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Quijotes de los Andes

En Chile hacer cine es tan difícil como en el resto del continente, pero el Oscar a Una mujer fantástica confirma su calidad y lo eleva al primer nivel mundial

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10 de marzo de 2018 a las 05:00

Rita Moreno abrió el sobre y festejó. Todavía no había anunciado la ganadora, pero se reía con alegría latinoamericana. "A fantastic woman!", gritó la actriz puertorriqueña, mientras agitaba el papelito que decía el nombre de la producción ganadora del Oscar a Mejor película extranjera. Mientras el Dolby Theatre se caía en aplausos para Chile, cinco personas subieron las escaleras al escenario. Sebastián Lelio, Juan de Dios y Pablo Larraín, Daniela Vega y Francisco Reyes se pararon ante el jet set de Hollywood y dieron la cara por una producción que sacó pecho entre lo mejor del cine internacional. Como El secreto de sus ojos y Juan José Campanella en 2009, la película de Lelio puso bien alto el nombre de Latinoamérica y confirmó un fenómeno que no es reciente pero sí joven: el cine chileno como sinónimo de calidad.

La victoria de Una mujer fantástica –que además llegó en pleno debate sobre la legislación chilena respecto a los transexuales– volvió a atraer las miradas del mundo al país trasandino, algo que ya había hecho antes en festivales europeos y en galardones destacados como los Globos de Oro. Con el Oscar, sin embargo, fue la industria hollywoodense la que se sorprendió con la calidad cinematográfica que se puede encontrar en varias de las películas que nacen detrás de los Andes.

Pese al éxito reciente, en Chile el cine no es una novedad. En realidad, el país se dedica a la producción del séptimo arte desde hace casi 120 años, por lo que tiene una de la "industrias" más añejas del continente. El primer filme chileno del que se tiene registro es Una cueca en Cavancha, un cortometraje mudo y en blanco y negro que se estrenó en Iquique en 1897. Fue filmado por el empresario Luis Oddó Osorio, que un año antes había proyectado en Chile la primera exhibición pública de un filme de los hermanos Lumière. La relación, entonces, se adentra en las propias raíces de la cinematografía.

Pasaban décadas y metros de película y Chile iba encontrando a sus referentes. Varios lograban trascender fronteras, como por ejemplo Alejandro Jodorowsky, Silvio Caiozzi y Miguel Littín, cineastas tan diferentes como claves para el arte trasandino. Sin embargo, fue después de que las botas de Augusto Pinochet dejaron de meterse con los asuntos del país cuando una generación de cineastas jóvenes comenzó a configurar el cine chileno contemporáneo. Entre los que empezaron a estudiar cuando volvió la democracia estaban Sebastián Lelio y los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín. Hoy, los tres son responsables directos de que Chile levantara el máximo galardón de Hollywood.

La generación dorada

En Chile saben bien que después del estreno de La nana todo cambió. En 2009, la película de Sebastián Silva desembarcó en el festival de Sundance y se llevó el premio a mejor actriz, pero también sorprendió hasta a los chilenos cuando fue nominada para los Globos de Oro. Por primera vez un filme del país se metía en una competición exclusivamente hollywoodense. Con esa producción, comenzó lo que del otro lado de la cordillera llaman "el nuevo cine chileno". A La nana le siguieron La vida de los peces (2011), No (2012), Gloria (2013), La Once (2014), El club (2015), Neruda (2016), Los perros (2017) y ahora, Una mujer fantástica (2017).

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Gael García Bernal y Pablo Larraín en el rodaje de No (2012)

Gael García Bernal y Pablo Larraín en el rodaje de No (2012)

Todas esas películas tienen un rasgo en común: están gestadas por la misma generación a la que pertenecen Lelio y los hermanos Larraín.

"Todos lucharon mucho por el cine que hacen hoy y todos tienen un recorrido remarcable. El Oscar viene a catapultar sus carreras y darles un premio merecido por todos los años de trabajo. Para nosotros en Chile es como haber ganado un mundial", comentó Giancarlo Nasi, productor chileno que forma parte de Don Quijote Films, una de las productoras cinematográficas locales. Nasi ha producido, entre otros proyectos, los largometrajes Salam y No soy Lorena.

"En 2009 mucha gente pensó que iba a ser una moda pasajera, pero claramente no lo fue. Sebastián Silva fue quien rompió el hielo al pasar de los reconocimientos europeos a los norteamericanos y La nana sin dudas ayudó a que la industria en Chile creciera, no solo en el ámbito de cine de autor o de festivales, sino en audiencia", agregó el productor.

