Fin de ciclo: 15 años del FA en el poder > Repaso

Bonomi, el punching ball de la oposición que también recibió por izquierda

Un repaso por los 10 años de su gestión al frente del Ministerio del Interior

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03 de febrero de 2020 a las 19:24

Le pegaron por derecha y le pegaron por izquierda. De un lado lo responsabilizaron por la violencia creciente en los delitos, por no haber obtenido resultados pese a los recursos volcados a la seguridad, lo interpelaron nueve veces en el Parlamento y le pidieron la renuncia hasta el cansancio. Del otro, le endilgaron poner en marcha razzias, aplicar mano dura y una "política de policiamiento".

Aunque en el primer gobierno del Frente Amplio había sido ministro de Trabajo, es imposible no relacionar a este hombre de pelo espeso canoso, voz ronca y boca entrecerrada, apodado El Bicho y de pasado tupamaro, con la seguridad después de diez años al frente de esa cartera. Eduardo Bonomi se hizo cargo del Ministerio del Interior después de las gestiones de los socialistas José Díaz y Daisy Tourné, en un contexto de aumento de delitos, con barrios a los que la policía no podía acceder, y la participación de adolescentes en violentas rapiñas, sumado a las fugas masivas de los centros de detención. En 2010 llegaron a fugarse unos 1.000 menores, por lo que un defensor público dijo que el INAU se había transformado en "una puerta giratoria".

En ese contexto, una de las primeras medidas de la gestión Bonomi fue la implementación de los megaoperativos policiales de saturación –el primero fue el 7 de abril de 2011 en el barrio Chacarita de los Padres– con el objetivo de demostrar que no habría zonas liberadas para la delincuencia.

Esos operativos le generaron duras críticas de la propia izquierda y el presidente José Mujica admitió que “las recorridas en algunos barrios pobres donde había una actitud delictiva como para crear territorios dominados con códigos mafiosos” generaban “un problema interno”, dijo en alusión al FA. Era noviembre de 2011 y desde Guadalajara, donde realizaba una gira por México, el presidente explicó los operativos: “Se decidió hacer eventualmente razzias, pero razzias que no son atropellar a la gente ni nada (sino) ir con información precisa dónde está fulano y mengano, buscar que no se escape y llevarlo para demostrar que el Estado está presente y no es territorio de nadie”.

Ante los cuestionamientos, Bonomi llamó a cambiar “la visión romántica por la visión realista de la delincuencia” y afirmó que existen lumpen consumidores que roban para usar cosas costosas. “Es un consumo que se agota en el acto de comprar y luego necesita otra vez, otra vez (...) Son cada vez menos los que roban por hambre. Son cada vez más los que roban en ese marco consumista”, afirmó en entrevista con El Observador en abril de aquel año.

El ministro habló de su apuesta a hacer una síntesis entre la represión y la respuesta social porque quedó demostrado –dijo– que ambos enfoques por sí solos fracasaron. "El paradigma de la represión no anduvo, pero el social tampoco", admitió.

Otra de sus grandes apuestas fue la reestructura del trabajo policial por la que se les quitó protagonismo a las comisarías y se dividió la ciudad en cuatro zonas que pasaron a estar a cargo de las investigaciones. Ese cambio trajo lo que el ministro llamó un "boicot" interno de la policía con apoyo de la oposición –según Bonomi–. Quienes se plegaron al boicot fueron sustituidos, como ocurrió con la cúpula de la seccional 14° de Carrasco, luego de que no enviaran patrulleros a una casa que estaba siendo robada bajo el argumento de que no había móviles disponibles. Después de ese episodio también se removió al entonces jefe de Policía de Montevideo, Diego Fernández –futuro director nacional de la Policía designado por Luis Lacalle Pou–, quien fue sustituido por Mario Layera, hombre de confianza del entonces director de Policía, el luego fallecido Julio Guarteche y, por tanto, del ministro.

Recursos como nunca, aumento de delitos como siempre

En la era Bonomi se destinaron recursos a la policía como nunca antes se había hecho. “Este gobierno ha tenido que meter una torta de guita en policías, una torta de guitas en cárceles. Maldita la gracia que nos da pero nosotros priorizamos este combate”, aseguró el entonces presidente Mujica. 

