4 de septiembre de 2021 5:04 hs

Por Miguel Noguez y Andrés Oyhenard 

La economía uruguaya muestra varias señales positivas que permiten pensar que el ritmo de actividad está de a poco consolidando una reactivación, tras el golpe dado por la pandemia. De todas maneras, la economista de la consultora Exante, Tamara Schandy, advierte  que hay razones para tomar con cautela esos avances. Por otro lado, se refirió a  la importancia de gestionar adecuadamente el balance entre los objetivos de resultado fiscal, inflación y recuperación del empleo.  Según dijo “hay un riesgo en ir muy rápido hacia un objetivo de caída de la inflación muy acelerada” en los próximos meses. “Avanzar hacia una reducción aun mayor en un período corto y tener una política monetaria muy  agresiva arriesga obstaculizar la recuperación que está teniendo la economía”, alertó. La situación del mercado de trabajo, la negociación salarial, el clima de inversiones y la situación de competitividad con los países de la región son otros puntos  a los que se refirió Schandy en entrevista con El Observador.

El gobierno mantiene una proyección de crecimiento de 3,5% para el año, por encima de las proyecciones privadas (2,7% en mediana según última encuesta del BCU).  ¿Qué proyecciones manejan en Exante?
En estos meses más recientes la evolución de la pandemia permite ser más optimista respecto al desempeño que va a tener la economía. Hay varios indicadores parciales que hacen a la dinámica del sector externo que están siendo muy buenos. No solamente que las exportaciones y las importaciones retomaron sus niveles precovid, sino que están altos desde una perspectiva de lo que han sido los parámetros de los últimos años. Y no hay tantos datos disponibles respecto a lo que es demanda interna, pero en Exante compilamos algunos indicadores parciales de fuentes privadas y tenemos al gasto con tarjetas de crédito y débito que está creciendo, que retomó sus niveles prepandemia, pero que casi que está en sus niveles de tendencia previos al covid. Tenemos a las ventas de los supermercados, a las ventas de los shoppings que todavía no están en los niveles  prepandemia, pero que se han recuperado de manera importante. Todo eso hace pensar que probablemente cuando se conozca el dato del PIB del segundo trimestre (22 de setiembre) haya un sesgo al alza respecto a lo que estábamos estimando en nuestra proyección para el conjunto del año, que hoy es de 2,7% de crecimiento. Naturalmente tenemos menos datos macroeconómicos de qué pasó con el sector de servicios, educación y otros sectores de servicios que seguramente van a mostrar un dato malo, pero estamos teniendo un desempeño mejor en lo macro. Ahora, si bien tenemos una coyuntura de crecimiento y muchos indicadores de que la economía está ganando tracción, hay tres comentarios de cautela para hacer respecto a eso.

¿Cuáles son esos comentarios?
Uno es que todavía estamos con mucha disparidad sectorial. La economía se está recuperando a distintas velocidades con sectores que lo están haciendo mejor, y otros que todavía tienen problemas relevantes. Desde la macro tenemos problemas de competitividad con la región y eso afecta la perspectiva de todo lo relacionado al comercio de frontera y de los sectores asociados al turismo, a pesar de que estamos ante una inminente apertura de fronteras. Un segundo punto es que la recuperación del empleo viene muy de atrás respecto a la recuperación de la economía, y eso es algo que se condice con un mercado de trabajo que ya mostraba problemas antes del shock del covid con pérdida de empleos desde 2014. De alguna forma, eso condiciona las expectativas respecto a la recuperación de la demanda doméstica. Y el tercer punto es que Uruguay está creciendo y probablemente va a tener una buena segunda mitad de año, pero no lo está haciendo particularmente bien en la comparación internacional. El año pasado caímos más que el mundo y en esta  primera parte de 2021 nos recuperamos, pero todavía no alcanzamos los niveles de 2019 cuando hay muchos países que sí lo han hecho. Uruguay tiene, sin dudas, un panorama económico mucho mejor que el que tenía algunos meses atrás, pero es un panorama económico que no está exento de riesgos, y que si se mira en el contexto de cómo está siendo la reactivación del resto del mundo no es un escenario particularmente fuerte.

