3 de octubre de 2013 20:22 hs

Las autoridades del Banco Central deberán modificar sus objetivos y cambiar su política monetaria ante un escenario de tasas de interés que se mantienen altas y con escasa flexibilidad en el manejo del instrumento, afirmaron ayer economistas del estudio CPA Ferrere. La realidad de la economía, que presenta signos de desaceleración, así lo reclama, agregaron.

La política monetaria del país necesita ser “readecuada” y repensar sus parámetros y objetivos, comentó Alfonso Capurro, socio de CPA Ferrere, durante una charla de coyuntura económica en la sede de la firma. “Los resultados obtenidos no parecen contribuir al logro de los objetivos originales (de la nueva política monetaria), como la flexibilidad y margen de maniobra, la reducción del déficit parafiscal y la desincentivación del carry trade”, añadió el economista.

La nueva política monetaria implementada por el Banco Central (BCU), que comenzó a operar el 1° de julio, remplaza la tasa de interés como instrumento de referencia para la política monetaria y retoma la utilización del régimen de agregados monetarios. El BCU se comprometió a mantener el crecimiento de la oferta de dinero en una tasa de entre 12,5% y 13% en el promedio del tercer trimestre del año con relación a igual período del año anterior, según lo estableció en su momento el Comité de Política Monetaria (Copom).

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El aumento de la cantidad de dinero en circulación definido por la autoridad monetaria se encuentra en línea con la expansión registrada en el primer trimestre del año –de 12,2% interanual–, y del último cuarto de 2012 –de 12,9%–. Ese crecimiento del agregado M1 ampliado es menor al registrado en los últimos años.

Con estos niveles de tasas excesivamente altos, que no corresponden al momento económico que vive el país –creciendo a menor ritmo que años precedentes–, el régimen a la larga “va a ser modificado” y las tasas “van a bajar”, indicó por su parte Gabriel Oddone de CPA Ferrere.

“Una economía que se desacelera requiere de tasas de interés más bajas. Hay una rigidez muy alta en el mercado monetario; las tasas de interés han demostrado una fuerte volatilidad, más de lo esperado”, dijo Capurro en la misma línea. En agosto y setiembre, la tasa de interés interbancaria para operaciones a un día cerró en 16,1% y 17,7% en el promedio mensual, respectivamente. De todas formas, las operaciones estuvieron marcadas por una fuerte volatilidad, con niveles que oscilaron entre el 2,5% y el 35,7% en el promedio diario.

Además, recomienda revisar el mercado de operadores primarios que determina a los bancos que pueden acceder a los títulos que emite el BCU, por entender que “no está cumpliendo su objetivo” de formar precios “e induce riesgos sobre los balances de los bancos”.

El economista aseguró que el BCU al implementar esta política buscó ganar en reputación pero perdió flexibilidad. “No está mal que en algún momento no cumpla con los agregados monetarios”, señaló Capurro. “El funcionamiento operativo del nuevo régimen deja en evidencia diferencias para manejar una demanda de dinero inestable”.

Además, “la volatilidad de tasas es un ‘atributo’ buscado de este régimen, en la medida en que introduce incertidumbre en el negocio del carry trade”, y contribuyó a mejorar la competitividad por la suba del dólar.

No obstante, el aumento de las tasas vuelve a tornar atractivos los instrumentos en moneda local –aun con el requerimiento de encaje para no residentes–, lo que podría introducir nuevamente desvíos en el tipo de cambio.

El informe presentado por Oddone y Capurro apela a redefinir los objetivos de M1’ para lograr el equilibrio del mercado monetario, que sea sostenible y manejable para alcanzar los objetivos. Afirman que la modalidad no logró formar precios y que esto llevó riesgos sobre los balances de los bancos. La actual política monetaria “fue pensada para otro mundo”, aseveró Capurro.

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