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Entre preocupación e incertidumbre: así viven los vecinos de los barrios afectados por el último brote de covid-19

Piden tapabocas, alcohol en gel y una policlínica más cerca; además advierten que sus hijos se "entreveran" con los de las familias infectadas

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19 de agosto de 2020 a las 05:01

En los barrios Causeglia y La Teja reina el miedo. A un día de haberse detectado un foco de coronavirus en el asentamiento 6 de Enero (con 11 casos positivos y 19 personas en cuarentena), los vecinos de la zona están preocupados.

La incredulidad y la falta de prevención eran el común denominador, tan solo unos pocos días antes de la confirmación de los primeros casos, declararon los vecinos consultados por El Observador

Andrés Bustos, un jubilado de 72 años, vive en el barrio Causeglia, ubicado al borde del arroyo Pantanoso, muy próximo a la ruta 1. Las casas que configuran el paisaje de esa zona son, por lo general, de bloques y con techo de lata. En ese barrio, dice Bustos, la situación de inseguridad se hace sentir: “Yo hace 20 años que vivo en la zona. Nunca tuve los problemas que tuve ahora de cruzar el puente. Acá roban de día”.

Bustos está nervioso. Según cuenta, ayer vio llegar una ambulancia y enseguida fue a averiguar qué era lo que estaba pasando. “Hay una muchacha que contrajo el virus en una reunión, en un cumpleaños”, le dijeron. La respuesta no lo tomó por sorpresa, en parte porque notaba que la gente no era consciente de la gravedad de la pandemia: “Acá estaba todo muy tranquilo, yo veía andar a la gente de arriba a abajo sin protección alguna. Esto era previsible: acá la gente no se descuidó porque nunca se cuidó”.

Aunque en su caso, siempre trató de cuidarse: el 13 de marzo, día en que se detectaron los primeros casos de covid-19, él y su esposa decidieron hacer cuarentena. “Tanto yo como mi señora nos cuidamos dentro de las posibilidades que tenemos. Tratamos de no salir demasiado”, afirma.

Quizás ahora, dado que la situación se agravó (según vecinos de la zona ascienden a 20 los casos positivos en el barrio), el miedo caló más hondo en él. Es que su esposa, algunos años menor que él, está enferma, tiene diabetes y problemas cardíacos. “La gente no piensa ni un poquito”, señala Bustos con molestia, en referencia al descuido que percibe en la zona.

Piden "atención"

Cruzando el arroyo Pantanoso, hacia el este, un grupo de vecinos hace señas al advertir la presencia de un medio. Este lunes habían llamado a un canal de televisión para contar sus preocupaciones y que el presidente les “preste atención”. Según dicen, en su manzana ya se detectaron cinco casos, mientras que al otro lado de la ruta 1, al sur, son nueve los casos.

Están molestos. Quieren que alguien les “dé bola”. Uno de ellos reclama: “Se necesitan tapabocas y una policlínica más cerca porque no damos abasto”. Además, manifiestan no contar con alcohol en gel ni guantes y piden hisopados para los vecinos de la zona, porque sus hijos se “entreveran” y están en contacto con los familiares de los infectados. 

Varios de ellos (son cinco en total) forman parte de un grupo religioso evangélico, aunque aclaran que no pertenecen a la misma iglesia en donde surgieron los casos positivos. “Todo salió de una reunión. Habían ido a una sesión religiosa y de la sesión se fueron al cumpleaños”, afirma una de ellas.

Pero si el covid ya es mucho para los vecinos de una zona que presenta carencias, lo cierto es que en el barrio ya había problemas: el hambre y la inseguridad son tan solo dos. “A veces no tenés ni para comprar un litro de leche”, dice uno de los vecinos, que tiene una panadería dentro de su casa y por la pandemia perdió mucho dinero.

— Tendrían que dejar el barrio en cuarentena, acota una vecina.

Ante esa propuesta, otra le responde:

— Me muero de hambre, ¿qué hago?

Además, a partir de la pandemia las ollas populares se hicieron cada vez más presentes. Ahora, dada la incertidumbre por la evolución sanitaria una de esas ollas (la que encabezan estos vecinos) está en riesgo. “Hay muchas personas que dependen de la olla. Si nos contagiamos, ¿qué hacemos?”, se preguntan.

Una de las vecinas, que se acercó un poco más tarde, está nerviosa porque la suegra de su hija es una de las personas que dio positivo y estuvieron en contacto el domingo por el día del niño. Por eso, llamó este martes de mañana a ASSE para que le hicieran un hisopado: “Me dijeron que tenía que esperar a que a mi hija diera positivo para saber si me lo hacían”. Su hija, que vive en Causeglia, está a la espera del resultado, que le dijeron estará este miércoles. 

Otra preocupación de los vecinos es que los niños se contagien de otros en la escuela. La mayoría de los niños asisten a la Escuela Yugoslavia y a la Escuela 112 (Cabrera). Según cuentan le pidieron a las que cierren la escuela pero les respondieron que “si no hay ningún niño positivo no pueden suspender (las clases)”.

Una de las madres que está embarazada de seis meses dijo a El Observador que si bien ella no estuvo en contacto con ninguno de los infectados, sus hijos sí tienen contacto con otros niños y eso la inquieta.

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