200 murales interiores y exteriores fueron encontrados en edificios de Montevideo por Laura Cesio, del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura de la UDELAR
En Uruguay, los muros comenzaron a captar la atención de los ojos montevideanos a partir de la década de 1930, según cita el artículo de Cesio. La visita al país de Siqueiros y el regreso de Joaquín Torres García de su experiencia europea, fueron los principales incentivos. Torres García había hecho murales en el viejo continente.
Un hito en el muralismo uruguayo fue en 1944, cuando Torres García y sus alumnos pintaron los famosos murales del Hospital Saint Bois. Esta intervención marcó un mojón para un movimiento que inundó de arte varios edificios en la década de 1950 y 1960.
Los muros del maestro
Cuando Torres García lo intervino, el Saint Bois era un hospital de tuberculosos. En el año 1944 la enfermedad no tenía cura. "Los tuberculsosos se enfermaban y muchos estaban convalecientes o moribundos durante años. Entonces se construían en el mundo colonias hospitalarias grandes", recordó Alejandro Díaz, director del Museo Torres García.
Los arquitectos que construyeron un pabellón nuevo se preocuparon por la parte humana de los pacientes. Por lo tanto incluyeron una biblioteca y una serie de obras de arte en sus espacios para así favorecer la calidad de vida de los enfermos asilados. Torres García y sus talleristas fueron invitados a pintar las paredes del hospital. Hicieron siete.
Con el paso del tiempo, los murales empezaron a deteriorarse y ante el riesgo de perderlos para siempre, en la década de 1960, se decidió hacer un esfuerzo y sacarlos de la pared, contó Díaz. Fue una operación compleja pero los murales pasaron de las paredes a una telas. Así se convirtieron en piezas de gran porte portátiles.
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Con motivo del centenario del nacimiento del maestro constructivista, el Museo Nacional de Artes Visuales hizo en 1974 una gran exposición, que luego se fue de gira. Pasó por Buenos Aires, París y quedó tres años estacionada en la capital francesa por asuntos legales. Mediante un convenio con el Museo De Arte Moderno de Río de Janeiro, en 1978, la exposición volvió al continente. Pero un enorme incendio en ese museo quemó todo.
"Fue la mayor pérdida del arte uruguayo en la historia", dijo Díaz.
Al caminar por la peatonal Sarandí hacia el puerto, en el cruce con Bacacay, una réplica de la obra que dejó de existir en el incendio de Río de Janeiro es fotografiada por una infinidad de turistas. Su nombre es Pax in lucem y es un homenaje del Museo Torres García y el Paseo cultural de la Ciudad Vieja al original que se quemó en el año 1978.
La nuera de Torres García, Elsa Andrada, ayudó en su realización en el 2000 y puso especial cuidado en el tratamiento de los colores. La reproducción se hizo en base a las fotos del que se perdió por completo y a mayor escala.
Este se suma a otra iniciativa del Paseo Cultural Ciuad Vieja, que fue el Paseo de Arte Rincón de 2001. Es parte de este circuito con tres obras una reproducción de una escultura de Manuel Pailós, miembro de la Escuela del Sur, en formato mural. Este puede verse en una medianera sobre la calle Treinta y Tres y Rincón.
Mural Pailos Ciudad Vieja
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Por otra parte, la Torres de Telecomunicaciones de Antel, alberga en su interior cinco de los murales que la Escuela de Torres García realizó en el Hospital Saint Bois.
Inversión en decoración artística
Otro punto fundamental del muralismo en Uruguay fue cuando los artistas nacionales nucleados en AIAPE (Agrupación de intelectuales, artistas, periodistas y escritores) plantearon al gobierno del arquitecto Alfredo Baldomir, una plataforma de aspiraciones en la que pedían la designación de artistas locales para realizar el decorado de escuelas y liceos. En 1941, una ley recogió la iniciativa y estableció lo siguiente: "En la construcción de locales escolares podrá invertirse hasta 5% de en decoración artística, que será confiada a pintores y escultores nacionales". Así lo cita Cesio en su artículo de la revista académica. Más adelante la ley se extendió a todos los edificios públicos y los privados se sumaron a la tendencia aún sin estar contemplados en la legislación.
