Por Vicente L. Planetta, AP
Abanderado sublime de pueblo chico, Villarreal goza de mucho afecto en Latinoamérica porque es un producto artesanal de la región: juegan el argentino Riquelme y varios de sus compatriotas, además de astros de Bolivia, Brasil, México y Uruguay, con el chileno Manuel Pellegrini al mando de la tropa.
¿Se equivocó el argentino Riquelme o fue mérito del alemán Lehmann?
Si se parte de la base que un penal es casi gol cantado, se equivocó el enlace de Argentina. Pero el mérito del arquero de Alemania, quien relegó al banco nada menos que a Oliver Kahn en la selección germana, fue haber adivinado el disparo al arrojarse hacia su izquierda para rechazar la pelota.
Pero lo peor que hizo Riquelme fue no seguir la jugada. Se quedó clavado en el piso, la pelota le pasó cerca como intentando una reconciliación, hasta que cayó rendida a los pies de otros pretendientes quienes la rechazaron sin piedad.
Lo destacable de Riquelme es que fue fiel a su estilo: pateó con parsimonia y sin potencia. Al igual que cuando juega con ese paso cansino que hace poner los nervios de punta, al menos a las ánimas que siguen al combinado argentino.
Mezcla de azar e intuición, un penal se patea "a lo Riquelme", pero también a ras del piso, fuerte y contra un palo, con engaño, o al estilo del paraguayo José Luis Chilavert, quien lanzaba un cañonazo capaz de arrancarle la cabeza a su colega.
Historias desde los 12 pasos hay muchas en el fútbol, una de las más recordadas en la final del mundial de 1994 en Estados Unidos, entre Brasil e Italia. El 0-0 del partido dio paso a los penales: Franco Baressi marró el primero, Roberto Baggio el último, y fue así como Brasil vivió un nuevo carnaval.
En otro posterior encuentro, hubo otro penal para Boca y un desanimado Maradona, quien tiempo después recordó la historia, le dijo a su compañero de entonces Juan Sebastián Verón (ahora en el Inter): "Patéalo vos, que yo no veo ni en arco".
Pero el suceso más inédito y único en la historia del fútbol mundial lo protagonizó el también argentino y delantero de Boca Martín Palermo, en un partido entre Argentina y Colombia en la Copa América de Paraguay en 1999.
El primero se lo atajó Miguel Calero, el segundo la estrelló en un palo y en el tercero la pelota estuvo a punto de impactar en un avión.
"¿Y si había un cuarto penal, también lo pateaba Palermo?", le preguntaron al entonces técnico de Argentina Marcelo Bielsa, con la AP en Paraguay como testigo.