Hay quienes siguen considerando a Donald Trump como una caricatura de lo que un mandatario de una de las naciones más poderosas del planeta debe ser. Otros creen que es un error de la democracia y que será la misma democracia la que se encargue de subsanarlo. Otros -aún- creen que es lo mejor que le pasó a Estados Unidos. Nunca habrá acuerdo, pero mientras tanto la era post Trump llegó a su clímax con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de revocar el derecho constitucional al aborto, que se instauró hace casi 50 años a raíz de la sentencia del juicio “Roe contra Wade”, de 1973.
El gobierno del magnate devenido en político será recordado por la inédita revuelta del 6 de enero en el Capitolio, que se investiga en estos días, pero sobre todo por esta decisión que surge de una Suprema Corte en la que los jueces elegidos por el expresidente fueron vitales para llegar a un punto que marca un antes y un después en los derechos constitucionales y no sólo de las mujeres. ¿Qué cambia? Muchas cosas, pero una se exacerba: la polarización extrema a la que se ha llegado en una nación que supo ser ejemplo de democracia incluso a la hora de inspirar constituciones, que ahora se enfrenta con violencia por derechos que van desde el aborto a las armas.
En los papeles, esta decisión de la Corte no prohíbe la interrupción del embarazo, sino que delega en cada estado y en sus legisladores la definición de sí se permitirá. Ya se sabe que hay al menos 26 estados en los que el derecho al aborto quedaría prohibido o restringido, según el Instituto Guttmacher, que realiza estudios sobre derechos reproductivos y sexuales. 22 de estos estados ya tienen leyes antiaborto que entrarían en vigor automáticamente al revocarse la sentencia. Mientras que escribo esta nota los medios de EEUU están monitoreando estado a estado los que ya lo prohíben casi automáticamente tras la caída de Roe vs Wade. Así el país quedará más dividido entre los estados rojos (republicanos) que podrán prohibir el aborto y los azules (democráticos) que lo permiten legalmente con diferentes condiciones.
Para intentar ir más allá de lo obvio en este episodio histórico, hay que entender que para los estadounidenses el aborto es hoy en día menos una cuestión de moralidad que de política, menos de religión que de ideología, menos de derechos que de poder. Como sucede con frecuencia en la política, lo que ahora podría parecer un espaldarazo para los republicanos, que en buena parte lo celebran, podría ser también un traspié en las próximas elecciones cercanas. Al menos, así lo piensa el propio Trump.
¿Qué pasó en 1973? Por una votación de 7 a 2, la Corte Suprema estableció en Roe v. Wade un derecho constitucional al aborto, lo que provocó que se debieran anular leyes en muchos estados que habían prohibido el procedimiento. El tribunal dijo que los estados no pueden prohibir los abortos antes de la viabilidad fetal, el punto en el que el feto puede sobrevivir fuera del útero. En ese momento ese límite se ubicaba en 28 semanas, pero con los avances de la medicina ahora es de unas 23 semanas.
En los años siguientes, los movimientos provida y los antiaborto siguieron luchando por lo que consideran justo y necesario, respectivamente, pero en la Corte Suprema nunca hubo una mayoría suficiente de jueces conservadores que lograra revertir la sentencia, que además fue reafirmada por otros tribunales. Trump había prometido que designaría jueces para invalidar a Roe. Los tres jueces que nombró son los que firmaron la mayoría de este fallo de 6 a 3.
Uno de los argumentos de los movimientos antiaborto es que la caída de Roe v. Wade fortalece a la democracia de EEUU, porque devuelve a los estados el derecho a decidir uno a uno sobre temas trascendentales. Esto va al fondo de teorías que dan más o menos independencia a los estados, pero si el razonamiento se lleva a un extremo (que ahora se alcanza con esta decisión histórica), sería posible en algún momento que algún estado decidiera que se vuelve a discriminar por raza, como sucedió durante décadas en varios del sur y hasta bien entrado el siglo XX.
