Fin de ciclo: 15 años del FA en el poder > 15 años del Fa en el poder

Una oposición a los bandazos que al final llegó a puerto

En los tres lustros de gobierno frenteamplista, los partidos fundacionales debieron irse acostumbrando al cambio histórico

Los principales líderes opositores llegan al juzgado para presentar la denuncia sobre Ancap

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20 de febrero de 2020 a las 21:47

En un país en donde los cambios suelen procesarse al  cansino traqueteo de una carreta baqueteada, no es poca cosa lo que ocurrió con la oposición en estos 15 años de gobierno frenteamplista.

En tres lustros hubo partidos que menguaron, crecieron, se desplomaron, nacieron o se multiplicaron, y terminaron coincidiendo en una coalición multicolor que está a punto de ejercer el poder.

Las peripecias internas de esas colectividades que anidaron en la vereda de enfrente de la izquierda marcaron las fortalezas, las debilidades y las intenciones de su faena. Pero, fundamentalmente, los opositores debieron lidiar con 15 años de una mayoría parlamentaria de la izquierda que tornaron casi siempre irrisoria cualquier clase de estrategia para trancar o modificar las propuestas que llegaban desde el oficialismo.

Fue, en definitiva, una oposición a los bandazos y con el rumbo circunstancial que le marcaba el timonel de turno.

Sin embargo, de a poco, el partido gobernante pareció bajar la guardia y, aprovechando sus flaquezas, la oposición fue ganando un protagonismo que logró revertir las cosas en las pasadas elecciones. Pero recordemos cómo se llegó hasta este trance.

El liderazgo de Larrañaga

En el período 2005-2010 que significó el bautismo del Frente en el gobierno, la oposición estaba comandada básicamente por el Partido Nacional que, encabezado por Jorge Larrañaga, había obtenido una muy buena votación con la que logró meter 11 senadores en el Parlamento, mientras el Partido Colorado se sumía en su mínima expresión histórica tras recoger el 9% de los sufragios y el Partido Independiente mantenía una presencia testimonial en la Cámara de Diputados.

En ese comienzo de la era progresista las cosas empezaron mal en la relación entre los que mandaban y los que se oponían.  “¡Que se queden con todos los cargos!”, explotó Larrañaga apenas diez días después de asumido el nuevo gobierno. Las negociaciones para ocupar los entes y empresas públicas con integrantes de la oposición venían con viento a favor hasta que el Frente Amplio resolvió darles un solo lugar en el directorio del Banco República cuando los blancos querían dos. El acuerdo se fue al garete y, efectivamente, la izquierda se quedó con todos los cargos

En aquel otoño caliente, el gobierno atizó aún más el fuego con una propuesta inesperada: la reelección presidencial a través de una reforma constitucional. La idea la tiró Jorge Vázquez, hermano del presidente y fue catalogada como insólita, peligrosa y abusiva.

Siendo que las relaciones ya eran complicadas, el Herrerismo comenzó a cuestionar el liderazgo opositor de Larrañaga y, encabezados por Luis Lacalle Herrera, reclamaron aún mayor firmeza ante el gobierno de Vázquez al que, entre otras cosas, le achacaban cierta mano blanda ante algunas ocupaciones de lugares de trabajo por parte de los sindicatos.

Y eso que Larrañaga no se guardaba nada y calificó de “estridencia caribeña” la posibilidad del ingreso de Venezuela al Mercosur. “El presidente Hugo Chávez va a ser el responsable de la fractura de Latinoamérica. Es cierto eso de que el antiyanquismo termina siendo el socialismo de los imbéciles”, dijo a mediados de 2006.

En noviembre de 2006 Vázquez y Larrañaga se reunieron buscando algunos puntos en común. Entre los blancos destacaban que lo importante era que se sintieran cómodos ambos líderes y que el presidente le pudiera hablar del último surubí que pescó y Larrañaga de la última carrera que ganó en Maroñas uno de sus caballos.

Ni los peces pescados ni los caballos cruzando el disco sirvieron para nada.

Incluso Lacalle Herrera se quedó solo cuando se manifestó a favor de que la oposición se integrara a los entes autónomos y en ese, clima de todos contra todos, hasta sus propios compañeros herreristas lo repudiaron.

Sobre el final de la administración fue Larrañaga el que intentó acercarse al gobierno y lo hizo por el lado de José Mujica a quien invitó a su chacra sobre el rio Negro para intentar acuerdos que sobrepasaran ese período de gobierno y sirvieran para darle gobernabilidad al partido que ganara en las elecciones de 2009.