"Es impresionante cómo en Uruguay se integraron la arquitectura y el arte", dijo la arquitecta y directora del Museo Blanes Cristina Bausero a El Observador.
El trabajo de Dumas Oroño es un ejemplo de este vínculo. El artista hizo la diferencia al no valerse de la pintura sino del hormigón para sus piezas. Realizó más de 20 obras en bajo relieve, dentro y fuera del país. También creó otras obras integradas a la arquitectura: muebles, lámparas, vitrales, rejas, proyectos escultóricos.
“Es impresionante cómo en Uruguay se integraron la arquitectura y el arte”, Cristina Bausero, arquitecta y directora del Museo Blanes.
En Libertad y Cavia, en Pocitos, puede encontrarse uno de sus murales exteriores integrados a la edificación. Pero uno de los que ganó mayor notoriedad es que el que fue rescatado del esqueleto de edificio ubicado en 18 de julio y Tacuarembó.
Ubicado sobre la avenida principal de la ciudad, el edificio que no se terminó lucía en su patio interior una obra de Dumas Oroño del año 1968. El mural en bajo relieve de hormigón coronaba al espacio.
Ante el riesgo de la pérdida de la pieza frente a un nuevo proyecto para el lugar, la arquitecta y directora del Museo Blanes, Cristina Bausero, tomó acción junto a la Intendencia de Montevideo para preservar el mural.
“Cualquier edificio que hoy se vaya a tirar abajo puede tener un mural de un artista porque está lleno”, Cristina Bausero, arquitecta y directora del Museo Blanes
La hija de Dumas Oroño y el arquitecto Jorge Rodríguez, que trabajó con Oroño, asesoraron honorariamente sobre cómo retirar el mural.Tomaron un molde de la obra y la empresa constructora se comprometió a rehacerlo en el nuevo edificio. Bausero explicó que el mural en hormigón armado se realiza con un encofrado. "Es como un trabajo en serie. Si ahora se hace un nuevo encofrado y se vuelve a llenar. No es que se esté falseando la obra", expresó la arquitecta.
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El relevamiento realizado por Laura Cesio, del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, puede servir para la preservación y protección de estas obras.
"Cualquier edificio que hoy se vaya a tirar abajo puede tener un mural de un artista. Porque está lleno. Muchas casas racionalistas de la década de 1960 tienen murales. La gran mayoría de la Escuela del Sur (que engloba el legado artístico de Torres García)", dijo Bausero.
Una escuela colorida
Escuela Espínola Gómez
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Manuel Espínola Gómez, fue otro de los artistas uruguayos que dejó parte de su legado en murales. Su obra multicolor decoró la rambla sur en el mítico gasómetro en Río Negro y la rambla. Este desapareció por desgaste antes de que la estructura quedara inutilizada en 2004.
La idea de Espínola Gómez y el arquitecto Enrique Benech fue darle color al Barrio Sur y homenajear a su pintor Alfredo De Simone, fallecido en 1950.
Murales Montevideo Escuela Armenia, pintada por Espínola Gómez
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Pero una de sus obra -que aún sobrevive- es la fachada de la Escuela Armenia, ubicada sobre Luis Alberto de Herrera, frente al Parque de las Esculturas. Su fachada y pared lateral lucen figuras geométricas en colores vivos que simulan volúmenes. La fachada nació como una extensión del espacio público que se pobló de esculturas de autores de primer nivel, como Manuel Pailós, Jorge Abbondanza o Pablo Atchugarry, entre otros.
"(Espínola Gómez) Decía siempre que la escuela debía ser un lugar alegre, llamativo, colorido", recordó Magali Sánchez, artista y una de las albaceas de su obra plástica del artista. "Toda la vida le gustó hacer intervenciones", agregó.
Murales sobre murales
mural Bomberos
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El mural al costado del Cuartel de Bomberos, en Magallanes y Colonia, fue pintado por Miguel Battegazore luego de ganar una convocatoria abierta a artistas nacionales. Si bien el artista manifestó en octubre de 2016 al diario El País que la Intendencia lo repararía por su desgaste, la Dirección Nacional de Bomberos planea pintar otro mural encima.