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Qué pueden aprender Nacional y Peñarol de Tom Brady y los Buccaneers campeones del Super Bowl

¿En lugar de muchos años mediocres en copas internacionales, por qué no plantearse un gran objetivo durante un par de años y después bajar el presupuesto?

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08 de febrero de 2021 a las 16:22

Parece tirado de los pelos, es cierto. Hay más diferencias que similitudes entre el fútbol y el fútbol americano, sobre todo en la forma de elaborar sus presupuestos. Pero hilando fino hay una gran conclusión que los clubes grandes de Uruguay, o cualquier otro equipo de presupuesto limitado en América, pueden tomar del último campeón del Super Bowl a la hora de plantearse la idea de competir con reales chances en copas internacionales.

Elegir a sus figuras, pagarles bien pero en contratos cortos, y elegir una ventana de oportunidad corta para apostar fuerte. Una estrategia de todo o nada.

Eso hizo Tampa Bay: armó un equipo de viejas estrellas, algunos jóvenes y lo mejor que traía desarrollando en los últimos tiempos y se trazó la meta de ser campeón este año, o el siguiente, a más tardar. Así, en 2020 tuvo su primera temporada ganadora desde 2016, y entró en playoffs por primera vez desde 2007. Se pasó estos años mirando por TV a otros ganar títulos. Pero cuando tuvo su oportunidad, metió todas las fichas en la ruleta.

Podía salirle mal, y en ese caso la cuesta quedaría muy arriba. De hecho, en 2021 tendrá algunos desafíos para mantener a su plantel, pero es después de 2022 que el esfuerzo financiero le dirá basta, así como la vida útil de muchos de sus jugadores. A más tardar ese año, este equipo se desmembrará. Pero con esa estrategia, Tampa Bay armó un equipo en dos años, cuando a muchos de los contendientes les lleva tres o cuatro.

¿Cómo lo hizo?

A diferencia del fútbol, la NFL (como las otras grandes ligas de EEUU) tienen un tope salarial, una cifra igual para todos los clubes, de manera que no ocurran las diferencias del fútbol, en la que los equipos ricos le sacan años luz a los pobres.

Con el mismo presupuesto de base, el talento radica en cómo administrarlo.

Hay muchas maneras diferentes de hacerlo: algunos optan por contratos largos para prorratear costos millonarios a lo largo de muchas temporadas (Kansas City Chiefs con Mahomes), otros prorratean el bonus que se otorga en muchos casos por firmar. Otros, como ha hecho Tom Brady en su carrera, optan por contratos cortos, pero 100% garantizados: nada de prorrateo ni tampoco grandes sumas variables en función de los resultados.

Tras 20 años, Brady no había llegado a un acuerdo de renovación con los New England Patriots, así que decidió irse. Los Patriots no creían que le quedara mucha nafta en el tanque, pero él sí. Y Tampa le hizo la oferta que él estaba buscando: dos años de contrato, por alrededor de US$ 50 millones, US$ 25 millones cada año, dentro de un presupuesto total para cada equipo en 2020 de US$ 198 millones: apenas por arriba del 10%. Un contrato pensado en el corto plazo, algo lógico pensando en un jugador de 43 años que sigue siendo un sobresaliente líder pero que físicamente ya no calza los puntos de antes y, por tanto, necesita más apoyo que antes.

Primer paso solucionado: asegurarse una estrella de la liga, con un espacio presupuestal manejable. Lo siguiente era armar el equipo, subir un escalón desde el récord de siete ganados y nueve perdidos de 2019. Traía una base interesante, sobre todo en defensa, que ya estaba entre las mejores de la liga. En realidad el mayor problema era su mariscal Jameis Winton, que sumaba casi tantas intercepciones como pases de anotación.

