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Peñarol y Forlán, desconcertantes: no encuentran el juego ni la rebeldía

El aurinegro tenía casi ganado el partido, lo aseguraba 2-0 y en 4 minutos, le empataron y casi pierde al final; los cambios del técnico fueron incomprensibles y por ahora, ha ganado nueve puntos de 21

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23 de agosto de 2020 a las 05:01

Peñarol lo tenía ganado, había realizado un trabajo prolijo ante un líder que no mostraba casi nada. Diego Forlán tenía la buena noticia del retorno de Walter Gargano a las canchas luego de más de nueve meses por su lesión en la rodilla y ya a los 8 minutos ganaba 1-0 tras una jugada solitaria de Giovanni González.

Pero este equipo es muy inestable. “Hay que hacer otro gol para tener mayor tranquilidad”, dijo en la Tribuna Henderson un muy importante dirigente delante de Referí. Como dando a entender que dos goles no eran diferencia. Y no estaba para nada errado en su concepto.

El equipo tenía el partido controlado, pero se complicó. No es que lo complicó Rentistas, sino que el propio Peñarol ayudó en su deterioro mental y anímico para que llegara el empate.

Marcó mal en los dos goles –incluyendo, obvio, la jugada del penal de Krisztián Vadócz–. Mostró, una vez más, poca gravitación de Jesús Trindade en el medio juego.

El equipo genera dudas y van siete fechas, cuatro desde que retornó el fútbol.

Fue un golpe bajo que recibió Peñarol, un golpe muy duro en su misma cara y en el mismísimo Campeón del Siglo.

Hay veces que no se entiende lo que busca su entrenador. Desde que retornó el fútbol, jugó con tres volantes de marca ante Nacional, Boston River y ahora contra Rentistas. El pasado miércoles, cuando cayeron ante Deportivo Maldonado, lo hizo con un volante de marca que fue Jesús Trindade, con Cristian Rodríguez a su lado.

Queda clarísimo que sobra un volante de marca, que Peñarol no los necesita. Pero Forlán insiste.

¿Qué sucede entonces? Que no existe juego por las bandas y obviamente, tampoco hay peso específico en el área, como debe ser en un club como Peñarol.

Si bien controló el primer tiempo que fue bastante pobre futbolísticamente, lo hizo más por falta de méritos de un rival que no apareció en ningún momento, que por virtudes propias. Es decir, luego del gol de Giovanni, hubo una jugada en la que Facundo Torres entró con pelota dominada para liquidar y la pasó atrás a nadie, pero el equipo no pateó más al arco. Una vez más, el debe de siempre: la escasísima llegada y jugando esta vez con Matías Britos, un futbolista que se mueve mucho, pero que no es un “9” de esos tradicionales que tienen los grandes.

El golazo de David Terans cuando apenas iban 5 minutos del complemento, se suponía que le daba más bríos al equipo. Con un 2-0 arriba, ya era otra cosa, se podía jugar más tranquilo, con menor cantidad de errores, manejando los tiempos, el ritmo (escaso), mantener el orden. Pero se vino la noche en solo 4 minutos, algo imperdonable para un grande y más si está jugando en su casa.

Peñarol quedó desacomodado. Ese 2-2 fue un golpazo, como si hubieran borrado algunos minutos de vibración emocional positivos que mostraron, por ejemplo, en la jugada del golazo de Terans cuando la tocaron cuatro futbolistas.

¿Cómo reaccionó Forlán tras el 2-2? Colocó a dos futbolistas defensivos: Fabricio Formiliano en la zaga por Gary Kagelmacher, seguramente tocado, y a Agustín Álvarez Wallace, quien hasta este sábado, había jugado 5 minutos hace 13 meses contra Danubio. ¿Un volante y un zaguero para ir al frente a ganar? ¿Y los otros dos cambios que pudo haber hecho?

El equipo se desinfló. Totalmente. Quedó enhiesto, quietito, sin rebeldía justo al final, cuando más se la necesitaba, en una nueva producción desconcertante.

Porque mientras Rentistas perdía 2-0 y puso toda la carne en el asador para ir al frente –y logró la igualdad en esos 4 minutos fatídicos para los aurinegros–, Peñarol fue la contracara. La nota contrafáctica.

Cualquier hincha carbonero que no haya visto el partido, podrían pensar que en esos minutos finales, el equipo metió al rival en su área, lo llenó al menos de centros, de pelotas aéreas, pero no, nada que ver. Eso no sucedió. La típica actitud que es un copyright del club, faltó por el Campeón del Siglo.

Peñarol se está acostumbrando a no ganar. Desde el retorno del fútbol, consiguió cuatro de 12 puntos y desde que se inició el Apertura, obtuvo nueve de 21. Números que lo dicen todo.

¿Está perdido el Apertura? Para nada. Todo está muy parejo, tanto, que Rentistas aún no ha ganado desde la vuelta, empató sus cuatro encuentros, y sigue primero.

Todo lo bueno que había mostrado Terans, alguna linda jugada de Piquerez –quien debió haberse ido expulsado por una fuerte entrada a Villalba–, la solidez de Kagelmacher luego de una mala tarde en Maldonado, quedó sin destaque.

Todos los ojos se fueron en Nahuel Acosta, quien en 20 minutos que entró para jugar, metió la asistencia para el primero y le cometieron el penal.

Peñarol se perdió en la noche. El presidente Jorge Barrera, tras caminar de un lado hacia el otro en la tribuna, bajó a dialogar con el técnico. Los dos se quedaron con gran bronca por estos nuevos dos puntos perdidos en un momento crucial del campeonato.

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