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Peñarol tuvo una primera reacción: señales positivas pensando en diciembre

Después de tocar fondo, porque peor no podía jugar, Diego López ajustó el mediocampo, volvió Cebolla Rodríguez y regresó a la senda triunfal

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20 de octubre de 2019 a las 21:36

Hay que detenerse hasta en los pequeños detalles para interpretar este momento de Peñarol y valorar el paso que dio este domingo ante Boston River. En cualquier otra circunstancia de este torneo, hubieran sonado alarmas y los hinchas estarían cuestionando el funcionamiento. Con razones de peso, quienes contemplaron el funcionamiento de los aurinegros en la séptima fecha en el Campeón del Siglo podrán expresar que su producción futbolística mantiene a Peñarol demasiado expuesto en la recta final de la temporada, en la que defiende el tricampeonato en el Uruguayo. Sin embargo, también las circunstancias en las que avanza el equipo de Diego López, con una fragilidad inquietante y una expresión futbolística que sabe más de debilidades que de fortalezas, encontró en el funcionamiento, en el triunfo, y especialmente en algunas señales que dio el equipo, razones para creer que lo que sucedió en el cierre de la fecha brinda señales que reflejan que Peñarol comenzó a reaccionar.

Tímidamente, cerrando filas, por la forma en que Diego López paró el equipo, con un ajuste en el mediocampo, el regreso de Cebolla Rodríguez a la titularidad, y la aspiración de tener el control en el juego a partir del manejo de Walter Gargano, Peñarol brindó señales.
Con un equipo corto. Avanzando en bloque. Creciendo en la cancha con volantes agresivos, el técnico dispuso una zona media con tres volantes, con un estilo similar al que plantea Álvaro Gutiérrez en Nacional. Con Gargano de volante tapón, Matías de los Santos por derecha y Cebolla Rodríguez por izquierda, y dos volantes abiertos (Facundo Pellistri y Agustín Canobbio). 

Esta propuesta le dio a Peñarol otra consistencia, que reafirmó a partir del segundo tiempo, cuando el equipo se soltó y encontró espacios para lanzarse sobre la cancha del rival. En el primer tiempo los aurinegros habían ofrecido muy poco. Sin embargo, desde el primer minuto mantuvieron orden táctico, manejaron bien la pelota, evitaron correr riesgos defensivos y le dieron una forma al juego que resultó efectiva y consistente.

Sigue siendo poco para Peñarol, que necesita subir niveles para llegar con aspiraciones de campeonato a la definición del Uruguayo –especialmente después de comprobar lo que está jugando Nacional-, pero también se puede interpretar la actuación ante Boston River como el comienzo del resurgir del fútbol de los aurinegros, si consiguen transformar la disciplina táctica, el orden futbolístico y el equilibrio en el campo, en la razón de su existencia.

Sigue siendo poco, de todas formas. Pero es más que lo que se vio en las dos últimas semanas cuando tocó fondo ante Liverpool y Racing. Entonces, es en el mediocampo donde los aurinegros pueden encontrar razones para creer e iniciar la reconstrucción de sus sueños, con las limitaciones propias de un equipo que carece de potencial ofensivo para plantarse e intimidar en la cancha.

Porque Peñarol no tiene capacidad en sus delanteros para llegar al gol. No tiene goleadores, porque los vendió en el último período de pases. Entonces será en su juego de la zona media, con volantes que dañen por afuera, o con volantes que se proyecten en el campo (Cebolla, De los Santos, Pellistri) las opciones para hacer del fútbol una estructura sólida y capaz de vulnerar a las defensas. 

Ganó Peñarol y eso no es poca cosa. Recuperó a Cebolla, con 81’ de fútbol y el gol de la victoria que le dio valor agregado por la influencia que tiene el capitán en el funcionamiento del equipo, y porque si los aurinegros quieren retener el título necesitan de la mejor versión del capitán y de Gargano.

Incluso en sus peores días de la temporada, Peñarol está en carrera por el título, y sabe que le quedan dos meses para demostrar que aunque en el año tocaron fondo, pueden resurgir a tiempo para consagrarse en la semana del 15 al 22 de diciembre. Porque si hay algo que tiene el fútbol es que lo que hoy parece definitivo, en dos meses puede dejar de serlo.

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