18 de abril de 2020 5:01 hs

Montevideo va de a poco volviendo a su ritmo habitual un mes después de que el gobierno decretó la emergencia sanitaria. Y pese a que no hubo una orden en ese sentido, la percepción de que la pandemia está controlada, el reintegro de 40 mil trabajadores de la construcción a sus lugares de trabajo y el anuncio de que cientos de escuelas rurales del país retomarán las clases de manera voluntaria parece haber tenido efectos en la población. 

El secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, lo reconoció en una entrevista con Todas las voces de canal 4, donde dijo que el primer lunes después de la Semana Santa notó cierto “afloje” por parte de la población, por lo que volvió a exhortar a quedarse en casa. 

Lo cierto es que desde el lunes 13 de abril muchos comercios volvieron a abrir sus puertas  y se escucha el ruido de más autos, ómnibus y motos en las calles. También se ven desde ese día colas para entrar a los comercios, bancos, casas de cambio y redes de cobranza. 

Después de Semana Santa se duplicaron las frecuencias de los ómnibus urbanos y en varias líneas. Según constató El Observador el lunes 13, los ómnibus viajaron llenos ese día. 

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Camilo dos Santos

No todo es normal. Hay lugares que siguen cerrados, la entrada a las playas y los juegos infantiles de las plazas están cercados, no hay espectáculos públicos, clases, clubes o gimnasios abiertos y las grandes superficies tampoco retomaron la actividad. Sin embargo, la sensación es que poco a poco todo va retomando su cauce, sea por elección o por necesidad.

Un termómetro de esta situación es la avenida 18 de Julio, también definida por algunos como el “shopping más grande a cielo abierto”, que los primeros días después de la llegada del virus se convirtió en un lugar desierto y forrado de cortinas metálicas bajas.

Comerciantes de la avenida señalaron a El Observador que la situación se volvió insostenible para muchos propietarios, que a partir del lunes 13 de abril decidieron volver a abrir sus puertas, aunque en la mayoría de los casos con medidas de higiene y horarios y personal reducidos. También acompañó la percepción de que había más gente circulando en el Centro. 

 Así se fue dando un efecto contagio y la semana cerró con cerca de 60% o 70% de los comercios abiertos, según los cálculos de los comerciantes. 

64% de flujo  de tránsito registró la Intendencia de Montevideo el lunes 13 de abril, cuando en días anteriores estaba en 39%. La caída en la venta de boletos se redujo ese día y pasó de 88% a 73%.

El bar Facal es uno de los pocos locales gastronómicos que tiene abiertas sus puertas. Cerró varios días a mediados de marzo pero su propietario decidió retomar la actividad, aunque también con personal y horario reducido. 

Atrás quedó el bullicio de una tarde normal, con los vasos golpeándose mientras los mozos los llevan de un lado a otro, tratando de dar abasto frente a la demanda. La cafetería está por estos días vacía, salvo unas pocas mesas ocupadas, que pasaron de ser 40 a 15 y están colocadas a un metro de distancia. 

Federico Celsi, el propietario del bar y presidente de Grupo Centro, contó a El Observador que aunque vende “cada día un poquito más” los niveles siguen siendo muy bajos, tanto que pierde más de lo que gana.

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De los casi 40 empleados que había en el bar solo dos están trabajando y el horario se redujo varias horas. Antes abría de 8:00 a 1:30 entre semana y ahora lo hace de 9:00 a 19:00.

Celsi considera que la mayoría de locales gastronómicos van a cerrar porque no todos “tienen espalda” para aguantar las consecuencias. 
El empresario se pregunta cómo será el mañana, ya que es consciente de que su trabajo —como tantos otros— depende mucho del turismo y esa actividad tardará varios meses en volver a la normalidad, si es que no lleva más tiempo. 

22.000 empresas uruguayas solicitaron el subsidio por desempleo ante el Banco de Previsión Social (BPS) en marzo.

Muchas  de esas empresas -algunas grandes, otras más chicas- son parte de las más de 22 mil que se acogieron en marzo al seguro de paro como herramienta para bajar los costos. Hubo 81.779 solicitudes por las causales tradiciones (despido, suspensión o reducción).

Las tiendas de ropa abiertas son las que más escasean en 18 de Julio, aunque Guapa es una de las que tiene las cortinas levantadas. Con tapabocas, medidas de higiene en el local y tratando de que no haya más de 10 personas dentro, los empleados retomaron (porque no hay otra opción) su rutina laboral. Uno de los trabajadores del lugar contó a El Observador que la circulación aumentó en el Centro y con eso las ventas. También explicó que hubo un efecto “contagio” entre los comerciantes, que a medida que pasaron los días vieron como otros abrieron sus puertas y los imitaron. 

Las medidas sanitarias como guantes, tapaboca y alcohol en gel son las más extendidas en los comercios, aunque algunos tomaron acciones más drásticas como El Clon. Allí dos empleados se encargan de controlar el ingreso y apuntan con un termómetro infrarrojo a todo el que entra. Si la persona tiene la temperatura alta no puede entrar. 

Los clientes deben mantener la distancia al hacer la fila para pagar, mientras que se exhorta a que entren con guantes y tapabocas. En caso de no contar con esos elementos el personal le acerca alcohol en gel para que se lo puedan aplicar. Cada una hora desinfectan la alfombra de la entrada. También coinciden en que desde el lunes 13 el movimiento es mayor.

En avenidas como 8 de Octubre y General Flores la circulación de tránsito y personas también aumentó desde esta semana. 

La percepción cambia cuánto más lejos del Centro se esté. En Pocitos, por ejemplo, los comerciantes contaron que si bien notaron mayor movimiento el lunes 13, el público luego mermó. 

Camilo dos Santos

Ignacio, peluquero de la barbería Lander, contó que nunca cerró sus puertas desde que se decretó la emergencia sanitaria pero tomó precauciones a la hora de atender a los clientes. Tiene un tapabocas, guantes y trata de que agendar a las personas cada una hora para evitar que se acumulen en el local. También redujo el horario, ya que tuvo que enviar al resto de los empleados al seguro de paro. 

A modo de ejemplo, señaló a El Observador que pasó de hacer entre 60 y 70 cortes por día a 12 o 14, mientras que los fines de semana esa cifra —en circunstancias normales— podía llegar hasta 90. 

La vida tal como era antes todavía parece lejana, pero la ciudad, a ritmo montevideano, empieza a moverse. 

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