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Secretaría de Ciencia busca acercar a la academia con el sector productivo

Solo 4 de cada 100 universitarios con título de doctorado trabajan en la industria

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07 de abril de 2019 a las 05:00

Por Daniela Hirschfeld - Especial para El Observador

Invertir dinero y años en la educación de un posgraduado universitario para que emigre por falta de trabajo no es un buen negocio para ningún país. En Uruguay, tampoco es negocio que en el sector productivo solo trabajen 4 de cada 100 de profesionales con título de doctorado, mientras el resto está concentrado en la Universidad de la República (Udelar), con el consiguiente desaprovechamiento de la aplicación de la investigación en el desarrollo del país. 

Para revertir estas cifras, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Sncyt) de Uruguay presentó a fines de marzo el Programa de Inserción de Jóvenes Científicos en Áreas no Académicas, que promueve la inclusión de personal altamente capacitado en la nómina de empleados de las empresas.

La iniciativa es además una gestión que articula a gran parte del sistema de ciencia y tecnología uruguayo, pues las autoridades de la Sncyt apuestan al trabajo conjunto para lograr el “cambio cultural” de transformar la idea de “gasto” en recursos humanos en “inversión”.

De acuerdo con el censo de uruguayos con doctorado coordinado por Adela Pellegrino y divulgado en noviembre de 2018, en el país hay 4,5 doctorados cada 10.000 habitantes, una cifra que duplica a la registrada en Argentina pero que es ínfima en comparación con Alemania o Francia, con 70 y 36 doctorados cada 10.000 habitantes, respectivamente.

Según su lugar de empleo, el censo –que consultó a casi 2.500 doctorados– reveló que 74% de esos profesionales es investigador de la Udelar; 11% trabaja en centros de investigación no universitarios, cerca de 8% está en organismos gubernamentales, y solo 4% en la industria. 

No es de extrañar, entonces, que en el país se registre solo 0,09% de inversión en innovación en las empresas, un tercio del gasto del sector público en I+D (0,27%). Esta brecha entre la industria y los doctorados puede suceder porque existe la imagen de un profesional enfocado en la teoría, alejado de la aplicación de sus conocimientos en la resolución de problemas del mundo real.

Para revertir este preconcepto, la Sncyt creó este programa cuya primera actividad será el 10 de abril. Ese día se realizará el primero de ocho talleres ya previstos en todo el territorio que estarán enfocados en sectores productivos prioritarios para el país, detalló Silvana Ravía, asistente técnica de la Sncyt, a El Observador. Algunas de esas áreas son la nano y biotecnología, farmacéutica, forestal, agrícola, minería, TIC, turismo, alimentos, ganadería. 

En estos talleres participarán representantes del sector productivo convocados por la Sncyt, que podrán conocer los casos de éxito de investigadores uruguayos que lograron soluciones para problemas reales. También podrán informarse sobre las líneas de investigación que se desarrollan en el país en relación con su sector, y sobre todo sobre las herramientas de financiación que existen para solventar la contratación de este tipo de personal, tanto a través de convenios con la universidad como a través de contratación directa.

Pero especialmente, dice Ravía, los empresarios podrán conocer las habilidades que tiene un profesional con doctorado, cuyo entrenamiento en investigación implica el desarrollo de la capacidad de analizar, estudiar y resolver problemas concretos con conocimientos profundos de su área de estudio, agregó Ravía. En las universidades más prestigiosas del mundo, por ejemplo, una vez al año se suelen hacer ferias de empleo en las que las empresas se pelean por contratar a los graduados con doctorado.

“Las instituciones científicas forman más gente de la que pueden retener en la academia y las empresas pueden aumentar mucho su eficiencia y competitividad incorporando recursos humanos que saben cómo aplicar el conocimiento científico para resolver problemas. Es, en los hechos, una forma de avanzar en la economía del conocimiento”, dijo a El Observador el científico argentino Fernanado Goldbaum, fundador de su propia start-up a partir de un desarrollo científico y ex director del prestigioso Instituto Leloir de Buenos Aires.

Goldbaum también fue ex presidente de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica de su país y contó que como resultado de programas similares en Argentina ha evidenciado “ejemplos muy positivos de la incorporación de doctores en el sistema productivo y de servicios”. “Es una medida que claramente ayuda al cambio cultural, ya que muchos de esos doctores pueden ser en un futuro mediato quienes tomen decisiones importantes en esas empresas”. 

Para Álvaro Mombrú, decano de la Facultad de Química de la Udelar, “la implementación de incentivos para la contratación de posgraduados en I+D es una condición fundamental para que esta iniciativa tenga el éxito esperado”.

“El país necesita científicos insertos en muchos sectores de la sociedad más allá del académico. Eso no solo mejora la capacidad de retención del capital científico jóvenes sino que le va a dar a la empresa más capacidad de superación”, dijo a El Observador Rafael Radi, presidente de la Academia de Ciencias de Uruguay. 

El desafío, señalaron algunos científicos durante la presentación del porgrama, es valorizar a este profesional y su potencial para aportar a la industria. “Las empresas tienen que operar un cambio cultural importante. Los jóvenes, en tanto, deben recibir el apoyo de las instituciones de educación superior para mantener un vínculo que les permita estar actualizados con el estado del arte del conocimiento, y evitar que el paso del tiempo anquilose la frescura inicial y les permita seguir actualizados”, afirmó Radi.

“Hay que trabajar para convencer que es importante dar la oportunidad a esta inserción de posgraduados en I+D de las empresas. No será una tarea fácil ni de resultados inmediatos, y requerirá un esfuerzo sostenido para alcanzar (…) las primeras contrataciones. En la medida que se verifiquen buenos resultados se podrá generar un efecto contagio”, dijo Mombrú a El Observador. Goldbaum coincidió: “Es importante que hacia adentro del sistema de CyT, los científicos (entendamos) que nuestro conocimiento debe servir para el desarrollo equitativo de nuestras sociedades, y eso no se logra solo haciendo crecer a las instituciones científicas, sino demostrándole a la sociedad que ese crecimiento redunda en mejoramiento de la calidad”.

 

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