Spotify y otros servicios de streaming como Apple Music han revolucionado la forma en la que los usuarios consumen música, causando un descenso en las descargas ilegales. Este invento fue originalmente ideado y patentado en 1982 por el ingeniero eléctrico alemán Dieter Seitzer.
Seitzer tomó inspiración del físico e ingeniero Eberhard Zwicker, padre de la psicoacústica (rama de la psicofísica que estudia la relación entre las propiedades físicas del sonido y la interpretación que hace el cerebro de ellas).
Zwicker descubrió que si bien el oído humano es capaz de distinguir, por ejemplo, dos tonos musicales separados por media nota o más, cuando estos dos tonos se acercan, el oído los interpreta como uno solo. En otras palabras, descubrió los límites de la percepción de nuestro oído, y que lo que oímos es solo una interpretación del sonido real.
Seitzer empezó a sospechar que los hallazgos de Zwicker podrían utilizarse para grabar música de alta fidelidad utilizando menos datos, descartando todo aquello que el oído humano también iba a descartar por sus propias limitaciones.
En 1982 Sony y Philips empezaron a comercializar el disco compacto o CD-ROM. La industria describió al nuevo formato como el único capaz de ofrecer "un sonido puro y perfecto para siempre". Seitzer, por su parte, lo consideró una exageración, ya que sabía que el oído humano no podía escuchar cada nota.
El ingeniero alemán comenzó entonces un proyecto propio para crear una máquina de discos digital o "digital jukebox" que tendría un servidor central en el que estaría alojada toda la música, y los usuarios podrían conectarse a él para elegir la canción que querían escuchar.
Para solicitar la música, los usuarios simplemente tendrían que pulsar el teclado de las nuevas líneas telefónicas digitales que se estaban empezando a implementar en Alemania. El servicio podría basarse en suscripciones, y los usuarios solo tendrían que conectar su aparato de música al teléfono.
Visto desde la perspectiva actual, Seitzer ideó el primer Spotify mucho antes de que existiera el MP3.
Si bien la patente del sistema fue presentada en 1982, esta fue rechazada por considerarse imposible. Las primeras líneas digitales eran bastante rudimentarias y los archivos digitales de las canciones eran demasiado grandes para ser transmitidos a través de ellas.
Aunque Seitzer intentó por varios años sacar adelante su sistema de streaming musical, finalmente no pudo conseguirlo.
El investigador no logró cuantificar matemáticamente las limitaciones del oído para aplicarlo a la reducción de los archivos digitales de audio, pero todo cambió cuando se encontró con Karlheinz Brandenburg, un estudiante de ingeniería eléctrica y matemáticas de la Universidad de Erlangen-Nuremberg.
"Él [Seitzer] estaba buscando un estudiante de doctorado que se ocupase del tema", declaró Brandenburg tiempo después. "Y lo tengo que admitir, yo sabía lo suficiente sobre el tema que pensé: 'Está bien, el examinador de patentes tiene razón; haré un análisis para demostrar por qué esto no es posible. Esto me conseguirá mi doctorado y luego me iré a algo real'".
Brandenburg se dio cuenta de que lo que Seitzer pedía no era del todo imposible. Combinando varias líneas de código, consiguió crear un algoritmo que eliminase los sonidos que el cerebro no iba a interpretar para reducir su tamaño. Ese trabajo dio pie a que años después Brandenburg desarrollase el códec MP3.