21 de septiembre de 2012 20:53 hs

La grilla de series de TV se conforma para todos los gustos. Desde la reciente camada de producciones con protagonistas mujeres fuertes (que va desde los thrillers de acción como Missing, Covert Affairs o Revenge hasta las comedias como Veep o GCB), los policiales de procedimiento (la franquicia CSI o sus derivados) o las sitcoms de grupos de amigos, no hay franja etaria o de amantes de algún género que quede descuidada.

Para todos aquellos amantes de Stephanie Meyer y su saga Crepúsculo –o al menos sus adaptaciones al cine– o seguidores de productos derivados como The Vampire Diares, Sony Spin tiene dos apuestas seguras: Teen Wolf y Lost Girl.

Teen Wolf
El origen de esta serie es sin embargo muy distinto a su resultado final. Teen Wolf originalmente fue una comedia extremadamente liviana de 1985 protagonizada por Michael J. Fox en la cúspide de su fama y fortuna. El protagonista era un adolescente mordido por un hombre lobo y que comenzaba a transformarse en el colegio y a disfrutar de sus poderes (es muy recordada la escena cuando, peludo y transformado, gana un partido de básquetbol).

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La serie que nos ocupa, una producción original de MTV que ya va por su segunda temporada, toma esta misma idea pero se aleja de raíz de cualquier concepto de comedia. La serie se enfoca “con un mayor énfasis en el romance, el horror y la mitología hombre lobo” indicó la otrora cadena musical. Para la adaptación e inicio se reclutaron los servicios de Russell Mulcahy –veterano realizador de filmes fantásticos, como Highlander o Razorback– y se seleccionó un elenco joven de caras desconocidas (Tyler Posey ocupa el rol principal y el resto del elenco comparte su condición de ignoto).

Por encima de todo conflicto de posible horror –al fin y al cabo, el protagonista debería enloquecer y descuartizar a sus compañeros de instituto en cada luna llena– lo que da cuerpo a la serie es un romance secreto entre el protagonista y una compañera de clase que, como no podía ser de otra manera, parece encarnar a una vieja familia de cazadores de hombres lobo.

Teen Wolf, creación de Jeff Davies, ha tenido un gran éxito en Estados Unidos y ya va por su segunda temporada, que es la que puede verse actualmente en Sony.

Lost Girl
En este caso, podemos hablar del imparable avance de la televisión canadiense y de la cadena Showcase, que viene generando producciones de primer nivel dignas para competir en la grilla de cualquier programación.

La que aquí nos ocupa es creación de Michelle Lovretta y también recorre su segunda temporada –con una tercera ya confirmada y en producción– contando las aventuras de Bo (Anna Silk) una súcubo que controla sus poderes y se dedica a ayudar a quienes lo necesitan.

Empecemos por aclarar que un súcubo es un demonio que utiliza su extraordinaria hermosura para tentar y condenar a los mortales –y en ocasiones, para comérselos, dependiendo de cuan religiosa sea la adaptación– por lo cual, un súcubo “bueno” es cuando menos curioso.

La protagonista de la serie es criada entre humanos y desconoce en un principio su condición. Una vez que lo entiende, se dedica a ayudar a los demás y a combatir a otras criaturas del averno al cual en realidad pertenece (una suerte de Hellboy sexual y para adolescentes, digamos).

En su origen, Lost Girl se cuenta entre los mayores éxitos de la televisión canadiense y la crítica más generosa la ha catalogado como “una versión delicada de True Blood”.

Un género diluído
Repasando la historia del horror como género, uno encuentra que en los setenta fue utilizado como analogía para simbolizar la decepción en Estados Unidos, para representar traiciones del propio gobierno (Vietnam, Watergate), para reflexionar sobre discriminación, para dar envoltorio a temas que otros géneros no podían discutir sin causar escándalo.

En los ochenta derivó a variantes más específicas, como el slasher (grupo de personas que son eliminadas por el asesino de turno) o el splatter (usar lo sangriento para causar desagrado pero a veces también risas). Desde los noventa para acá, el género va reflexionando sobre sí mismo e incluso parodiándose (la saga Scream, sin ir más lejos).

En los tiempos presentes, el género de terror da cabida a una multitud de productos adolescentes como los que aquí nos ocupan, que usan el horror meramente como excusa y donde involucrar vampiros y hombres lobo no es más que generar un esquema similar al de Romeo y Julieta. Se ha convertido en un lugar donde los vampiros brillan a la luz del sol como diamantes y donde hombres lobo se pasean sin camisa. Un lugar donde ya no se reflexiona sobre nada, y mucho menos, se asusta de verdad. Un lugar mucho más seguro para recorrer, pero mucho menos interesante.

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