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Reflexiones vitales

Iba a escribir las habituales reflexiones liberales para el post semanal, pero el acontecimiento del fin de semana me ha dejado anonadado

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15 de mayo de 2012 a las 00:00

Creo que solo atinaré a escribir “reflexiones vitales”, que es lo que me (nos) ha impactado este fin de semana con el vil asesinato de un trabajador de La Pasiva. Asesinato que lleva todos los agravantes posibles: premeditación, alevosía y además sin motivo alguno excepto el de estar en el momento equivocado y en el lugar equivocado.

Me enteré a eso de las 19 horas del sábado por Twitter, cuando Subrayado anunció que iba a mostrar el video filmado por las cámaras de seguridad del local. Fue un shock ver el video aún en la pequeña pantalla del teléfono celular.

Lo ocurrido es más que conocido pero por brutal vale la pena repasarlo brevemente. Dos jóvenes (o menores, como parece ahora) ingresan al bar, se acercan al mostrador donde piden una bebida y cuando el empleado se la sirve uno de ellos le dispara a boca de jarro en el pecho, salta el mostrador roba lo que hay en caja y huye con su cómplice.

Los compañeros del joven asesinado están en estado de shock. Nadie reclamó el dinero, nadie se resistió (como recomiendan las autoridades para evitar “males mayores”, según dicen) y sin embargo un empleado de 35 años, padre de 5 hijos, fue asesinado a sangre fría.

La falta de explicación, lógica o racionalidad de la acción del asesino pega como un latigazo en el corazón de todos. Uno se queda helado de pensar hasta dónde es capaz de llegar un ser humano. Mata no por necesidad, no por defensa, no como reacción a una agresión o insulto. Mata por nada. Mata por matar, algo que los animales no hacen.

¿En qué sociedad vivimos? ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿cómo se detiene esto? No hay respuestas fáciles. No hay caminos sencillos pero algo hay que hacer, salvo que nos resignemos a terminar como en México o América Central donde la vida no vale nada.

Pero eso sí, tengamos claro que no estamos frente a un problema insoluble. Colombia parecía sucumbir ante la casi omnipotente unión del narcotráfico y la guerrilla, los enfrentó y ha mejorado muchísimo sus niveles de seguridad.

Primero de todo hay que evitar partidizar el problema. Poco ayudan las declaraciones de la senadora Topolanski de echar la culpa al gobierno de Batlle por la introducción de la pasta base. Tampoco sirve que la oposición se cebe en estos hechos para sacar rédito político. Bien han hecho muchos dirigentes de no concurrir a la marcha del lunes convocada rápidamente por las redes sociales.

Lo que hay que comprender es que hay problemas que no esperan: la reforma del INAU, la reforma del proceso penal, la reclusión de menores en lugares seguros, la reforma total del sistema carcelario que hace agua por donde se lo mire, los mecanismos de rehabilitación, la determinación de imputabilidad no en función de la edad sino de la capacidad del sujeto para comprender los efectos de sus actos. La necesidad de una presencia policial más activa en las calles de la ciudad, donde la posibilidad de encontrar policías patrullando es más difícil que la de sacar el 5 de Oro.

En el fondo, lo que funciona mal es el entramado institucional que incluye a la Policía, la prevención, la represión, la justicia, la rehabilitación, el castigo, el sistema carcelario y todo el tratamiento del menor, delincuente o no. De ahí que estas reflexiones vitales sean también reflexiones liberales. Es la libertad lo que está juego. Y ojalá que este hecho dramático e inexplicable del pasado sábado actúe como un aldabonazo en nuestra conciencia y nos lleve a acelerar el paso para hacer lo que todos sabemos se debe hacer pero nos negamos a ver. Hasta que nos toque de cerca o en carne propia.

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