Opinión > EDITORIAL

Nuevas políticas sociales

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09 de enero de 2020 a las 15:40

Independientemente del cambio del signo del gobierno, hace tiempo que el país necesita un liderazgo fresco en el área social que proyecte una renovación de políticas sociales que han reforzado una histórica injusticia generacional.  

El nombramiento de Pablo Bartol como titular del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) del próximo gobierno de Luis Lacalle Pou despierta expectativas de que se produzca una mirada nueva que ponga el foco en problemas que tienen todo el potencial de enlentecer o frenar el progreso del país.  

En ese sentido, el futuro ministro del Mides dijo en rueda de prensa que en su gestión priorizará la primera infancia. “En los primeros mil días de vida de una persona se define mucho de su futuro. A veces encontramos a un niño con dificultades de aprendizaje o comprensión y son problemas que se gestaron en los primeros días cuando no se desarrolló plenamente el cerebro por falta de estimulación temprana”, explicó luego de una reunión con la ministra actual, Marina Arismendi, el martes 7. 

Uruguay no escapa a una tendencia de democracias de una pirámide poblacional envejecida de políticas de redistribución muy sesgadas en el tramo de la tercera edad. Es un reflejo del peso en la sociedad –y por ende electoral– de los adultos mayores que, en nuestro caso, además, se fortalece por su influencia corporativa. 

La inversión social en adultos mayores, que es de las más altas a nivel internacional, particularmente por el peso del gasto en las jubilaciones y pensiones en relación al PIB, ha sido a expensas de sectores vulnerables de edades tempranas.

El economista Guillermo Tolosa, director ejecutivo de Ceres, dijo en una conferencia en diciembre pasado, que la inversión social del país en los tramos etarios de adultos mayores es más de 40% superior a la que se destina a la niñez y adolescencia. Es por eso que entre 2006 a 2018, por cada adulto en situación de pobreza había 13 niños, lo que nos habla de una sociedad injusta. 

La llegada de nuevas autoridades es una buena oportunidad para equilibrar las transferencias del gasto social, sin desconocer la incidencia del adulto mayor en nuestra sociedad.

Nos parece que debería haber una apuesta por políticas sociales pensadas para la niñez, y además para la adolescencia que también forma parte del ciclo vital. En esos tramos etarios se definen muchos aspectos del futuro de una persona, como las buenas condiciones de salud, la formación de competencias para un desenvolvimiento apropiado y actitudes para una participación saludable en la sociedad.

El Estado, además de prestar asistencia a esa población objetivo, debería guiar a los padres en aspectos de la salud integral de los hijos, en estrategias para evitar el abandono escolar y en la importancia de la interacción en el seno de la familia.

Es por eso que el aumento de recursos es necesario, pero insuficiente. Es clave el capital humano involucrado en toda la cadena de las políticas sociales, que la gestión se preocupe por ejercer con autoridad las tareas de control para que las transferencias sean un verdadero estímulo que rompan con el círculo de la pobreza. 

De la apuesta por la niñez y la adolescencia depende el éxito de las próximas generaciones y la promoción de la movilidad social.

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