Por su parte, Michel Gajardo –documentalista chileno– tomó a Lelio como ejemplo de la generación que, para él y varios colegas, cambió el modo de trabajo en Chile: "Es un profesional que tomó la decisión de hacer un cine más cercano al público en cuanto a las temáticas y triunfó. Comenzó con películas pequeñas, pero con Gloria y Una mujer fantástica dio un giro. No se volcó exclusivamente hacia el cine comercial, ya que conservó los atributos artísticos que le interesan, pero tomó temas y personajes que pueden ser más cercanos a la contingencia, a lo que ocurre en la sociedad".

"Para nosotros en Chile es como haber ganado un mundial". Giancarlo Nasi - productor ejecutivo de Don Quijote Films

Con Gloria, Lelio alcanzó el reconocimiento fuera de las fronteras chilenas casi al mismo tiempo que los Larraín. Pablo y Juan de Dios sorprendieron con No (película protagonizada por Gael García Bernal), confirmaron sus intenciones con una dura producción llamada El club y terminaron por sentarse en el trono de los reyes del cine chileno con Neruda, que también se convirtió en una serie de Fox. Tanto Lelio como los Larraín forman parte de la productora Fábula, gran gestora del hoy exitoso cine chileno.
Además, Larraín debutó en Hollywood con Jackie (2015) y Lelio con Disobedience (2017).


Chile también ha tenido éxito en lograr que otros países tomen sus historias y las readapten con sus actores, sus directores y productoras. Que hagan remakes a la manera de Hollywood. Cómo explicó Guillermo Amoedo, un cineasta uruguayo que trabaja en Chile desde hace diez años, esto sucedió con películas como Sin filtro o Gloria, ambas vendidas al extranjero. En el caso de Gloria, es el propio Lelio el que firma como director.

"Se hizo un remake de Sin filtro en México y otro en España por Santiago Segura, que le está yendo muy bien. Incluso están haciendo una (que se va a llamar Reloca) en Argentina con Natalia Oreiro", dijo el uruguayo.

Una pelea diaria

A pesar de que la coyuntura indica que la industria (hay cineastas que se niegan a denominarla así) chilena es favorable y que detrás de las montañas hay un caldo de cultivo ideal para quienes quieran explorar las artes cinematográficas, la situación económica del sector no se condice con ello. Al igual que en otras partes de Sudamérica (incluido Uruguay) en Chile el cine es una actividad muy poco rentable, que generalmente carece de ayudas estatales y que con frecuencia termina explorando capitales extranjeros para convertirse en una realidad. Esto le pasó, por ejemplo, a Una mujer fantástica.

"Casi siempre hay que acercarse a otras fuentes de financiamiento, ya sean privados locales o capitales extranjeros, lograr alianzas con otra productoras y todo lo que permita que los proyectos no mueran en cajones cerrados", explicó Gajardo.

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Gloria, de Sebastián Lelio

Gloria, de Sebastián Lelio

"El mercado nos lleva a crear para exportar. Hay una tremenda diferencia entre el éxito que consigue nuestro cine afuera y el poco apoyo que da el estado", agregó Nasi.

De todas formas, a pesar de los contratiempos económicos, Chile logró situarse a la cabeza de la cinematografía latinoamericana. A un nivel de producción que dista mucho de alcanzar los volúmenes de Argentina, Brasil o México, los chilenos se esperanzan con que el Oscar reafirme el compromiso de toda la población para el arte local.

"En el país todavía hay que pelear luchas quijotescas. La batalla que tienen que dar los productores y los directores para rodar su historia todavía es dura, pero en calidad podemos competir con cualquier país", dijo Gajardo.

Lea también: Daniela Vega, el símbolo transgénero que conquista Hollywood

"Estamos muy orgullosos porque la cantidad de películas que se producen es infinitamente menor a las que se producen en México o Brasil y aún así nuestra presencia en festivales y premiaciones es relevante. Los cineastas chilenos son heroicos. Y todavía hay una generación más joven que se viene con mucha fuerza", acotó Nasi.

Por lo pronto, el Oscar a Un mujer fantástica ya comenzó a mover mecanismos que trascienden la cinematografía chilena. La presidenta Michelle Bachelet escribió en Twitter que pondrá la categoría de "suma urgencia" a un proyecto de ley de identidad de género que afronta sus últimas etapas en el Parlamento y que trata la situación de las personas transexuales, que ni siquiera tienen la posibilidad de cambiarse oficialmente el nombre. Y según los cineastas locales, a poco de asumir Sebastián Piñera la presidencia del país, el sector más conservador ha cambiado de parecer y se ha mostrado dispuesto a continuar la línea que propone el proyecto de ley.