Esa “torta de guita” fue destinada a mejoras edilicias en las cárceles, a la incorporación de tecnología –se fueron instalando a lo largo de los dos períodos 8.500 cámaras de videovigilancia en todo el país– y al aumento de los salarios de los policías. Un informe publicado por Presidencia daba cuenta de que un cabo ejecutivo aumentó su ingreso mensual en 211% en nueve años. Actualmente, cobra un sueldo nominal de $ 43.186 mientras que en 2010 cobraba $14.185.

En su último discurso, por el Día del Policía el 18 de diciembre pasado, Bonomi destacó la consolidación de un "camino hacia esta nueva policía, mejor capacitada, calificada, con metodología científica, innovada sobre la base del conocimiento y la tecnología, (y) mejor remunerada". Además, resaltó el fortalecimiento de la Guardia Republicana –que adquirió carácter nacional–, la creación del Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO) que vuelca el patrullaje policial según las zonas donde se incrementa el delito.

Pese a todo ese despliegue de recursos, los resultados no acompañaron. Si bien hubo años en los que los delitos registraron descensos, a partir del segundo gobierno de Vázquez se dispararon. La violencia, los ajustes de cuentas y el dominio de bandas narcos en barrios enteros ganaron terreno, también en ciudades del interior, como San Carlos (Maldonado), Chuy (Rocha), y Minas (Lavalleja).

Pese a que una de las promesas de campaña había sido bajar las rapiñas en 30%, treparon 40% desde que el mandatario hizo esa promesa en 2014, cuando era candidato. Entre 2015 y 2018 crecieron 36,7%, mientras que los hurtos aumentaron 33,6% y los homicidios, 40%.

Bonomi ha repetido que la aplicación del nuevo Código del Proceso Penal –con las dificultades que trajo en el trabajo de la policía y los fiscales– influyó en el aumento de delitos y los datos le dan la razón. Mientras que en el gobierno de Mujica (entre 2010 y 2015) el mayor aumento de las rapiñas fue de 11% –se dio entre 2013 y 2014– y el de los homicidios había sido de 7,8% –entre 2014 y 2015–, a partir de 2017 registraron aumentos considerables. En concreto, las rapiñas crecieron 54,6%; y los homicidios, 45,8%. Aún no se conocen las cifras totales de 2019.

¿Autocrítica?

En sus discursos o en sus presentaciones en el Parlamento, en las innumerables veces que ha sido convocado, el ministro se ha dedicado principalmente a destacar logros de la gestión, pero en algunas entrevistas Bonomi ha ensayado algo de autocrítica y críticas a su fuerza política, como lo hizo días después de las elecciones de octubre, cuando dijo que la seguridad fue el principal motivo de la pérdida de votos del Frente Amplio.

"No se dio un mensaje correcto desde el Frente en la seguridad pública", dijo el ministro al programa InterCambio de M24 el 31 de octubre. Además, advirtió que la ciudadanía está dando "mensajes sobre la seguridad pública desde hace nueve o diez años" pero que "hay gente que no lo quiere ver".

"En los comités de base, militantes del Frente Amplio pedían mano dura, cadena perpetua, pena de muerte, no era el conjunto, pero lo pedían en las zonas donde estaban más necesitados, y todavía algunos sectores del Frente, cuando uno tomaba medidas fuertes, decía: 'No, no se puede estigmatizar', y la gente ahí nos decía, 'por favor, estigmatícennos'", relató.

Algo parecido a la autocrítica hizo en una entrevista con Búsqueda en julio de 2019. En esa oportunidad reconoció que le “faltaron cosas”, como desarrollar a la policía comunitaria. "Eso está pendiente y hay que hacerlo”, dijo y lo adjudicó a limitaciones presupuestales. Por esa misma razón aseguró que no se continuó con el plan Siete Zonas, que incluía a varios ministerios –Trabajo, Vivienda, Desarrollo Social e Interior– y que abordaba la inseguridad también considerando el factor social y de convivencia.

Allí reveló que pese a que la oposición lo ha acusado de estar atornillado, le había presentado la renuncia al presidente Vázquez al menos tres veces desde marzo de 2015, y la última había sido luego de la escandalosa fuga del mafioso italiano Rocco Morabito, el pasado 23 de junio, cuando huyó del edificio de Cárcel Central limando una ventana que da a un edificio vecino. 

Pese a estar en el ojo de la tormenta desde que asumió, el tupamaro se mantuvo en el cargo porque el presidente lo respaldó y porque, según sus palabras, el proceso de transformación de la policía “necesita continuidad”. 

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