Opinión > OPINIÓN

Sanguinetti y Vázquez (al unísono)

Ningún partido capta sin honrar sus tradiciones 

Tiempo de lectura: -'

06 de marzo de 2019 a las 05:01

Viernes 1° de marzo. Los dos líderes políticos más influyentes desde la restauración de la democracia en 1985 volvieron al primer plano a la vez y se disputaron el protagonismo mediático. El mediodía correspondió a Julio María Sanguinetti. De noche fue el turno de Tabaré Vázquez. Sanguinetti, desde su casa, anunció que será precandidato a la presidencia por el Partido Colorado. La última vez que compitió ganó. Claro, fue hace nada menos que un cuarto de siglo. Desde entonces, pasó mucha agua bajo el puente. El PC, desde entonces, perdió casi las 2/3 partes de su apoyo. Vázquez, desde un Antel Arena prácticamente colmado de militantes frenteamplistas, y luego de tener durante años un bajísimo nivel de protagonismo en el debate público, transformó la “rendición de cuentas” (que debería hacerse siempre, por respeto a la República, ante el Parlamento) en el lanzamiento de la campaña electoral de su partido. 

La competencia mediática del viernes pasado entre ellos es mucho más que una pulseada personal. Es apenas la punta del iceberg de uno de los procesos políticos que más profundamente transformó el escenario político-electoral de nuestro país a lo largo de las últimas décadas: me refiero a la progresiva sustitución del tradicional liderazgo batllista por el frenteamplista en el generoso espacio político ocupado, desde hace un siglo, por la socialdemocracia en Uruguay. Batllismo y frenteamplismo tienen profundas diferencias derivadas de sus principales fuentes doctrinarias. No es lo mismo krausismo que marxismo: ambas doctrinas tienen visiones muy diferentes respecto a asuntos tan importantes como la propiedad privada, el papel del Estado o la libertad política. Pero tienen en común la vocación por la construcción política de la igualdad social. Más allá de estas diferencias, el frenteamplismo vino a desempeñar el mismo papel histórico que el viejo batllismo: (i) conciliación de crecimiento económico capitalista con distribución del ingreso y (ii) vanguardia moral. 

El renovado protagonismo de Sanguinetti y Vázquez presenta una analogía adicional. Ambos partidos están en apuros. El PC tuvo 150 años brillantes: jugó un papel decisivo en la construcción del Estado, primero, y del Welfare State, después. Sin embargo, a partir de la crisis de 2002 y de la elección de octubre de 2004 cayó en desgracia. El Partido Nacional lo desplazó al tercer lugar y, pese a la apuesta por la renovación de liderazgos encarnada especialmente en Pedro Bordaberry, no ha logrado volver a crecer. Comparado con los de los colorados, los problemas de los frenteamplistas no son tan graves. Sin embargo, sobran razones para concluir que este año el FA corre un serio riesgo de perder la hegemonía política de la que viene disfrutando desde 2005. Promesas incumplidas (impuestos, seguridad), problemas serios que no han sido resueltos (educación), caída de la inversión y del crecimiento económico (la microeconomía está bajo presión), denuncias de corrupción, entre otros elementos, componen un escenario de alto riesgo para el partido de gobierno.

Sanguinetti y Vázquez se ponen sus respectivos equipos al hombro tomando nota de esta situación. Ambos están llamados a recurrir a la misma estrategia: la defensa de las épocas que encarnaron y de las políticas públicas que lideraron. El declive electoral del PC tiene causas muy profundas. Pero una de sus explicaciones es que, desde 2004 a la fecha, los colorados no han defendido con energía lo que genérica y generosamente podemos llamar “su obra”. Desde que Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle salieron del primer plano en adelante (es decir, desde el 2004), los colorados fiscalizan al FA, pero no asumen con el mismo entusiasmo la abogacía de lo hecho desde 1985 en adelante. Sanguinetti, dos veces presidente, figura clave en la transición a la democracia y, a su manera, en el nuevo equilibrio entre Estado y Mercado consagrado en los noventa, está llamado a tener un papel decisivo en la construcción de ese discurso. Ya lo ha hecho en alguno de sus libros. Ahora está obligado a hacerlo en sus discursos de campaña.

Tabaré Vázquez no es candidato a la Presidencia. No le corresponde a él, sino a los precandidatos frenteamplistas, hablar del futuro. Pero basta saber contar hasta dos para entender que ha sido el protagonista principal de la Era Progresista. En este sentido acotado, muy específico, pero al mismo tiempo fundamental, está llamado a jugar un papel de relieve en este ciclo electoral. Si mi interpretación es correcta, lo que vimos el viernes pasado no es más que un anticipo de lo que vendrá hasta fines de noviembre. A la defensa de los resultados obtenidos en 15 años se sumarán, más temprano que tarde, otros dirigentes fundamentales como Danilo Astori y José Mujica. Por cierto, es muy probable que el énfasis de la “guardia vieja” en la defensa de la obra del FA derrame sobre dirigentes y militantes, en la publicidad y en las redes sociales. En suma: aunque sus precandidatos proclaman, cada uno a su manera, con mayor o menor insistencia, la necesidad de la “renovación”, el discurso del FA terminará ofreciendo una mezcla potente de defensa de la gestión realizada con promesa de innovación. 

Desde luego, para conquistar el favor de los electores no alcanza con la persuasión “retrospectiva”. Siempre debe haber un componente “prospectivo”. Pero ningún partido capta apoyo sin honrar sus tradiciones y principios, sin hacer circular argumentos que expliquen sus aportes y políticas. Los colorados no podrán recuperar espacio en las preferencias ciudadanas sin hablar de su legado. Los frenteamplistas no podrán retener el poder si dedican más espacio del razonable a ser autocríticos. Nadie vota a un partido que no se atreve a defender su propia gestión. 

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...