El comportamiento en la vida cotidiana > COMPORTAMIENTO/ ROBERTO CAVA DE FEO

Recordando nuestros viajes a Buenos Aires

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02 de febrero de 2018 a las 05:00

Los uruguayos siempre hemos viajado mucho a Argentina por motivos familiares, de comercio, de turismo. Nuestro mal denominado "paisito" posee un espléndido puerto. En las décadas de los años cuarenta y cincuenta, estuvimos muy bien comunicados con la ciudad de Buenos Aires. Sé bien y, por experiencia propia, que no es fácil explicar en nuestros días y a los más jóvenes, cómo eran las travesías en aquellos ya lejanos años. La "carrera" actual de dos horas y quince minutos, nos ha hecho olvidar un tiempo pasado.

En el porteño barrio de la Boca, se conserva un buque fondeado en el Riachuelo. Le han colocado un cartel bien visible con el nombre de "vapor de la carrera". Desgraciadamente tiene un error. Fue utilizado para unir los puertos de Buenos Aires con Colonia. Se llamaba "Ciudad de Colonia" y nada tiene que ver con los llamados "vapores de la carrera".

"Salgo esta noche en el vapor de la carrera" o "Papá llega mañana temprano en el vapor dela carrera," eran frases que escuché cuando era niño. "Carrera" era el trayecto entre dos ciudades. Sin embargo y, con los recuerdos del DerechoMarítimo", "carrera es una línea regular de navegación". Efectivamente fue así. Nuestro puerto montevideano y el de Buenos Aires estuvieron unidos por los viajes nocturnos de unos buques. Partían a las nueve de la noche y llegaban a destino a las ocho de la mañana. De "ancla en ancla" tardaban once horas. Estos términos muy jurídicos los han cambiado hoy por de "puerto a puerto." Así se lo escuché decir a una elegante recepcionista.

Los vapores que hacían la travesía no eran pequeños. Sus nombres están en nuestra memoria. Fueron entre otros, el "General Artigas", el "Ciudad de Montevideo", el "General Alvear", el "33 Orientales", el "Ciudad de Buenos Aires". Este último tenía 111 metros de eslora (de largo) y llevaba 720 pasajeros a bordo. La navegación por lo general era serena y los pasajeros descansaban en camarotes y, antes de arribar a puerto, desayunaban en el espacioso comedor. No olvido las cafeteras y las lecheras metálicas y las tostadas y el budín que se ofrecía a los pasajeros. Expresé "por lo general" porque me es imposible no mencionar una travesía en el "Ciudad de Formosa" con mucho viento y olas. Allí se cumplió aquello que honra a un buque llamándolo "muy marinero".

Cada uno de los vapores que hacían la carrera tenía encanto. Al ingresar por medio de una planchada, unos camareros muy sonrientes aguardaban a los viajeros para acompañarlos a sus "comodidades". A lo mejor, era la traducción de una palabra inglesa para que los viajeros estuvieran a gusto y con descanso. Antes, como es lógico, observaban los pasajes y los conducían hasta el camarote. Allí, para los niños resultaba atractiva la cama alta. Las personas mayores por lo general saludaban a otras. Sin embargo, muy pronto todo invitaba a un reparador sueño.

Como se hacía un viaje al extranjero, era preciso pasar por la oficina de Migraciones que se encontraba a bordo. A la mañana siguiente se facilitaba así, el ingreso de los pasajeros a un país. Atracado el buquese repetía lo de la noche anterior. Los camareros acercaban las valijas y se descendía por medio de la planchada. Después era preciso ingresar a la Aduana.

Se salía desde el "mar" y muy pronto el vapor navegaba por las aguas del Río de la Plata. Aunque no es ésta una nota cronológica, es preciso recordar que, pasados los años, hubo otros medios de transporte. Entre ellos el hidroavión, el avión, los buques rápidos,el empleo de las vías terrestres por los puentes internacionales. También entre Colonia y Buenos Aires los alíscafos, con una eslora (largo) de 27,79, emplearon durante muchos años menos de una hora en arribar a puerto.

Muy al principio, denosté el empleo de un diminutivo para nuestro país. Posee 176.215 km2. Es de justicia recordar que nuestro puerto montevideano recibió la llegada y la partida de innumerables buques a lo largo de los siglos XIX y XX. Los viajes aéreos han reemplazado en gran medida a las travesías marítimas. No obstante los llamados "cruceros,con sus impresionantes esloras, nos traen a la memoria la tan agradable navegación.

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