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Nacional 2020: cuando los nervios dejan en ridículo al fútbol

Los dirigentes resaltan la intensidad del entrenamiento de lunes a viernes, pero el fútbol de los partidos oficiales de Nacional deja sin defensa a Munúa

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23 de febrero de 2020 a las 05:01

Tenés que ver lo que es este equipo en los entrenamientos, con la intensidad que juega, cómo corre la pelota y la dinámica que logra”,  comenta el presidente de Nacional, José Decurnex a Referí, en el descanso del primer tiempo. Nacional está perdiendo 1-0 ante Cerro Largo y en la cancha se ve una paupérrima expresión futbolística de los tricolores. 

“Da gusto ver los entrenamientos, logran un ritmo increíble, juegan con una dinámica bárbara, pero se encienden las luces del estadio y se apaga el equipo”, revela el dirigente Pablo Durán al final del partido que el sábado Nacional empató 2-2 ante Cerro Largo por la segunda fecha del Apertura en el Estadio Centenario.

La disposición de Gustavo Munúa de realizar los entrenamientos a puertas cerradas e impedir que los periodistas puedan observar la forma en que trabaja el director técnico, no permite confirmar que el rendimiento que logra Nacional en sus partidos oficiales no se ajusta a lo que trabajan en la semana en los entrenamientos en Los Céspedes.

El equipo de Nacional de los fines de semana, que juega con público en las tribunas y por tres puntos, luego de tres partidos (2-4 con Liverpool, 0-2 con Rentistas y 2-2 con Cerro Largo) solo ganó uno de los nueve que disputó, refleja una pobre expresión futbolística, con un juego anunciado, lento, aburrido, frágil en defensa, intrascendente en su propuesta en el mediocampo e inofensivo en ataque. 

Hace correr la pelota sin intensidad y está lejos de responderle al fútbol con una versión agradable y efectiva, como supo imponer Munúa en su primera etapa en el club, en 2015-2016.

Ni las atajadas que hicieron del panameño Luis Mejía una de las fortalezas de Nacional campeón Uruguayo en 2019 forman parte del repertorio del nuevo equipo que defiende la corona. Mucho menos los goles del argentino Gonzalo Bergessio que aparece solo, descolgado, sin posibilidades de resolver dentro del área situaciones que le permitan crecer en la tabla de artilleros.

El empate, de atrás y en los descuentos, que Nacional logró ante Cerro Largo, pretendió maquillar una expresión del equipo tricolor que estuvo lejos de generar tranquilidad.

Ni el empuje del final, que surgió como consecuencia de la irresponsabilidad del golero Washington Aguerre, quien fue expulsado. De no haber mediado la actitud del guardameta que fue amonestado por celebrar el gol de cara a la hinchada de Nacional, ubicada en la Colombes, y la falta del penal a Chory Castro que le costó la segunda amarilla y la roja, los tricolores se hubieran anotado la segunda derrota del Apertura y la tercera de la temporada.

Esos cinco minutos que Cerro Largo jugó con 10 y sin golero, con un Martín Ferreira improvisado en una posición para la que no se entrena, le dieron a Nacional el espacio para descomprimir lo que se había comenzado a transformar en el Estadio Centenario en un juego de presiones que comenzaba a incomodar al técnico. 

Nacional no la está pasando bien futbolísticamente. El equipo de Munúa está padeciendo una indisimulable presión que el propio entrenador transmite desde el costado de la cancha, que por lo que se observa en los partidos oficiales no es capaz de controlar, y que luego también extiende a la tribuna.

Porque los hinchas empiezan a perder la paciencia, y cuando ello sucede piden, una vez, que el equipo juegue a otra cosa; luego, lo piden dos veces, y a la tercera, cuando ven que en el campo corren los minutos y no cambia la versión futbolística, elevan el torno y con un insulto le reclaman que se vaya. Como al final del partido ante Cerro Largo, cuando Munúa, en lugar de seguir de largo por el túnel hacia el vestuario, se quedó mirando, desafiante, al hincha solitario que desde la tribuna América le pedía que se fuera del club.

Nacional no la está pasando bien, porque empezó muy mal el año. Perdió la Supercopa ante Liverpool de una forma que generó un contrapeso muy grande para el entrenador. 

En otras circunstancias, el inicio de una temporada, incluso en el empate o la derrota, puede generar en los hinchas paciencia, porque la cancha le devuelve un juego que muestra elementos que pueden ser capaces de dar tranquilidad. Sin embargo, este Nacional, el del sábado ante Cerro Largo, en el que Munúa realizó tres cambios tácticos para ver si lo podía hacer arrancar no dejó ningún elemento, más allá de la tímida reacción anímica del final para salvar un empate en un partido perdido, que aliente al hincha de Nacional a creer en la propuesta del técnico.

Nacional tiene problemas defensivos. Los laterales juegan nerviosos. Armando Méndez y Matías Suárez no pudieron disimular la inseguridad defensiva, y Corujo está muy lejos de generar la seguridad que necesita el fondo. Mathías Laborda se encarga de todo.

El mediocampo tiene al argentino Yacob que se mueve en unos pocos metros del campo, que maneja bien el balón, pero que no mostró profunidad con sus pases ni le imprime dinámica al juego. Carballo ya no responde como en 2019.

En ataque le falta reacción, intensidad y profunidad. Cuando enfrenta a equipos que defienden bien, se queda sin argumentos (le pasó con Rentistas y Cerro Largo). Ocampo demostró que es capaz de  hacer arrancar al equipo, pero le cuesta soltar la pelota. Entonces tiene que esperar por la probada calidad de Chory Castro o Amaral, el generador natural de juego que está volviendo de una lesión grave y que en pocos minutos es capaz de revertir la crisis futbolística. De sus pies nació el fútbol que le permitió a los albos rescatar un punto al final del partido.

Nacional está jugando mal y la única explicación, por lo que cuentan de las prácticas, es que este Nacional 2020 está en una indisimulable crisis nerviosa, que Munúa tendrá que comenzar a controlar para salir del pozo en el que se está hundiendo.

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