Fin de ciclo: 15 años del FA en el poder > cambio de era

El PIT-CNT y los gobiernos del Frente Amplio: amigos con derecho a roce

Afinidades y desencuentros fueron parte de la relación entre la dirigencia sindical y los gobernantes en las últimas tres administraciones

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18 de febrero de 2020 a las 13:42

En 15 años, la relación entre los gobiernos del Frente Amplio y el PIT-CNT tuvo una característica marcada y lógica: una clara identificación ideológica que se explicitó más de una vez. Pero no siempre. En ocasiones la postura sindical no fue tan monolítica y no todas las corrientes estuvieron alineadas con el accionar gubernamental. 

Sin dudas, la primera administración de Tabaré Vázquez (2005-2010) fue la más trascendente para los gremios. El 7 de marzo de 2005, el mandatario reinstaló los Consejos de Salarios, que habían sido eliminados durante el período de Luis Alberto Lacalle (1990-1995).

La administración anterior a Vázquez (Jorge Batlle, entre el 2000 y 2005) había enfrentado la crisis económica, que derivó en la eliminación de puestos de trabajo y rebajas salariales. Entonces, al asumir, el primer presidente frenteamplista se comprometió a que los trabajadores recuperaran el salario perdido y los Consejos de Salarios se convirtieron en la herramienta que tuvieron para conseguirlo.

Además, en 2006, el presidente firmó el decreto que permitió la ocupación de los lugares de trabajo como una extensión del ejercicio del derecho de huelga. Y la dirigencia aplaudió de pie.

Esos primeros años transcurrieron sin enfrentamientos recordados entre el Poder Ejecutivo y los trabajadores. Incluso, un dirigente llegó a reconocer que le había resultado más fácil treparse a un estrado para criticar y enfrentar desde la oratoria a los partidos tradicionales que hacerlo en ese momento, con un gobierno afín a su pensamiento político.

Pero en 2008 se produjo un quiebre en la interna sindical. En una reunión de la Mesa Representativa, el PIT-CNT aprobó el 13 de agosto el primer paro general de 24 horas. La medida tuvo un destinatario: el ministro de Economía, Danilo Astori.

Allí primó la postura del ala sindical más dura del Partido Comunista (PCU), de los gremios de ultraizquierda y del MPP. Pero las motivaciones eran diferentes. Los primeros y los segundos votaron el paro para mostrar su descontento con el manejo de la política económica. Los terceros lo hicieron por un gesto político-electoral: Astori se alejaba del Ministerio de Economía (MEF) para competir como precandidato en la interna del Frente Amplio para las elecciones nacionales de 2009 con el líder del MPP, José Mujica.

El paro general se efectuó el 20 de agosto. Ese día, Articulación (la corriente más moderada dentro del PIT-CNT) emitió un comunicado. “Decir que la administración de Vázquez es la mejor en 100 años de historia no atenta contra la independencia de clase. Es leer correctamente la realidad”, decía el texto.

“Algunos de los que levantaron la mano porque ‘este gobierno no está vacunado contra los paros de 24 horas’ no terminaron de entender que ser radicales no lo determina un discurso, sino la acción de generar los cambios profundos que necesita el país”, añadía.

Llevó un tiempo zurcir la interna. Pero el 2009 colocó a la dirigencia en un lugar distinto al que había estado hasta ese momento. El Frente Amplio enfrentaba su primera elección nacional como partido de gobierno y, más allá de matices, la afinidad ideológica volvía a pesar. La izquierda debía continuar en el poder para profundizar los cambios. Y allí, los sindicalistas dejaron clara su posición a favor.

Más izquierda

El gobierno de José Mujica (2010-2015) llegó con un discurso de más izquierda que agradó a varios sectores frenteamplistas y a la dirigencia sindical. Pero el accionar del mandatario –quizá resumido en su dicho de "como te digo una cosa, te digo la otra"–  sorprendió a propios y extraños y también al PIT-CNT.

Uno de los latiguillos de Mujica en la campaña electoral fue el de reformar el Estado y eso generó un primer distanciamiento. Esa reforma, obviamente, abarcaba a los funcionarios públicos. Y, claro está, cualquier presidente que quiera cambiar el poder de los sindicatos en la órbita estatal obtendrá resistencias.

"En la crisis de 2002 y 2003, casi 200 mil personas perdieron el trabajo. Ninguna fue un funcionario público", dijo Mujica en su discurso ante la Asamblea General el 1º de marzo de 2010. Y ahí comenzaron los cortocircuitos que se extendieron durante varios años de su mandato.

En el final de 2010 el gobierno tomó una medida: un decreto que prohibió la ocupación de los edificios públicos. Eso provocó otro enfrentamiento. Pero esta vez, el malestar no quedó circunscrito a los empleados públicos; la crítica también llegó de la cúpula del PIT-CNT.

En una entrevista con El Observador, uno de los coordinadores de la central sindical –y figura fuerte del Partido Comunista–, Juan Castillo, dijo que había tenido un poco más de expectativas sobre el gobierno de Mujica.

"Yo esperaba algo de filo más hacia la izquierda. En el sentido de avanzar y profundizar los cambios que se venían dando. Eso no ha ocurrido todavía", expresó.

El tiempo pasó, siguieron los cruces, pero también se acercaba la campaña electoral. Y eso moderó las posturas. La posición era clara: el Frente Amplio tenía que seguir en el poder. Una vez más.

El último

El tercer gobierno del Frente Amplio (2015-2020) transcurrió sin demasiados cruces con el PIT-CNT. El punto más conflictivo –como ocurrió en otras oportunidades– fue el de la educación. En su programa, el Frente Amplio anunciaba que el presupuesto para ese rubro tendería al 6% del Producto Interno Bruto (PIB) anual.

Ya en el gobierno, se hizo una proyección para el quinquenio. Los dos primeros años sería de 5% y llegaría al 6% en 2020. En medio, también había una negociación salarial trunca.

Los dos aspectos ofuscaron a los gremios, comenzaron con una serie de medidas y Vázquez se molestó. Entonces, llegó la respuesta: el 24 de agosto de 2015, el Poder Ejecutivo decretó la esencialidad en la enseñanza y los ánimos se crisparon más.

Los sindicatos desacataron la esencialidad y continuaron con los paros, pese a que el decreto lo impedía. Días más tarde, el gobierno decidió levantarla y retrocedió un casillero en el juego de medir el poder. La novela continuó y en diciembre los sindicatos de la enseñanza púbica firmaron el convenio salarial. El acuerdo llegó luego de que los liceales de Montevideo perdieran 31 días de clase en el año y 11 los del interior.

No se recuerdan otros enfrentamientos duros en el segundo gobierno de Vázquez.

Otra vez, el tiempo pasó y había que apoyar los logros alcanzados para que el Frente Amplio se mantuviera en el poder. "Independientes, pero no indiferentes", fue la consigna elegida por el PIT-CNT para esa ocasión. Sin embargo, en discursos y algunos avisos publicitarios quedó claro que no eran tan independientes.

El triunfo electoral de Luis Lacalle Pou para ocupar la Presidencia entre 2020 y 2025 marca un nuevo tiempo para el PIT-CNT. Hasta ahora, el relacionamiento entre el mandatario electo y la dirigencia fue de acercamiento, maduro.

Atrás quedó una etapa de afinidad política y muchas veces de intereses comunes que tuvo sus vaivenes. No fue un romance de 15 años. Fue una amistad con derecho a roce.

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