En una decisiva prueba para las investigaciones médicas que apelan al uso de células madre para tratar enfermedades graves, la empresa de BlueRock Therapeutics con sede en Massachusetts demostró que los implantes de neuronas fabricadas en laboratorio e introducidas en los cerebros de 12 personas con Parkinson parecen seguros y pueden haber reducido los síntomas en algunos de los pacientes.
La cuestión central es que las células añadidas deben producir el neurotransmisor dopamina, cuya escasez produce los devastadores síntomas de la enfermedad, incluidos los problemas de movimiento. “El objetivo es que las neuronas implantadas hagan sinapsis, que se conecten con las neuronas huéspedes como si fueran de la misma persona”, explica Claire Henchcliffe, neuróloga de la Universidad de California.
El estudio se destaca de otros por ser, hasta el momento, una de las pruebas más grandes y costosas de la tecnología que usa células madre embrionarias, un método tan controvertido como publicitado que utiliza células madre extraídas de embriones de fecundación in vitro para producir en tejidos.
El ensayo tenía el objetivo principal de demostrar la seguridad del método y fue patrocinado por BlueRock Therapeutics, una filial del gigante farmacéutico Bayer. Las neuronas fueron fabricadas con células madre potentes obtenidas de un embrión humano creado mediante un procedimiento de fecundación in vitro.
Según los resultados presentados por el equipo que integra Henchliffe en el último Congreso Internacional para la Enfermedad de Parkinson y Trastornos del Movimiento, también hay indicios de que las células añadidas habían sobrevivido y reducían los síntomas de los pacientes un año después de iniciado el tratamiento como consecuencia de un aumento en el número de células productoras de dopamina.
Los datos, además, señalaron una disminución del “tiempo de desconexión”; es decir: la cantidad de horas diarias en la que los voluntarios se sentían incapacitados por los síntomas del Parkinson. Los expertos, sin embargo, se muestran cautelosos al interpretar los resultados, ya que parecen mostrar efectos inconsistentes. Algunos podrían obedecer al efecto placebo, y no al tratamiento.
“Lo alentador del ensayo es que no haya dado lugar a ningún problema de seguridad y haya, al mismo, tiempo algunos beneficios”, asegura Roger Barker, científico que estudia la enfermedad de Parkinson en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Barker, no obstante, califica la experiencia como “un poco decepcionante”, ya que los resultados no demostraron en forma contundente que las células trasplantadas habían sobrevivido.
Como los investigadores no pueden ver las células de manera directa una vez implantadas, deben rastrean su presencia mediante un precursor radiactivo. Después, observan su captación en el cerebro mediante un escáner. Para Barker, los resultados no son tan contundentes. “Todavía es demasiado pronto para saber si las células trasplantadas se afianzaron y repararon el cerebro”, dice el investigador.
Las células madre embrionarias no están exentas de polémicas. Se aislaron por primera vez en 1998 en la Universidad de Wisconsin a partir de embriones obtenidos en clínicas de fertilidad. Su utilidad para los científicos se deriva de que pueden cultivarse en laboratorio y, en teoría, ser inducidas a formar cualquiera de los casi 200 tipos celulares del cuerpo humano.
La posibilidad, aunque teórica, impulsó centenares de intentos de restaurar la visión, curar la diabetes y revertir lesiones de la médula espinal. Sin embargo, todavía no existe tratamiento médico alguno basado en células madre embrionarias, a pesar de los miles de millones de dólares invertidos desde fines de la década de 1990 en investigación por gobiernos y empresas.
Además, las células madre siguen planteando cuestiones delicadas. Por ejemplo, en Alemania, donde la multinacional Bayer tiene su sede, según la Ley de Protección de Embriones del país, considerada por los expertos una de las más restrictivas, obtener células es un delito punible con penas de prisión.
Sólo bajo determinadas circunstancias se pueden obtener. Por ejemplo, si las utilizadas provienen del exterior, siempre que se hayan creado antes de 2007. Seth Ettenberg, presidente y CEO de BlueRock, afirma que la empresa fabrica neuronas en los Estados Unidos y para ello emplea células madre embrionarias procedentes de los suministros originales del estado de Wisconsin.
La idea de sustituir las células productoras de dopamina para tratar el Parkinson se remonta a la década de 1980, cuando los médicos lo intentaron con neuronas fetales recogidas de abortos. Los estudios resultaron equívocos. Algunas personas se beneficiaron. No obstante, los experimentos generaron titulares alarmantes. La razón: hubo pacientes que desarrollaran efectos secundarios, como retorcimientos y sacudidas incontrolables.
Utilizar células cerebrales de fetos no sólo era éticamente dudoso. Los investigadores también estaban convencidos de que ese tejido era tan variable y difícil de obtener que no podía convertirse en un tratamiento. “Ninguna experiencia llegó a buen puerto. Creo que faltaba una comprensión del mecanismo de acción y una suficiente cantidad de células de calidad controlada”, evalúa Henchliffe.
Sin embargo, había pruebas que señalaban que las células trasplantadas podían vivir. Los exámenes post-mortem de algunos pacientes tratados con células fetales evidenciaron que los trasplantes seguían presentes años después de concretados.
“Hay un montón de gente implicada en esos trasplantes de células fetales. Siempre quisieron averiguar si podían funcionar”, recuerda Jeanne Loring, cofundadora de Aspen Neuroscience, una empresa de células madre que planea lanzar sus propias pruebas para tratar el Parkinson.
El descubrimiento de las células madre embrionarias hizo posible una prueba más controlada. Estas células pueden multiplicarse y convertirse en miles de millones en células productoras de dopamina. Los trabajos iniciales corrieron a cargo de Lorenz Studer, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. En 2016, Studer se convirtió en fundador científico de BlueRock, que se formó inicialmente como una empresa conjunta entre Bayer y el fondo de inversión Versant Ventures.
En la enfermedad de Parkinson, las células productoras de dopamina mueren, y esto provoca la escasez de la sustancia, lo que puede provocar temblores, rigidez en las extremidades y una disminución general del movimiento. La enfermedad suele ser lenta, y el fármaco levodopa puede controlar los síntomas durante años. Sin embargo, la enfermedad es progresiva y, con el tiempo, la levodopa pierde efecto.
La promesa de una terapia celular es que los médicos ya no se limitarían a poner parches a los síntomas, sino que podrían sustituir las redes cerebrales dañadas añadiendo nuevas neuronas.
“El potencial de la medicina regenerativa no pasa sólo por retrasar la enfermedad. El desafío es reconstruir la funcionalidad del cerebro”, explica Ettenberg, quien afirma que BlueRock tiene previsto iniciar un estudio más amplio, con más pacientes para determinar si el tratamiento funciona y con qué eficacia.
(Con información de agencias)