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El mercado laboral continúa mostrando un desempeño relativamente pobre y de rezago. ¿Faltaría algún incentivo extra del gobierno para ayudar a darle más dinamismo a la recuperación?
El problema de la falta de empleo tiene múltiples causas. Hay causas que van más a temas estructurales de habilidades, de competencias, de lo que surge del sistema educativo y de la capacidad que tiene el sistema de procesar a tiempo la recalificación de los trabajadores. Pero también hay temas macro que han incidido en la evolución del empleo antes del covid-19. Me refiero a un tema de desbalance relativo entre el ritmo de crecimiento  del salario real y el ritmo de crecimiento de la productividad; y a la institucionalidad en torno al mercado de trabajo, que en algunos temas impone rigideces que desalientan la contratación. En Exante medimos el clima de expectativas de los empresarios  y hace mucho tiempo venimos recogiendo una reticencia importante a contratar más trabajadores. ¿Cómo favorecer o mejorar la perspectiva del empleo? Si el problema es multicausal, también la solución probablemente involucra muchas dimensiones. También hay que abordar reformas que pasan por no descuidar la macroeconomía. El balance entre los objetivos de resultado fiscal, de inflación, y de recuperación del empleo hay que irlo gestionando. Y si tenemos objetivos de resultado fiscal, y  de reducción rápida de la inflación, eso puede relegar el empleo y dejarnos con una velocidad de recuperación poco satisfactoria.

Diego Battiste Dijo que es probable terminar con una inflación por debajo del 6% en 2022.

¿Eso está pasando ahora ? 
Antes del covid-19 Uruguay estaba creciendo menos de 1% anual. Si se mira el período 2016-2019 Uruguay no creció ni siquiera 1% anual en el promedio. En su momento enfatizamos que la política económica tenía dos desafíos. Por un lado abordar los desequilibrios macroeconómicos y avanzar en  reformas de mediano plazo. La coyuntura covid-19 marcó cambios de prioridades y Uruguay igual optó por mantener un foco fuerte en el control de las cuentas públicas. Hubo ajuste fiscal por fuera de lo que son los gastos covid-19. Eso le permitió preservar el grado inversor y obtener financiamiento a tasas bajas. Fue a costas de un menor soporte a la actividad económica, y no en vano Uruguay cayó más que otros países el año pasado y está teniendo todavía un desempeño inferior al de otros países. En términos de las elecciones de los objetivos de políticas públicas está el tema fiscal por un lado, pero está el  tema de la inflación y de la velocidad con la que la bajamos como otro de los puntos importantes, y que se pueden terminar tensionando con el objetivo de recuperación de la economía. ¿Por qué lo digo? Lo digo porque coincidimos plenamente en el mensaje de las autoridades, y en particular del Banco Central de  la importancia de bajar la inflación, de tener una moneda de calidad. Pero nuestra visión en Exante es que hay un riesgo en ir muy rápido hacia un objetivo de caída de la inflación muy acelerada en los próximos meses. Nuestras proyecciones apuntan a que la inflación bien puede terminar el año que viene por debajo de 6%. Nos parece que señalizaría un camino de progresiva reducción de la inflación, pero avanzar hacia una reducción aun mayor de la inflación en un período corto y tener una política monetaria muy  agresiva arriesga obstaculizar la recuperación que está teniendo la economía; ya sea por la vía de la competitividad o por la vía del encarecimiento del crédito en pesos. En particular, si la política monetaria se hace muy agresiva en un momento donde la política fiscal de por sí es contractiva, entonces el objetivo de actividad y empleo de alguna forma queda librado a lo que suceda con la actividad a fuerza de los impulsos que nos pueden venir del resto del mundo y los impulsos que pueda haber de la mano de la inversión.

¿Qué expectativa tiene respecto a los próximos movimientos de tasa de interés que hará el BCU?
Estábamos esperando el aumento (subió de 4,5% a 5% en agosto) y nos parece que tiene que seguir habiendo sucesivos aumentos. Pero nos parece que en el actual escenario de recuperación todavía débil y heterogénea por sectores ese proceso se recorra con gradualidad, y que la baja de la inflación se dé también con gradualidad. Anteponer el objetivo de una reducción rápida de la inflación arriesgando eventualmente traer problemas de competitividad o encarecimiento prematuro del crédito sería inconveniente en la situación actual. En Uruguay el canal cambiario es particularmente importante y probablemente es uno de los principales canales por los cuales opera la política monetaria, aunque no sea el que está hoy en el foco del debate público. Si el canal cambiario es fuerte, nos parece que la suba de la tasa tiene que ser progresiva y cautelosa, porque estamos con una economía que está operando todavía por debajo de sus niveles de tendencia. La rentabilidad del sector exportador probablemente está más a salvo con este contexto de precios que estamos teniendo, pero el turismo, el comercio regional  y otros exportadores que no son del núcleo agroindustrial probablemente se resentirían con un dólar más planchado. Bajar más rápido la inflación también eventualmente puede traer dificultades en el plano del mercado de trabajo. Estamos entrando en una nueva ronda de negociación colectiva de salarios, donde probablemente se van a pactar ajustes nominales. Si la desinflación termina siendo sorpresivamente fuerte, el aumento del salario real resultante de esos convenios puede terminar siendo distinto al que se estableció por diseño, y eso de alguna forma tampoco ayudaría a la recuperación del mercado de trabajo. Pensamos que vamos  a seguir teniendo suba de tasas. El BCU ha dicho que su tasa neutral es de 2% real. En esta coyuntura económica tiene sentido que no lleguemos con los sucesivos aumentos a tener una tasa que sea positiva en términos reales en 2%. 

“La rentabilidad del sector agroexportador está más a salvo con este contexto de precios. Otros exportadores probablemente se resentirían con un dólar más planchado”

¿Qué evaluación hace en general de los lineamientos dados por el gobierno para la negociación salarial que está en marcha en el sector privado?
Parecen consistentes con la necesidad de  promover una recuperación del salario real que sea relativamente moderada, que tenga atención a la situación de debilidad que tiene el mercado de trabajo. Nos parece una pauta relativamente consistente con el objetivo de ir moderando el ritmo nominal al que crecen los salarios para ayudar a  la convergencia de la inflación a niveles más bajos. Su resultado final va a depender de que las negociaciones transcurran alineadas a esa pauta y a la velocidad con la que baje la inflación.

Hay un punto de ese lineamiento que plantea el correctivo por inflación recién a los 24 meses. ¿Ve viable que los sindicatos lo acepten?
Pasa por la credibilidad de los objetivos de inflación. En Exante pensamos que es creíble una trayectoria de baja y que una pauta de esas características debería funcionar. Lo cierto es que llegamos a la negociación con una inflación que si uno mira para atrás ha sido sistemáticamente más alta que los anuncios, y por lo tanto es perfectamente comprensible que allí haya elementos de discusión.

¿Cómo está viendo el clima de inversión para Uruguay?
En general las conversaciones con nuestros clientes son en una clave notoriamente más positiva de un tiempo a esta parte. Uruguay tiene un atractivo importante respecto a otros países de la región. Estamos viendo el escenario bastante más movido en términos de  fusiones y adquisiciones. Hay un movimiento bien  distinto al del año pasado, pero en particular si uno mira el contexto macro,  el aumento de la inversión el año que viene va a ser moderado. Probablemente a medida que avance el proyecto de UPM, va a hacer que la inversión mirada en su conjunto quizás hasta pueda caer. Las expectativas de inversión son relativamente moderadas. Uruguay todavía sigue siendo un país relativamente caro y tenemos por delante el desafío de esclarecer, dado el tamaño que tenemos, el ritmo al que va a crecer nuestro mercado. El gobierno debería aprovechar el respiro que da la situación sanitaria para empujar decididamente algunas de las reformas más estructurales que traía en su agenda; y que pueden hacer a la consolidación de una expectativa de que Uruguay no solamente es diferente a otros países de la región en cuanto al marco de institucionalidad y reglas de juego, sino que también ofrece por delante una perspectiva de crecimiento atractivo de la economía.

Diego Battiste La coyuntura del sector agroexportador está mas a salvo con los precios actuales.

El tipo de cambio real con Argentina está en mínimos históricos. ¿En ese contexto qué perspectiva tiene la próxima temporada de verano? 
Está instalada la expectativa  en la industria de que la apertura de fronteras le va a traer aire al sector turístico. Eso probablemente sea así porque va a haber un contingente sobre todo de argentinos o de público regional menos sensible a precios que va a terminar viniendo. Pero hay dos elementos. Uno es la situación de competitividad con respecto a  Argentina que está sumamente deteriorada. Estamos más caros que incluso en temporadas anteriores antes de la pandemia, en donde ya de por sí estábamos caros. Y el otro punto es a cerca de los visitantes extrarregionales. El turismo en el mundo  ha repuntado, pero todavía la actividad a nivel global está lejos de recuperarse  a niveles normales.  La expectativa que debe tener Uruguay respecto a la posibilidad de captar turistas del resto del mundo todavía debería ser moderada. La proyección para el sector es que vamos a ver una recomposición de los ingresos de divisas, pero no a los niveles que teníamos en años previos, y con el riesgo de que en la medida que también se recupere el turismo emisivo y los uruguayos gastemos en el exterior, el saldo neto de divisas por turismo seguramente no va a ser favorable  a Uruguay en la magnitud que lo era en años anteriores.

