Rana Foroohar
No es sólo la economía, estúpido
La política desempeñará un papel más importante en un mundo en el que la regionalización, no la globalización, es el futuro
La política desempeñará un papel más importante en un mundo en el que la regionalización, no la globalización, es el futuro
Rana Foroohar
¿Recuerdas la frase "Es la economía, estúpido"? La acuñó James Carville, un estratega de la exitosa campaña del presidente estadounidense Bill Clinton contra George H. W. Bush en 1992.
El eslogan estaba destinado a hacer que los votantes volvieran su atención al hecho de que la campaña se estaba llevando a cabo en medio de una recesión, la cual el equipo de Clinton usó exitosamente para derrocar a Bush padre, a pesar de que el 90 por ciento del país aprobaba la labor que el titular estaba realizando apenas un año antes de las elecciones. Desde entonces, la frase ha sido la mayor perogrullada que se pueda tener en la política.
Sin embargo, no parece estarle funcionando a Joe Biden, a pesar de que muchos de los principales indicadores económicos, desde el desempleo hasta la recuperación económica de la pandemia, han estado a su favor. Por supuesto, el aumento de la inflación ha asustado al público estadounidense, aunque también ha reforzado sus salarios. El resultado es que el antiguo dicho ya no es tan cierto como en el pasado. Yo sospecho que si Carville estuviera hoy en el equipo de Biden, se le ocurriría una frase diferente para el próximo ciclo electoral: "Es la geopolítica, estúpido".
Como se ha vuelto evidente desde hace un par de años, el mundo está cambiando, y el cambio no va a detenerse cuando la pandemia por fin termine. Esto se debe a que el covid-19 ha revelado las nuevas realidades del mundo posneoliberal, en el que la política — no sólo los mercados "eficientes" — importa.
Resulta que el mundo no es plano, después de todo, y el público en general siente los "baches", incluso cuando diversos indicadores domésticos les están indicando que todo está bien.
Las encuestas han mostrado que los estadounidenses están prestando atención a lo que ocurre con las tensiones políticas en Ucrania, más de lo que lo habrían hecho en relación con asuntos exteriores del pasado. Esto se debe, en parte, a que la crisis encaja con el tema de la inflación, en este caso, sobre todo la inflación energética. Pero también es un recordatorio de que actualmente nos encontramos en un mundo posestadounidense, en el que EEUU ya no manda y en el que hay nuevas potencias regionales, incluyendo a China, que están moldeando la economía y los mercados mundiales de nuevas maneras.
Es importante comenzar a enfrentar todo esto con honestidad. Tomemos las disrupciones en la cadena de suministro, por ejemplo. Numerosos expertos están prediciendo que disminuirán para finales de año, y puede que eso sea cierto a corto plazo. Pero, en realidad, las cadenas de suministro sólo se encuentran al principio de un cambio fundamental a largo plazo.
Este cambio se debe a todo tipo de razones. Una de ellas es la política; sólo hay que observar cómo China se está convirtiendo en una economía de "doble circulación" más aislacionista, así como su creciente uso de las cadenas de suministro como herramienta de presión política en lugares como Lituania y Alemania. Otra razón es el resultado de los cambios en el arbitraje salarial y energético; simplemente no tiene sentido enviar productos de bajo margen, como muebles o textiles, por todo el mundo. Una tercera razón se relaciona con la presión para que se apliquen normas medioambientales, sociales y de gobernanza más estrictas. Todo apunta a la conclusión de que el futuro es la regionalización, no la globalización.
Eso supondrá un profundo cambio en la forma en que operan las empresas, aunque las mayores y más poderosas multinacionales están tratando desesperadamente de descartar esta tendencia y fingir que pueden ser apolíticas. El grupo de vehículos eléctricos Tesla está continuando con su avance en China a pesar de las preocupaciones acerca de las violaciones de los derechos humanos en Xinjiang. El gigante tecnológico Apple ha cedido en materia de privacidad bajo la presión de Beijing.
Muchos economistas también están intentando fingir que nada ha cambiado en los últimos 20 años, y que bajar los precios debiera seguir siendo la meta más importante para la sociedad. "El objetivo tiene que ser comprar lo más barato posible", dijo el exsecretario del Tesoro Lawrence Summers, en referencia a las contrataciones públicas para el programa de infraestructuras, de US$1.2 billones, de la administración Biden.
Lamento discrepar. Hemos dejado atrás la era del neoliberalismo. Ahora sabemos que los mercados no son perfectos y que los consumidores y las grandes compañías multinacionales no son los únicos actores económicos. En este nuevo mundo habrá que hacer nuevos compromisos mutuos entre un grupo más amplio y más diverso, desde empresas de todos los tamaños hasta trabajadores y el medio ambiente. La mayoría de la gente parece entender que los productos cada vez más baratos han aumentado los salarios en algunas partes de Asia y han creado increíbles beneficios para las grandes compañías, pero no han conducido a una forma de capitalismo de mercado más sana y más sostenible. A la democracia liberal tampoco le ha ido bien.
El nuevo mundo es, ciertamente, más complicado, y tendrá algunos inconvenientes a corto plazo (la inflación, por ejemplo). Seamos realistas, los productos fabricados por robots, por grandes compañías, y por Estados autocráticos que suprimen los salarios son más baratos. Tenemos que ser honestos en cuanto a las implicaciones inflacionarias de pasar de una economía altamente globalizada a otra en la que la producción y el consumo están más estrechamente conectados geográficamente, y en la que las partes interesadas, no sólo los accionistas, tienen voz.
Pero eso no significa que debamos volver al antiguo e insostenible paradigma, el cual condujo a la degradación ambiental, a los abusos laborales, al aumento de la desigualdad y a una política tóxica. Significa que debemos comenzar a plantearnos preguntas difíciles: ¿cuál es el equilibrio adecuado entre, por ejemplo, las preocupaciones de asuntos exteriores y nacionales a la hora de pensar en la política comercial? ¿Cómo pudiera una mejor educación y una mejor política de competencia mitigar los aspectos negativos de nuestra nueva era? ¿Qué viene después del neoliberalismo? Esto es, después de todo, una economía política, estúpido.