12 de agosto 2021 - 5:01hs

Por Ricardo Pascale*.

En un reciente libro que publiqué, “Del Freno al Impulso”**, comienzo el prólogo con una frase de Schumpeter, del año 1911, que dice:

“En la naturaleza de las innovaciones está implícito el vértigo de emprender grandes cambios para poder dar grandes saltos. El mejor camino para que una nación se proyecte mejor en el futuro es que definitivamente asuma que solo innovando podrá alcanzar a los países más prósperos”.

Me pareció un buen comienzo.  Economistas, de gran trayectoria consideran que el siglo XXI es su siglo.

Más noticias

Summers señala: “El economista más importante del siglo XXI podría resultar no ser Adam Smith o Keynes, sino Schumpeter. Una de las contribuciones más importantes de Schumpeter fue el énfasis que puso en el tremendo poder de la innovación y la iniciativa empresarial para impulsar el crecimiento a través de un proceso que él describió como ‘destrucción creativa’”. 

Para J. Bradford DeLong: Si el siglo XX, fue el de Keynes, el siglo XXI sería el de Schumpeter.

Algunos rasgos económicos estilizados.

Uruguay muestra un rezago comparado en su PIB per cápita no solo con países de larga tradición tecnológica e innovadora sino con otros como el caso de Australia, Singapur, Nueva Zelanda, Finlandia, que hasta no hace mucho, tenían en algunos aspectos, rasgos pastoriles. Se produce así una creciente divergencia con países con los que nos asimilábamos hacia los años cincuenta del siglo pasado.

Enrique V. Iglesias decía en 1965: «El país tiene ante sí un estancamiento que responde a causales de fondo. Este hecho relativiza todo lo que quiere hacerse por el uso de un solo instrumento de política».

El futuro, no está en el debate

Es que el futuro no siempre abordado, nos interpela. Un futuro nublado, por el corto plazo. La coyuntura ocupa el debate. Un corto plazo que, no debe descuidarse, obviamente, en sus equilibrios macro y en el mantenimiento de la confianza. Pero solo si se conoce cuál es la estrategia a más largo plazo, el corto tiene verdadero sentido. Estos equilibrios son condición necesaria para crecer, pero en la tercera década del siglo XXI no son condición suficiente.

Uruguay no se relaciona bien con el futuro.

No tenemos un buen acuerdo entre los legados del pasado, las prioridades del presente y los desafíos del futuro.

Y, las transformaciones de las sociedades van de la mano de cuánto y cómo piensan en el futuro.

La decisiva productividad

La productividad, (la eficiencia con que los factores de producción dan lugar a los productos) es decisiva.

La tasa de crecimiento económico, puesto sintéticamente es: crecimiento económico = tasa de crecimiento de la oferta de recursos (por ejemplo, capital y trabajo) + tasa de aumento en la PTF, (Productividad Total de los Factores). 

La PTF, es uno de los residuos más conocidos y cruciales en economía. La productividad es la única fuente sostenible de crecimiento económico a largo plazo.

Sin su incremento, una economía se detendrá lentamente y puede ir al estancamiento. Uruguay ha mostrado en el tiempo baja PTF, cuando no negativa.

Alternativas futuras

Una primera, la de un país donde en los próximos años no pase nada radical, disruptivo, ni favorable ni desfavorable, persistirán las tendencias de hoy. 

Esto es, un crecimiento de largo plazo lento, con ciclicalidades, un rezago relativo y una divergencia creciente entre los niveles de bienestar de los uruguayos y el de los países con los cuales debemos compararnos.

En una situación de este tipo, la política económica seguirá aproximadamente como hasta ahora, sin grandes novedades. 

Hay una segunda posibilidad, más promisoria para Uruguay, un país con una producción altamente sustentada por recursos naturales, con industrias de baja y media tecnología, que la hacen muy dependiente de los precios y cantidades, y por tanto sujeta a fluctuaciones cíclicas muy marcadas, con un mercado doméstico reducido y una población que, mejora su nivel sanitario y otras variables demográficas.

Esto último es un peso cada vez más importante en las finanzas gubernamentales y abona en el sentido que se encuentre en la imperiosa necesidad de definir un camino diferente para que su población mejore sus niveles de bienestar.

La primer estrategia no lo va a lograr. No podemos darnos por vencidos.

La segunda implica ingresar con pasión y talento, en una economía cada vez más basada en el conocimiento. Es un camino duro, pero esperanzador. La evidencia empírica muestra que no hay país desarrollado en el planeta, que no haya ingresado en la economía basada en el conocimiento.

Se podrá avanzar en fases sucesivas y reducirán nuestra diáspora, e involucrando al capital humano propio en el exterior. Esta es la estrategia que reclama el tempo que vivimos.

En ella, la productividad y competitividad deberán jugar un papel clave.

Se necesitará de altas dosis de conocimiento y su aplicación útil para así llegar a aumentar la PTF, para crecer y desarrollarse. Este debe ser un crecimiento inteligente, esto es que tenga la mejor innovación posible; un crecimiento sostenible, es decir más verde; y ser un crecimiento inclusivo, o sea que disminuyan las desigualdades entre los habitantes del país.

Este camino requiere desde consensos sólidos entre los colectivos interesados, hasta cambios y mejoras profundas en la educación y un rol potente de la ciencia, la tecnología y la innovación en la producción.

Uruguay está preparado para ingresar, en forma perentoria y decidida, evitando, obviamente, los riesgos que podría comportar, en una economía más y más basada en la aplicación económica del conocimiento. El libro, que propone este camino, se recuesta en la máxima de Keynes: “prefiero estar aproximadamente en lo cierto, que exactamente equivocado”.

Los uruguayos tenemos la palabra, sobre qué camino deseamos tomar.

No tengo duda que Uruguay tiene ese grado de madurez para comprender cuál es la estrategia a seguir y que estará, como decía Ortega y Gasset, a la altura de los tiempos y más concreto, de las ideas de los tiempos.

*Académico de Número, Academia Nacional de Economía 
** Ricardo Pascale, “Del Freno al Impulso”, Planeta, 2021
 
Temas:

Opinión Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos