Es un emblema de la convivencia ciudadana que tenemos que proteger”, dijo a El Observador el alcalde Carlos Varela sobre la plaza Líber Seregni, construida por el gobierno y la intendencia como el proyecto modelo que ofrece seguridad y urbanismo. Sin embargo, se encendieron algunas “luces amarillas” en el espacio público como la venta de drogas, actos vandálicos, robos de transeúntes y automóviles y obligaron a tomar medidas.
La situación más grave, a juicio de Varela, es el tráfico de drogas y, en ese sentido, ya se han hecho varias intervenciones policiales. “Algún usuario de la plaza, con una mochila, circula por ahí, vendiendo droga. Eso ha sido combatido”, comentó el alcalde con jurisdicción en Cordón, Parque Rodó, Palermo, Barrio Sur, Ciudad Vieja, Centro, parte de la Aguada, La Comercial y Tres Cruces.
El objetivo con los nuevos dispositivos es “erradicar” esa práctica de la plaza o, en su defecto, identificar al delincuente para “aplicar el elemento represivo” correspondiente, explicó.
Cada día se arriman a esa plaza unas 500 personas y más de 1.000 los fines de semana. La plaza más grande de la ciudad es lugar de reunión para niños, ancianos, adolescentes deportistas, novios, familias, personas en situación de calle que hacen “el aguante” hasta la noche, en general, en armonía entre los unos con los otros.
Pero como adviritió el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, “empezaron a aparecer los que corren a los que están ahí para hacer sus cosas”.
“Para las políticas sociales también se necesitan políticas policiales. Y las dos juntas y pensadas a lo largo plazo son las que hacen la teoría de la seguridad”, dijo Bonomi al participar en una actividad sobre seguridad en Asamblea Uruguay hace dos semanas.
Al respecto Varela señaló: “Cuando el espacio se deja de usar, claramente, vienen algunas minorías a ocupar el espacio, a generar condiciones negativas y eso ahuyenta a la familia”.
Las cámaras también servirán para disuadir los robos a vehículos que se producen en los alrededores de la plaza y cuyos actores escapan por sus pasajes para perderse por el barrio. A juicio de Varela, esto ha incrementado la sensación de inseguridad de los vecinos.
La plaza cuenta con servicio de cuidaparque que trabaja las 24 horas, los siete días a la semana. Su función esencial es mantener el orden pero aunque María, una madre que lleva a sus dos hijos todas las tardes, preferiría que tuviera “más autoridad”, no es su tarea actuar como un policía. Hace un año se reforzó la vigilancia nocturna con un equipo policial para patrullar las calles circundantes. Las cámaras vendrán a dar ahora respuesta a los vecinos que han exigido extremar la guardia. “Viene gente armada”, alertó María. El alcalde reconoció que, de otra forma, “no se tendrían las condiciones materiales” para que un policía estuviera apostado todo el día a la plaza. “No daría abasto”, afirmó.
El circuito de videovigilancia de la plaza Seregni está incluido en el proyecto Cordón Seguro que llevará la tecnología a los alrededores del Banco de Previsión Socia –Fernández Crespo y Colonia– y al circuito universitario.
Del abandono al disfrute
El predio de 16 mil metros cuadrados albergó la Estación de Trolebús de Montevideo y luego dos galpones municipales que, víctimas del abandono, se convirtieron en tierra de nadie, una lúgubre zona donde reinaban las ratas y servía de refugio para “muchachones”, según recuerdan los vecinos que conversaron con El Observador. Predominaban el gris y los malos olores.
La IMM, a través del Presupuesto Participativo ejecutado en 2007, invirtió $ 1 millón en derribar los galpones e invirtió $ 53 millones más en construir un espacio abierto inédito en la ciudad y que rescató al barrio de la indiferencia y de la inseguridad. La plaza impulsó además el desarrollo inmobiliario y económico del barrio.
Esto sigue siendo valorado por los vecinos. Otras tres madres que conversaban al pie de los juegos infantiles coincidieron en que es el único lugar al que pueden llevar a sus hijos en el barrio. Una de ellas relató que dejó de concurrir a la Plaza de la Bandera por la presencia de indigentes que muchas veces se higienizan en público y por personas que consumen drogas “a cualquier hora del día”. No obstante, otra aclaró que lo último también es un problema cotidiano en la plaza Seregni con algunas bandas de chicos que fuman marihuana cerca de los niños.