, está el tamaño de las empresas y la ubicación geográfica. ¿Cómo ve esos dos temas?
Las dos cosas deberían estar arriba de la mesa en un diálogo para modernizar la negociación colectiva. Sobre el tamaño, presentamos una pauta (en la última ronda) que discriminaba los niveles de recuperación según el tamaño. Las partes casi en su totalidad decidieron no incorporar ese criterio en los acuerdos. Lo que ocurre es que es muy difícil, porque la estructura de representación de los trabajadores y de los empleadores no discrimina por tamaño. Entonces, ahí tenemos un problema y es que en cada sector de actividad hay representantes únicos que no están divididos en función de cantidad de trabajadores por empresa. Lo mismo ocurre con el tema del interior y Montevideo. Ahí sería más fácil, porque hay sectores de actividad donde existen organizaciones, por lo menos del lado de los empleadores diferenciadas. Son cosas a las que  tenemos que hincarle  el diente para que la negociación salarial sea más moderna y más justa. Más justa de acuerdo a la realidad, tanto de trabajadores como de empleadores.

¿Qué pasos dará el gobierno en el tema de las observaciones de OIT?
Hay una comisión integrada por representantes de empleadores y de trabajadores con el ministerio que está trabajando un anteproyecto. La idea es enviarlo al Parlamento en las próximas semanas para llegar a la Asamblea de OIT con un proyecto de ley que se haga cargo de levantar esa situación que a nadie le gusta, y es que Uruguay esté observado por cuestiones de legislación laboral.

¿El contenido del proyecto se va a negociar?
Se está conversando. Entregamos un primer borrador a las cámaras y al PIT-CNT. Hemos recibido reacciones de parte de ellos y vamos a presentar una nueva propuesta. El objetivo es alcanzar algún grado de coincidencia antes de mandarlo al Parlamento.

Hace más de 10 años que el tema está en la vuelta y no hay acuerdo. ¿Es factible que haya entendimiento?
No hay peor gestión que la que no se hace. Vamos a hacer todo el esfuerzo para alcanzar coincidencias. Si no las hay, igual el gobierno tiene un compromiso. Es parte del programa del compromiso por el país que vamos a levantar las observaciones de OIT. Un proyecto de ley al Parlamento va a llegar. ¿Cuándo? Todavía depende del proceso de diálogo tripartito que está iniciado.

En un punto la OIT sugiere la negociación bipartita. Usted ha manifestado que por las características que tiene el sistema uruguayo el rol del Poder Ejecutivo va a seguir estando en la negociación. ¿Va a haber un cambio en el rol del Poder Ejecutivo? ¿Se va a limitar solamente a un rol más testimonial en la mesa de negociación?
No puedo adelantar nada. Todo lo que es parte de la observación de OIT está encima de la mesa. No hay un proyecto acabado todavía. Es un tema álgido sin duda.

¿El Poder Ejecutivo ha avanzado en la elaboración del proyecto de ley para la  reforma de la seguridad social o el tema se va a abordar después del referéndum?
El gobierno no ha demorado la elaboración de una propuesta. Al revés, pretendimos iniciar la tarea de la Comisión de Expertos enseguida que se aprobó la ley de Urgente Consideración. Lamentablemente tuvimos que esperar cuatro meses enteros para que el Frente Amplio nombrara a sus representantes. Se hizo un trabajo intenso de diagnóstico  y cuando se presentó un borrador, el Frente Amplio pidió una prórroga por 45 días. Otra vez el trabajo de la Comisión se demoró por decisión de la oposición. Ahí llevamos 5 meses y medio  en función de  decisiones que la oposición pidió al gobierno y que el gobierno accedió. Después vino la etapa de elaboración de recomendaciones y ahí sí no llegaron ni unos ni otros, y pidieron en conjunto una nueva prórroga. Al final las recomendaciones estuvieron prontas en un año, con un  trabajo extremadamente intenso. Son recomendaciones con varios temas abiertos que no se cerraron. Hay que tomar decisión política sobre varios y además convertir un documento de recomendaciones en un texto legal. Eso requiere trabajo técnico adicional que lleva su tiempo. En eso se está. El Parlamento va a tener un proyecto de ley de reforma seguramente dentro de dos o tres meses aproximadamente. El timming de elaboración no estuvo en función del calendario del referéndum.

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