Con esas dos bases sólidas instaladas, y un espacio presupuestal manejable, la nueva realidad de Tampa Bay pasó a ser atractiva para muchos jugadores que buscaban equipo, que no hubiesen llegado si el mariscal hubiese seguido siendo Winston. ¿Acompañar al mejor de la historia buscando un último Super Bowl? Así llegó Rob Gronkowski, amigo de Brady en New England, pero también Antonio Brown, que prácticamente no jugaba desde hacía tres años. Y además renovaron otros veteranos como Shaquil Barrett, Jason Pierre-Paul y Ndamukong Suh, que firmaron contratos cortos, por uno o dos años. Todos con el mismo trazo: acompañar a Brady a la gloria, en la pequeña ventana de oportunidad que mantenía abierta.

Todo eso lo complementó con un gran draft, en el que acertó con los jugadores que eligió, que empezaron a aportar enseguida, sin necesidad de un tiempo de adaptación. Lo más claro fue lo de Tristan Wirfs, parte de una línea ofensiva que en la final protegió a Brady de tal manera que el mariscal tuvo todos los segundos que quiso para tirar, algo clave siempre pero más a su edad.

Ojo, costó que el equipo se acoplara. En la fecha 12 su récord era 7-5 y estaba luchando por la chance de entrar en playoffs. Pero en el último tramo de la temporada regular el equipo tomó vuelo, ayudado de un calendario medianamente accesible. Y, como quiere todo DT, tocó techo en los playoffs.

¿Entonces, qué conclusiones son extrapolables al fútbol?

Todo o nada. En el fútbol no hay tope salarial, pero de hecho, los clubes uruguayos sí lo tienen a la hora de competir afuera. Por lo tanto, la estrategia de contratar bien y corto es viable. De hecho, se lo han planteado Peñarol o Nacional al traer algunas figuras extranjeras, o uruguayos que vuelven, pero siempre se han quedado a media agua. Lo de los Buccaneers fue, en jerga de póker o ruleta, all in: en lugar de vegetar por los playoffs durante años, lejos de llegar a las fases finales, apostaron a tener uno de los mejores equipos durante dos años, sabiendo que luego será necesaria una reconstrucción y algunos años a la sombra. Lo cual aplica para los equipos uruguayos: ¿en lugar de muchos años mediocres, por qué no plantearse un gran objetivo durante un par de años y después bajar presupuesto y dedicarse a lo local con números más manejables?

Encontrar la ventana de oportunidad. No todos los años van a ser de buscar la gloria. Y las señales las da el entorno. ¿No hay un crack juvenil? ¿No hay mercado para traer una figura de verdadera talla internacional? ¿Las generaciones asentadas en Primera no son de calidad suficiente? Bueno, es año de pasar de largo y apostar por el torneo local achicando presupuesto. Es lo que ha hecho en este 2021 Nacional aunque apretado por las circunstancias, más que como estrategia para volver a la gloria.

Un técnico alineado con la estrategia. Bruce Arians es un viejo entrenador de la NFL, que ha pasado por siete equipos en diferentes puestos. Le tocaron las buenas y las malas, y cuando le ofrecieron los Buccaneers, en 2019, compró esa estrategia de mix entre las figuras que había y los que cambiaban la historia, lo que se potenció en 2020 con la llegada de Brady. Arians fue factor clave para que el equipo tocara el techo de rendimiento en el momento justo. Claro, a nadie se le ocurrió poner su cargo en duda cuando el equipo no conseguía resultados en la primera temporada. Los cambios de entrenadores de Peñarol y Nacional, se sabe, no son la mejor receta para el éxito.

Apuesta a los jóvenes: aquí Peñarol y Nacional la tienen más fácil que Tampa. Están acostumbrados a sacar juveniles de nivel internacional casi que cada año, pero suelen irse muy rápido, antes que puedan hacer la diferencia en torneos internacionales, por las necesidades financieras de los clubes, que arman equipos mediocres gastando mucho. En la NFL no hay divisiones juveniles, por lo que todo se decide en el draft, y en la capacidad de los scouts de cada equipo de encontrar diamantes en bruto. Tampa lo hizo, y fue el equilibrio perfecto de experiencia y juventud. ¿Aguantar a los diamantes en bruto un año o dos y acompañarlos de verdaderas estrellas consagradas? En Uruguay es más lo que se ha dicho que lo que se ha hecho en ese sentido.

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