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24 de marzo de 2015 11:48 hs

En el complejo de la franja ruge una sola voz. “¡Dale, Tuna! ¡Dale ahora, andá, muy bien, carajo!”.

Se vivían los días previos a la crucial semifinal del Uruguayo. La franja no tenía mañana. Para forzar las finales tenía que ganarle a Wanderers. El bohemio era el rey del manejo de la pelota. Cómo hacer para sacarsela era la cuestión Y en el complejo Danubio guardó el mejor de los secretos.

En los primeros minutos del partido en el Franzini lo tiró a la cancha: presionar. Allá arriba, donde el rival sale con la pelota.

Aquella fue una especie de marca registrada para un equipo sin grandes figuras pero sacrificado. Es que para ejercer ese modelo hay que contar con los hombres adecuados: los delanteros son los primeros marcadores.

Y bajo esa consigna Danubio lo tumbó a Nacional en Jardines. Concentración, defensa cerrada, solidaridad y presión. El segundo gol fue la prueba. Le robaron la pelota a Arismendi y definió Fornaroli. Pero no es todo, los zagueros de Nacional no jugaron tranquilos y reventaron la pelota.

Asimismo, en el medio, Recoba no pudo jugar cómodo. Lo expresó: “fue muy trancado, muy parado, demasiado friccionado, se jugó muy poco”. Por eso, el Chino en el primer tiempo se fue a la izquierda. Y en el complemento, de doble cinco, metió pases, pero Nacional chocó con un muro defensivo. Es que Ramos movió piezas rápido. Cuando Gutiérrez mandó a De Pena, puso a Velázquez para defender con cuatro y con los dos volantes centrales pegaditos.

Entonces Nacional quedó sin ideas y con los caminos cerrados para llegar. Solo sorprendió con pelotas largas de Recoba. Cuando intentó Tabó lo escalonaron, cuando Pereiro apiló hombres siempre encontró un último escollo. Y Danubio terminó consolidando un triunfo basado en una táctica que requiere sacrificio.

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