"Ganamos el Oscar con un tema importante, uno que tiene que ver con los derechos humanos, con la desigualdad, con los atropellos que sufren las personas trans en nuestro país. Se mire por el lado que sea, el domingo ganamos todos", dijo el productor de Don Quijote Films.

“En el país todavía hay que pelear luchas quijotescas. La batalla que tienen que dar los productores y los directores para rodar su historia todavía es dura, pero en calidad podemos competir con cualquier país”. Michel Gajardo - realizador audiovisual chileno

Para algunos, en la última ceremonia de los Oscar, Chile entró en el mapa cinematográfico. Para otros fue una confirmación. En el país, como en el resto de Sudamérica, los cineastas siguen peleando contra molinos de viento que a veces son más fuertes y los hacen bajar los brazos. Pero cuadro a cuadro, película a película, la situación está cambiando. Hoy, los focos iluminan con fuerza detrás de la cordillera y son varios los que trabajan para mantenerlos encendidos. Y lo están haciendo bien.

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Los cinco responsables de que Chile tenga un Oscar: Juan de Dios Larraín, Daniela Vega, Francisco Reyes, Pablo Larraín y Sebastián Lelio, alzando el galardón

Los cinco responsables de que Chile tenga un Oscar: Juan de Dios Larraín, Daniela Vega, Francisco Reyes, Pablo Larraín y Sebastián Lelio, alzando el galardón

Una película fantástica

Una mujer fantástica es una película y también un manifiesto. Es un golpe a una sociedad que, pese a ocupar los primeros lugares de desarrollo humano en Latinoamérica, aún no tiene una legislación que permita a las personas abrazar el género que prefieran. A Daniela Vega, protagonista de la película, le pasa. "Hoy, en este país al que regreso feliz, tengo un carnet con un nombre que no es el mío. Y es porque el país donde nací no me entrega esa posibilidad. Y el tiempo pasa, el reloj corre", dijo la actriz a su vuelta de los Oscar.

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Si algo hace bien la película de Lelio es mostrar, sin episodios de extrema dureza, las penurias que le suceden a una persona que esté en esa situación. Todas las humillaciones, preguntas incómodas, repudios pequeños y grandes que le suceden a Marina (Vega) tras la muerte de su pareja (interpretado por Francisco Reyes) son el reflejo de un fenómeno real.

Y más allá de sus aportes sociales, Una mujer fantástica es una historia contada a través de imágenes muy hermosas –algunas de ellas casi oníricas–, escenas para enmarcar (el baile junto a su pareja al principio, por ejemplo) y actuaciones destacables, sobre todo la de Vega, que exprime sus propias vivencias para ventilar emociones que, se notan, son totalmente genuinas. Una mujer fantástica es, más allá del Oscar, necesaria.


4 películas claves

La nana (Sebastián Silva, 2009)
Se presentó en el Festival de Sundance y para muchos fue la película que comenzó con el auge.

La vida de los peces (Matías Bize, 2011)
La cuarta película de Matías Bize se llevó el Goya a Mejor película extranjera de habla hispana.

Gloria (Sebastián Lelio, 2013)
El gran éxito de Lelio antes de Una mujer fantástica. Ganó en San Sebastián y Berlín. Una adaptación de Hollywood está en preproducción.

El club (Pablo Larraín, 2015)
En 2015 Larrín sacudió el cine chileno con esta dura historia de curas abusadores. Compitió por el Globo de Oro y ganó en la Berlinale.

4 producciones premiadas

Además de Una mujer fantástica, solo tres creaciones sudamericanas tienen un Oscar: La historia oficial (1985), El secreto de sus ojos (2009) e Historia de un oso (2016)

Chile tiene tres

Hasta el momento, Chile tiene en su haber los siguientes premios de la Academia: Mejor fotografía (Claudio Miranda, 2013), Mejor corto animado (Historia de un oso, 2016) y Mejor película extranjera (Una mujer fantástica, 2018).

El caso de Miguel Littín

Es uno de los cineastas más importantes de la historia de Chile y Latinoamérica. Ganó dos Oscar representando a México y Nicaragua y Gabriel García Márquez escribió un libro sobre su vuelta a Chile tras su exilio por el golpe de Estado de Augusto Pinochet: Las aventuras de Miguel Littín clandestino en Chile.

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