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Mariana y Alberto Volpi en la sede del PNUD Uruguay

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"Probemos hablando": el plan argentino que propone resolver conflictos en las cárceles con diálogo

Mariana Volpi y Alberto Volpi visitaron Montevideo para hablar sobre su proyecto en el marco de “Tendiendo puentes” una iniciativa de cooperación Sur-Sur

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20 de mayo de 2022 a las 18:57

Una vez, llegó un detenido a una cárcel de Buenos Aires y lo invitaron a participar del programa “Probemos hablando”. Los encargados del proyecto le preguntaron por qué había ido.  “Porque me dijeron que acá hablaban de los problemas, pero no sé bien de qué se trata”, respondió. Entonces, le pidieron a otro detenido que le contara. Éste lo hizo con una experiencia: “Mirá, acá hablamos de cómo resolver los conflictos que tenemos entre nosotros. Por ejemplo en un partido de fútbol, el otro día pasó algo que tenía que terminar mal… A las acuchilladas. Y dijimos “No, pará, probemos hablando. Porque con el tiempo se te pega”.

Con esta anécdota se emociona la abogada Mariana Volpi, impulsora, junto a Alberto Volpi (con quien comparte apellido, pero no parentezco) de “Probemos hablando”. Un programa que desde 2015 pretende prevenir la violencia a través del diálogo y la palabra, dos elementos que considera herramientas para el acceso a la justicia y al ejercicio de los derechos. El proyecto está presente en tres cárceles de la provincia de Buenos Aires y próximamente estará en Salta.

Los Volpi trabajan en la Procuración Penitenciaria de la República Argentina que tiene como misión la protección y la promoción de los derechos humanos de las personas privadas de libertad. Él es el director del área Prevención de la Tortura, Diálogo y Gestión Colaborativa dentro de la Procuración. Mientras, que ella es la jefa de Diálogo.

Mariana y Alberto visitaron Montevideo para hablar sobre su proyecto, en el marco de “Tendiendo puentes”, una iniciativa de cooperación Sur-Sur llevada adelante por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Oficina Regional del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de ONU. Mariana y Alberto visitaron también la cárcel de Canelones con el comisionado parlamentario, Juan Miguel Petit. La abogada destacó el trabajo de diálogo de Petit "con los delegados detenidos de todos los pabellones de la cárcel" y la cercanía entre el comisionado y los presos, que le hablan por el nombre, y le hacen solicitudes. 

Tanto detenidos, como trabajadores penitenciarios

“Probemos hablando” está presente en tres cárceles de la provincia de Buenos Aires desde 2015. El proyecto empezó en un establecimiento para hombres de 18 a 21 años (distinción que existe en el sistema argentino); así como en un centro de mujeres dentro del mismo rango etario y en una cárcel de hombres adultos. Pese a que no lo hace actualmente, el proyecto trabajó también con los trabajadores de las cárceles. 

“Nosotros confiamos tanto en los presos, como en los agentes penitenciarios, como actores de cambios”, dijo Volpi. En opinión, lo que el proyecto tiene de "contracultural" es que "va abajo de todo y a esos que están sin voz y sin ninguna posibilidad de aportar al cambio, le da la palabra para que sean actores de transformar aunque sea su pequeña realidad". 

Para el director, los detenidos tienen muchísimo para dar, pero "no tienen oportunidades". Similar es su opinión sobre los trabajadores penitenciarios. Hay que "darle la oportunidad a los que tienen buenas ideas, innovadoras, de que la puedan exponer". "Es una manera de darle lugar a que se desarrolle ese potencial que está ahí latente, que normalmente está obturado por toda la jerarquía. Porque se supone que el que sabe está muy lejos del terreno”, añadió. 

La modalidad de trabajo

En "Probemos hablando" arman equipos de dos o tres facilitadores de diálogo y les atribuyen un pabellón específico. Las reuniones son semanales y voluntarias. “A las dos, tres reuniones, cuando ya se construye un poco de confianza, se empiezan a ver cambios”, afirmó Alberto. “Se hace durante tres, cuatro meses —explicó— después se hace una evaluación”. A veces se cambian los grupos. Estos, asimismo, tienen "mucha autonomía para trabajar, decidir, acordar y construir colaborativamente". Pero a su vez, cada uno "integra un grupo más grande que lo contiene, lo apoya y lo sostiene”, señaló.

Sobre la propuesta, Mariana dijo que “humaniza mucho al otro”, y recordó la ocasión de un detenido que sufrió la pérdida de su madre y no lo dejaron ir al velorio. Lo contuvieron sus compañeros de “Probemos hablando”.  

Alberto, por su parte, se refirió a que muchas veces los presos no se detienen a pensar por qué se comportan de determinada forma. Se refirió a un pabellón donde había habido muchas muertes por peleas entre bandas. “Cualquier conflicto entre dos personas, involucraba a los demás. Cualquier pelea entre dos, era pelea entre 20”, explicó. 

En una instancia de “Probemos hablando”, algunos integrantes de estos grupos discutieron sobre por qué sentían la necesidad de meterse en la pelea si lo hacía un compañero. En consecuencia, los líderes de los distintos grupos se pusieron de acuerdo en que ya no lo iban a hacer más. “Sucedió un hecho de que se empezaron a pelear dos y los líderes hicieron un círculo alrededor para que no se metiera nada”, narró Alberto. Ante la atónita mirada de los penitenciarios, los dos que peleaban se dieron cuenta de que nadie se sumaba y se detuvieron.  

“Todo ese grupo fue promovido a otros pabellones de mejor conducta, lograron hacer proyectos, alguno se fue en libertad. Hubo una transformación a partir de una cosa tan sencilla como revisar esta regla no escrita de que hay que pelear”, aseguró. “Que vean alternativas que no ven en la vorágine y en la necesidad de interpretar este personaje de un preso violento  que es el que todos están esperando que vos seas”, profundizó.

Mariana se refirió también a las diferencias entre los jóvenes adultos (de 18 a 21) y los adultos. “Nuestro trabajo con los adultos normalmente termina en algún proyecto que ellos quieren llevar adelante y el facilitador del diálogo lo que hace es fortalecerlos, generarles confianza para que ellos lo puedan desarrollar por sí mismos", señaló. Mientras que “los jóvenes adultos están en una posición más receptiva". "Trabajamos ahí con teatro y otros tipos de herramientas que se súper enganchan y está muy bien", sostuvo. 

El cine y Natalia Oreiro 

El realizador argentino Juan José Campanella es una especie de "padrino" de "Probemos hablando". Incluso realizó un corto que presenta la propuesta en una cárcel. Mariana contó que la uruguaya Natalia Oreiro presentó Infancia Clandestina (2011) y Gilda (2016) en la cárcel de mujeres donde funciona el programa. El segundo film se estrenó al mismo tiempo en las salas argentinas y en el centro penitenciario. Mariana recordó en esa ocasión estaban "las penitenciarias y las detenidas todas maquilladas esperando a Natalia". Cuando la actriz llegó, saludó una por una con un beso a todas las mujeres. "Es un ángel", comentó. 

 

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