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3 de febrero 2020 - 5:00hs

Con una economía que crece muy poco desde hace varios años, un déficit fiscal en torno del 5% y un empleo que no reacciona y sigue cayendo, con un desempleo que se sitúa por encima del 9%, el consenso entre economistas independientes, gobierno actual y entrante es que la gran prioridad para los próximos años en Uruguay es retomar los niveles de crecimiento económico.

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice Medio de Salarios Nominales (IMNS) de enero a diciembre de 2019 aumentó 8,57%, lo que implicó que por primera vez en los últimos 15 años se registró una caída del salario real (la inflación se ubicó en 8,79%).

Ante esta situación, uno de los desafíos que se plantean para el próximo gobierno radica en si ante un escenario que continúe en un estancamiento de la economía, como ocurrió durante 2019 –cuando los salarios crecieron moderadamente–, la actividad uruguaya va a ser capaz de poder crear nuevos puestos de trabajo o el desempleo seguirá subiendo.

El director de Vixion Consultores, Aldo Lema, señaló que en la actualidad Uruguay tiene “una economía mediocre, sin crecimiento del producto, sin crecimiento en los salarios y tampoco en el empleo, lo que configura un escenario muy complejo”.

Por su parte, en reciente entrevista con  El Observador, el economista Pablo Rosselli planteó que es necesario “lograr una desindexación parcial de los salarios a los niveles pasados de inflación”, lo que explicó puede implicar en el corto plazo la pérdida de salario real.

“La economía está atrapada hoy en un equilibrio de bajo crecimiento económico, baja rentabilidad empresarial e inversión, además de un dólar demasiado bajo. En la medida que tengamos el 100% de los salarios indexados a la inflación, el proceso de corrección de precios relativos va a ser lento. Y en la medida que ese ajuste sea lento, el crecimiento económico va a demorar en volver a un modo sostenible y significativo, y la pérdida de empleos puede continuar un tiempo más y vamos a demorar en ver un escenario de reactivación del mercado laboral. Llevamos cinco años consecutivos de pérdida de puestos de trabajo. No hay ninguna economía que funcione sobre la base de perder empleos todos los años”, apuntó Rosselli.

Diego Battiste

En tanto, Lema dijo que aunque los salarios en Uruguay no han reconocido aún completamente el escenario de menor crecimiento, lo más probable para 2020 es que a impulso de la inversión de UPM 2 la economía uruguaya crezca en torno al 2%, pero que si el gobierno electo valida “aumentos salariales parecidos a los de ese crecimiento, de nuevo se va a tener un empleo estancado”.

El economista explicó que hoy la tasa de desempleo “subyacente” es más alta que la efectiva (9%), dado que los números de desempleo que se dan a conocer están “amortiguados” por la gente que dejó de buscar trabajo, a razón de que la situación económica se mantiene débil.

“El crecimiento que se prevé para 2020 (en torno del 2%) hace pensar que esas personas pueden volver a buscar trabajo, lo que va a implicar que, a pesar de que la economía se recupere, los datos de desempleo no bajen. Si el próximo gobierno se plantea llevar la tasa de 9% a 7%, la creación de empleo debería absorber esos dos puntos, más las personas que se vuelven económicamente activas y las que vuelvan al mercado a buscar trabajo. El desafío de crear empleo es en realidad cercano a los siete puntos”, apuntó Lema.

Para volver a generar empleo, explicó, se necesita entonces un mayor crecimiento económico, como se dio desde 2004 a 2014, y que los salarios reales suban por debajo de lo que lo hará la economía, para “que parte del crecimiento del producto vaya a salarios reales y otra parte a la creación de empleo”.

El economista aseguró que esta disyuntiva o contradicción entre empleo y salario es el tema "más relevante" a futuro: "cuanto menos es la diferencia entre crecimiento y salario real, menos la creación de empleo”.

Apostar a la productividad

Por su parte, el director del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, Milton Castellano, apuntó que desde la central el dilema nunca fue “empleo versus salario”.

Castellano entiende que en Uruguay está comprobado históricamente que el salario nunca ha sido el factor determinante en la perdida de puestos de trabajo. 

“No estoy diciendo que no tenga alguna influencia, pero la variable empleo no está ligada en la mayoría de los casos de la industria nacional a que los salarios sean muy altos. Hay un tema mucho más relevante, que tiene que ver con la caída de la inversión, particularmente en la industria manufacturera o en la construcción. Es un falso dilema plantear la prioridad de uno sobre el otro”, aseguró.

Para la central, el desafío del empleo en Uruguay hoy no está en bajar los salarios, sino que hay tres componentes más relevantes: la inversión, el factor productivo y el consumo interno.

A su vez, el investigador del  Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), Diego Aboal, dijo a El Observador que la mejora de la productividad tiene que ser una prioridad para el país, ya que para tener “subas sostenidas y a largo plazo del salario real el foco tiene que estar puesto allí”.

Explicó que hay varias formas de lograrlo, con intervenciones que tienen que enfocarse más a nivel de empresas o de mercados, mejorando la competencia.

“En el largo plazo una política de rebaja salarial no tiene ningún sentido. Sí quizás en el corto plazo, pero tampoco creo el gobierno vaya a tener el poder de imponer algunas cosas. El foco fuerte debe estar en la mejora de la productivida con alta capacitación a los trabajadores”, apuntó.

Sin embargo, algunos problemas que tiene Uruguay para encarar una situación compleja, en cuánto a la tensión entre salario y la creación de empleo, radica en que no hay buenas mediciones sobre la productividad, la poca información sobre la rentabilidad de las empresas y su falta de madurez en los sistemas de negociación, indicó Aboal.

“Uruguay es un país en donde hay un poco de recelo de mostrar cifras. Lo ideal sería un sistema en donde empresarios y trabajadores pudieran sentarse a dialogar. A partir de una coyuntura particularmente recesiva, haya  un compromiso de no despedir gente por parte del empleador, mientras que desde la otra parte se esté dispuesto a tolerar un aumento salarial por debajo de la inflación. Pero este tipo de negociación requieren un cierto nivel de confianza entre empresarios y trabajadores, para manejar alternativas que puedan funcionar de forma coyuntural”, señaló el economista.

Para Lema, este tema es central en los próximos años debido a que, según él, un factor de malestar social y de impacto en sectores de ingresos medios y bajos es el empleo, la evolución del salario real y del mercado laboral.

“Este desafío, que de alguna manera está pasando a un segundo plano, es clave. El principal  desafío del nuevo gobierno es volver a tener una alta y sostenida tasa de crecimiento económico para que eso impacte en la dinámica del empleo y el mercado laboral. No está dimensionada aún la magnitud de haber perdido 60 mil empleos en cinco años, con lo que se volvió al nivel de ocupados de 2011”, resumió. l

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