¿En general qué puede esperar Uruguay del lado de Brasil?
Tuvo un rebote importante y hay expectativa de que crezca en la segunda parte del año. Al igual que con Argentina hemos tenido un deterioro importante de la competitividad. Brasil está muy barato en dólares, de hecho el nivel de competitividad bilateral está en niveles peores incluso a los que se tuvieron en 1999 cuando Brasil devaluó y Uruguay todavía estaba con su banda de flotación. Así de grave es la diferencia de competitividad. Y Brasil está siendo castigado por los mercados internacionales con una devaluación de su moneda que ha sido muy fuerte, donde se combinan dos elementos. Por un lado, cierto nivel de incertidumbre a nivel político. El año que viene es año de elecciones y el panorama político es bastante abierto con encuestas de opinión pública que están dando como altamente probable una victoria de Lula da Silva en cualquiera de los  escenarios de segunda vuelta, pero todavía con un escenario muy abierto. Y por otro lado, hay una situación de incertidumbre respecto a la parte fiscal. Brasil venía de muchos años de cuentas públicas muy deterioradas, de un proceso de ajuste fiscal. La llegada del covid-19 le significó un retroceso en su camino de ajuste. Tienen una deuda pública alta, una carga de amortizaciones y de intereses muy elevada. Por lo tanto la mirada del resto del mundo hacia Brasil siempre tiene en el fondo cierta duda acerca de cuán sostenible es el nivel de déficit y de deuda. La incertidumbre en el plano político y en el plano fiscal es lo que hoy nos deja un Brasil barato y con dudas respecto a cuál es su tasa de crecimiento tendencial. 

La lectura general que puede hacerse del trabajo realizado por Exante sobre  el impacto del covid-19 en las empresas uruguayas, es que el grueso de las empresas sorteó bastante bien la pandemia. Más del 50% tuvo un resultado superior a 2019. ¿Le sorprendieron esos datos?
A nivel general y empezando por las ventas de las compañías -es una muestra de empresas grandes y medianas-, la caída de las ventas en términos reales estuvo bastante alineada con la caída del PIB. Desde ese punto de vista no hubo grandes sorpresas. También fue consistente lo que observamos a nivel de qué sectores tuvieron un desempeño menos favorable y cuáles tuvieron los impactos más fuertes. Por ahí fue bastante intuitivo. Creo que los resultados  más interesantes, porque en Uruguay es quizás lo que se conoce menos respecto al desempeño de las empresas, es lo que se ve cuando uno empieza a bajar en el estado de resultados de las compañías y empieza a ver qué pasó con el margen bruto de las  empresas ante las caídas de las ventas. Ahí lo que se ve es que las empresas tomaron sus acciones para enfrentar el contexto recesivo, hubo un menor volumen de facturación, pero con un margen bruto que en muchos sectores aumentó, y con un ajuste de costos de estructura para enfrentar el escenario de menor demanda. Así se llega a que hubo empresas que lograron tener resultados  mejores que los que habían tenido incluso en años anteriores. No deja de ser cierto que hay una proporción relevante  de empresas que directamente perdieron dinero el año pasado. Hay diversidad a nivel sectorial, hay diversidad a nivel del tamaño de las empresas. Hubo un impacto fuerte, pero hubo empresas resilientes que operaron ante el contexto de recesión y que terminaron con un castigo de sus resultados menor al que eventualmente podía presumirse.

Varias empresas arrastran desde hace mucho tiempo problemas de rentabilidad. ¿La crisis del covid-19 fue quizás una oportunidad para que muchas corrigieran ineficiencias y que eso de aquí en más pueda traducirse en mejores niveles de rentabilidad?
Hubo un ajuste de costos de estructura. La caída en el conjunto de las empresas analizadas en términos reales fue de 6%, en gastos de administración y ventas, pero obviamente con diferencias entre sectores. Obviamente los ajustes fueron más grandes en sectores que vieron caídas más relevantes de sus ventas, típicamente la actividad comercial que fue muy impactada. Eso eventualmente puede ser un diferencial para encarar en forma diferente la nueva fase del ciclo que se viene.

Perfil
La economista Schandy es socia de la consultora Exante y tiene más de 15 años de experiencia profesional. Ha liderado proyectos de consultoría económica para los principales bancos y empresas que operan en Uruguay. Su área de práctica también incluye valuaciones y asesoramiento en fusiones y adquisiciones.

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