En esos vanos intentos se fue el quinquenio y, cuando llegaron las elecciones, los blancos parecieron castigar a Larrañaga por los asados comidos con el líder del MPP y le dieron la victoria a Lacalle Herrera en las internas. A su vez, entre los colorados surgió la figura de Pedro Bordaberry, quien levantó al partido hasta llegar casi al 18% y tuvo una actuación parlamentaria destacable.

En noviembre de 2006 Vázquez y Larrañaga se reunieron buscando algunos puntos en común. 

El dos veces presidente y senador Julio María Sanguinetti recuerda hoy aquella dificultosa saga opositora. “La oposición en estos 15 años chocó con la mayoría absoluta del gobierno. Eso hacía particularmente estériles las interpelaciones. Con todo, en algunos casos fue un medio interesante de divulgar situaciones. Algo parecido podría decirse de las Comisiones Investigadoras”, dijo Sanguinetti a El Observador.

“La excepción fue Ancap, caso en que el gobierno alardeó y votó la investigación, lo que le permitió a la oposición entrar al fondo de la situación. Algo análogo podríamos decir del caso Pluna, pero en todo caso fueron pocas esas situaciones. Lo incómodo para los legisladores opositores es que la gente les reclamaba una acción más clara y enérgica sin entender los mecanismos parlamentarios asentados en una mayoría absoluta", agregó el líder colorado.

Cal y arena

Como presidente, José Mujica hizo mejores migas con la oposición que el hambre de acuerdos del primer período de Vázquez.

Larrañaga volvió a insistir en sus encuentros con el ahora mandatario y esa buena relación fue la que apuntaló la presencia de la oposición en entes y empresas públicas.

La bancada nacionalista se repartía casi en partes iguales entre Alianza Nacional y el Herrerismo, mientras que entre los colorados –ya sin la participación activa de Sanguinetti y Jorge Batlle-  la presencia de Bordaberry se hacía dominante.

Ya en el comienzo del gobierno la oposición mostró fisuras como el enfrenamiento entre Larrañaga y Bordaberry quienes pugnaban por perfilar a sus partidos como los principales referentes.

Bordaberry se embarcó en la recolección de firmas para bajar la edad de imputabilidad –que finalmente fracasó en las urnas- y calificaba de “sipepistas” a los blancos que, como Larrañaga y los intendentes del interior del país, acordaban con Mujica modificaciones a proyectos de ley o más apoyo para las comunas.

Bordaberry comparaba esa supuesta admiración con el “sidieguismo” de los fanáticos de Diego Maradona. A su vez, Larrañaga acusaba al colorado de tener que “mostrar certificado de demócrata todos los días” y de hacer una política “más vieja que el agujero del mate”.

"Lo incómodo para los legisladores opositores es que la gente les reclamaba una acción más clara y enérgica sin entender los mecanismos parlamentarios asentados en una mayoría absoluta", dijo Sanguinetti.

Los herreristas seguían estos choques con cierta distancia ya que si bien nunca fueron muy amigos de Mujica, no podían disimular que sus intendentes compartían asados y acuerdos con el exguerrillero tupamaro.

Eso sí: el “renunciá Bonomi” empezaba a llenar la boca de los críticos a la gestión del ministro del Interior.

Lacalle Pou hizo punta en las investigaciones sobre la gestión de Ancap

Rápidamente, Mujica comenzó a gastarse el crédito opositor aunque su relación con los intendentes siempre tuvo, más que nada a fuerza de dinero, una nota más que positiva. “Gracias por haber eliminado la brecha entre el gobierno central y los departamentales. Este cambio va a perdurar a lo largo del tiempo. Gracias por la valentía”, llegó a decirle al presidente el intendente nacionalista de Durazno, Benjamín Irazábal.

Sin embargo, los grupos mixtos creados por el presidente para llegar a coincidencias en temas como la educación, la seguridad, la energía y el medio ambiente dieron algunos magros resultados.

Ya en 2012, el escándalo por la venta de la aerolínea Pluna separó definitivamente las aguas, las interpelaciones se multiplicaron, los blancos presentaron una denuncia penal y los colorados abandonaron los cargos en entes y empresas públicas.

A todo esto, un tanto calladamente, Luis Lacalle Pou iba ganando terreno en la interna blanca y –sorpresivamente para casi todos pero no para él- se quedó con la candidatura presidencial blanca al triunfar en la interna sobre Larrañaga.

Después perdió con Vázquez, los blancos volvieron a su histórico rol de opositores, y los colorados se fueron acostumbrando a acompañarlos.

