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No a la demagogia, sí a trabajar juntos

Columna de opinión de Carlos María Uriarte en El Observador Agropecuario

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23 de marzo de 2018 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Con mucha preocupación vemos que de la pasada reunión entre el Poder Ejecutivo con las gremiales agropecuarias y el movimiento Un solo Uruguay se evidencia que aún no se percibe en su total dimensión la urgencia y la gravedad de la situación. Porque se insiste en remarcar lo que se hace, en vez de viabilizar lo que se necesita.

Si en realidad queremos un país mejor para todos, en lugar de un país dividido donde unos viven a expensas de otros, debemos dejar de lado la demagogia, los intereses personales y/o partidarios para priorizar el interés nacional, al precio que sea.

Nuevamente estamos en una encrucijada, el endémico e imparable déficit fiscal ya nos ha llevado a una deuda pública inmoral. Tal es su nivel, que si se vendiera todo la tierra productiva que tiene el Uruguay no daría para pagarla.

Más allá de que Uruguay ha tenido un período con un crecimiento de su PBI de los más prolongados de su historia; más allá de que mantiene grado inversor, y un nivel de desempleo estable; y más allá de que mantiene relativamente controlada la inflación.

Esto no significa que el país se haya desarrollado. El desarrollo abarca otras áreas que mejor reflejan el bienestar de la población.

La realidad con que los uruguayos nos enfrentamos todos los días es muy otra:

Las cuentas se hacen difíciles de pagar, hay una constante merma en la oferta de trabajo, fuerte caída en la inversión, angustiante inseguridad que nos acecha en cada esquina, deteriorada educación pública que compromete el futuro de las generaciones venideras, precaria salud pública que nos avasalla cuando no tenemos recursos para recuperarla y como si todo esto fuera poco apareció la seca.

No debemos engañarnos, ni aceptar que nos engañen, debemos asumir la realidad por más cruda que esta sea y tomar con fuerza el estandarte de la patria por arriba de todos y juntos trabajar en el futuro del país.

Ya no hay tiempo para perder, no podemos insistir en un diálogo de sordos, no somos unos contra otros, somos todos juntos contra los problemas que nos angustian a los uruguayos.

No podemos esperar que el gobierno nos solucione nuestros problemas, por eso debemos insistir sin declinar en colaborar para encontrar un camino entre y para todos.

Ya lo decía Juan Bautista Alberdi: "Las sociedades que esperan su felicidad de la mano de sus gobiernos esperan una cosa que es contraria a la naturaleza". "Los pueblos desarrollados no han debido su opulencia y grandeza al poder de sus gobiernos, si no al poder de sus individuos".
El interés público o bien común es nuestro y debemos luchar por él.

En ese sentido, entendemos que los reclamos planteados en la proclama de Durazno resumen el sentir de gran parte de nuestro Uruguay productivo y trabajador. Pero debemos priorizar los temas de más alto impacto y encontrarles una solución rápida y significativa. A saber:

Lograr un valor del dólar competitivo. Es sin lugar a dudas la principal fuente de transferencia de fondos desde el sector agroexportador y turístico al resto de la sociedad, principalmente al gobierno. Atento a lo que está ocurriendo en el mundo y en la región, el dólar debería valer no menos de $ 31.

Un fortalecimiento del dólar beneficiaría en forma inmediata a todo el sector exportador y al turismo, que son las principales fuentes de ingresos genuinos del país.

Para ello habría que reducir la incidencia de aquellas herramientas que la política monetaria ha venido aplicando desde hace mucho tiempo, para fortalecer el peso y así encarar el déficit fiscal.

Sin descartar otras medidas posibles a implementar, algunas sugerencias pueden ser: liberar encajes bancarios en pesos y/o aumentarlos en dólares, posponer o reducir emisión de bonos en pesos, aumentar la emisión, etcétera.

Rebajar el precio del gasoil. Es un insumo vital para el sector trabajador y productivo. Por eso es racionalmente inadmisible que se recargue su valor con sobreprecios originados por necesidades del Estado.

El objetivo debería ser llevarlo al precio de paridad de importación y una de las formas de hacerlo podría ser exonerándolo del IVA para todos los usuarios de este combustible.

Al menos hasta 2020. Otra medida adicional podría ser la suspensión inmediata del subsidio cruzado a las empresas de transporte urbano.

Bajar las tarifas de UTE. Es otro insumo vital para el mundo productivo y del trabajo y, basándonos en expresiones del propio Presidente de la República y de los jerarcas del ente, gracias a su buena gestión se podría hacer una rebaja del 15%.

Hay estimaciones que el costo de estas medidas para el Estado no superaría los US$ 1.000 millones por año. El doctor Ernesto Talvi ha hecho pública una propuesta para financiarlo que entendemos merece una seria consideración, y que es un ejemplo de cómo deberíamos encarar estos desafíos.

La misma se basa en que de los 30 mil funcionarios públicos que cesan todos los años, porque se jubilan y/o otros motivos, que no se repongan 8.000. Ese ahorro daría para financiar estas medidas, sin tener en cuenta el impacto positivo que las mismas seguro tendrían en la actividad económica.

Podremos discrepar, y podemos estar de acuerdo en no estar de acuerdo, pero nunca dejar de luchar por lo que creemos es lo justo.

Cuando se trata de perseguir aquello que estamos convencidos, no debemos aceptar un no por respuesta, debemos exigir argumentos que nos convenzan.

Tengamos en cuenta que por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.

Por eso hay que insistir, pero siempre con respeto y con propuestas.

Nada es demasiado absurdo como para dejar de intentarlo.
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