En 1967 hubo otro caso histórico sobre el que debió dictaminar la Corte Suprema. En Loving v. Virginia (atentos al nombre, la historia no comete errores) los jueces decidieron por unanimidad que prohibir el matrimonio interracial, como todavía lo hacían 16 estados, violaba la garantía de igual protección de la Enmienda 14. “Según nuestra Constitución, la libertad de casarse o no casarse con una persona de otra raza reside en el individuo y el estado no puede infringirla”, dice la sentencia. La decisión generó polémica y fue aplicada bajo protesta por varios estados, incluyendo a Alabama, que recién en el año 2000 levantó la prohibición de su Constitución.
¿Existirá una integración de la Corte Suprema que alguna vez permitirá que vuelvan las leyes que discriminaban por raza o que prohiban el matrimonio legal interracial? Parece una distopía al estilo El cuento de la criada de Margaret Atwood.
Desde ahora habrá estados pro y anti y así se seguirá profundizando una división que cala tan hondo en la sociedad estadounidense al punto de que comienza a paralizarla, al mismo tiempo que le resta parte del poderío que había logrado en el concierto mundial por su economía y maquinaría de guerra, sí, pero también por sus decisiones relativas a derechos humanos. Mientras que en EEUU pelean por el aborto, por el racismo, por las minorías y mayorías, por el uso legal de armas de alto calibre que terminan matando decenas de niños en escuelas, China mira de reojo a la sombra cómoda de su “capitalismo estatal” en el que casi nada relativo a derechos humanos se discute.
En los hechos, las mujeres que pueden pagarlo viajarán a otros estados (algunos cerca, otros no tanto) para hacerse un aborto o recurirán a píldoras sin receta ni indicaciones médicas para evitar el viaje. Las más perjudicadas, como siempre, serán las que no puedan pagar. Cuando se filtró el borrador de esta decisión que publicó Político, un hecho inédito en lo que refiere a las decisiones de la Suprema Corte, varias grandes empresas anunciaron que comenzarían a pagar los costos de viaje para sus empleadas que trabajan en estados que prohibirán el aborto. Starbucks, Tesla, Yelp, Airbnb, Netflix, Patagonia, DoorDash, JPMorgan Chase, Levi Strauss & Co. y Reddit son algunas de esas empresas que, en su afán por ayudar a las mujeres, abren otra grieta.
En la sentencia que anuló Roe v. Wade, el juez Clarence Thomas, fue más allá del aborto. Allí expresó que la misma razón que utilizó la Corte Suprema para declarar que no existía el derecho al aborto también debería utilizarse para revocar casos que establezcan los derechos a la anticoncepción, las relaciones consensuales entre personas del mismo sexo y el matrimonio entre personas del mismo sexo. De nuevo puede parecer una distopía, pero la historia demuestra que todo es posible, en particular si las conquistas son relativamente nuevas.
A corto plazo, esta decisión incidirá negativamente en el bienestar financiero de las mujeres, pero también tendrá sus consecuencias en toda la sociedad. Mientras que muchos luchan por cerrar las disparidades salariales entre mujeres y hombres, mientras que se intenta ampliar el acceso al cuidado infantil para que las mujeres puedan integrarse al mercado de trabajo, aumentará la cantidad de mujeres que deben dejar de estudiar o de trabajar y que necesitarán subsidios estatales, porque llevan adelante embarazos no deseados.
Una investigación de la Brookings Institution de 2021 señaló que una “penalización salarial por maternidad” y el alto costo del cuidado de los hijos pueden generar más tensiones en una economía ya desafiada.
“Es un hecho de ideología extrema y un trágico error de la Corte Suprema en mi opinión” dijo el presidente Joseph Biden. “Hoy ganó la vida”, dijo el exvicepresidente de Trump, Mike Pence, quien se encamina hacia la candidatura presidencial para 2024. A Trump, en tanto, le preocupa molestar más aún a las mujeres de los suburbios y provocar una reacción violenta contra los republicanos en las elecciones de mitad de período de noviembre. Pierde la libertad. Pierde la sociedad toda.