La positiva

Lacalle Pou comenzó a ejercer el liderazgo de la oposición continuando, al menos en los primeros meses, con su slogan “por la positiva” con el que machacó durante la campaña electoral.

Así, se distanció de aquel “¡que se queden con todos los cargos!” exclamado por Larrañaga en la primera administración de Vázquez y aceptó integrarse a los lugares ofrecidos por el Frente Amplio. “En la sangre de muchos blancos, la romántica, la linda, la que después termina estando en los libros de historia, la tragedia siempre está. ‘Qué se lleven todo’. ¿Y después? Cómo hacemos después para asegurar la democracia, la libertad, el buen manejo de los fondos públicos si no tenemos contralor efectivo”, dijo Lacalle Pou como para que no quedaran dudas del cambio.

Como presidente, José Mujica hizo mejores migas con la oposición que el hambre de acuerdos del primer período de Vázquez.

Pero, se sabe, las lunas de miel duran más bien poco. Prontamente, Lacalle Pou ganó protagonismo llamando ministros al Parlamento e impulsando una comisión investigadora sobre los negocios de Ancap que terminó en una denuncia penal que luego derivó en procesamientos varios como el del vicepresidente de la República Raúl Sendic.

Para entonces, Sendic ya había renunciado a su cargo acosado, entre otras cosas, por las críticas a su gestión en la petrolera, sus gastos con la tarjeta corporativa del ente y el título de licenciado inexistente.

El 19 de abril de 2016 algunos de los principales líderes de la oposición llegaron hasta el juzgado de la calle Bartolomé Mitre para presentar la denuncia por las irregularidades en Ancap. La foto que los muestra vestidos casi todos de gabardina para protegerse de la lluvia, prefiguró lo que sería parte de la alianza que llevó a Lacalle Pou a la presidencia.

Sin embargo, -y aunque el “renunciá Bonomi” los unía a todos- los desencuentros en la oposición no cesaban y el 16 de julio de ese año Lacalle Pou propuso a los blancos, sin éxito, retirarse de la mesa de diálogo sobre seguridad. Nadie lo acompañó en el planteo. “La mejor manera de hacer es aportar, lo otro es sentarse en la vereda de enfrente a tirar piedras y esperar el 2019”, dijo el senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, quien luego perdería su banca.

“Tuvimos que aprender a dialogar con otros códigos. Con la izquierda hablábamos en otra frecuencia, hasta con léxicos diferentes. Y con la sociedad tuvimos que recomponer el diálogo que se había roto tras las crisis de 2002”, dijo el senador Penadés

En el Partido Colorado, Bordaberry comenzó a desentenderse paulatinamente de la actividad partidaria adelantando su retiro de la vida política, y el protagonismo cayó en manos de Sanguinetti a cuya casa peregrinaban los dirigentes para hacerle consultas de todo tipo. “La oposición tiene que ser más persistente, más constante y tener objetivos claros”, les decía el expresidente.

Sanguinetti convocó a Lacalle Pou y a Larrañaga para armar el cuadro opositor

El Partido de la Gente de Edgardo Novick arrancó con fuerza en 2016 a través de críticas virulentas a la gestión de la izquierda pero luego se fue apagando acorralado por surtidas diferencias internas. Luego el colorado Ernesto Talvi se sumó al cuadro de los líderes opositores.

El senador nacionalista Gustavo Penadés, quien vivió desde el Parlamento todo ese proceso de tres lustros y suele ser un lúcido analista político, dijo a El Observador que a los partidos fundacionales les llevó su tiempo acostumbrarse al hecho histórico que supuso la llegada de la izquierda al poder. “Tuvimos que aprender a dialogar con otros códigos. Con la izquierda hablábamos en otra frecuencia, hasta con léxicos diferentes. Y con la sociedad tuvimos que recomponer el diálogo que se había roto tras las crisis de 2002”, dijo el parlamentario.

Recordó que la oposición fue afinando su juego a medida que el Frente Amplio “perdía su épica y se iba poniendo en duda la veracidad de su relato cultural sobre la pureza ética y otros asuntos”.

Lo demás es historia muy reciente. Blancos, colorados e independientes encontraron la forma de confluir sin demasiadas fisuras para arrebatarle el poder a la izquierda.

La existencia de Cabildo Abierto resulta tan novedosa que no puede ligarse –como partido- a la oposición al Frente Amplio. Cabildo nació casi oficialista y sus primeros pasos parlamentarios estarán ligados a la gestión de la coalición multicolor.

El relato de lo que harán aquellos que partir del 1 de marzo cruzarán la vereda tras ver la vidriera del lado de afuera durante 15 años, recién comienza a escribirse.

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