Siempre quise contar la historia de una familia que puede cambiar 180 grados en un rato, en el pasaje de unas pocas horas”, dice Gabriel Drak, director de la flamante La culpa del cordero, que se estrena hoy en salas de Uruguay. Se trata de otra presentación de una película uruguaya en este año que ha tenido a Flacas vacas, Las flores de mi familia, Nunchaku y 3, entre otras, como principales representantes, lo que siempre es una buena noticia para la producción nacional.
Es una familia montevideana que ha superado el simple sueño de tener “una casa afuera” por una señora chacra en el casco de una estancia. El dinero, en principio, no parece ser el problema de esta gente. Pero pronto la reunión tomará un cariz enrarecido y los signos de la armonía inicial comenzarán a romperse uno a uno.
En el papel protagónico está Ricardo Couto, el padre de familia (ver recuadro). Lo acompañan la solvente Susana Groisman, en el papel de su esposa. Rogelio Gracia, Lucía De Lima, Mateo Chiarino, Andrea Vila y Agustín Rodríguez completan el elenco.
Crisis = oportunidad
La culpa del cordero surgió como resultado de la crisis económica global que se desató entre finales de 2008 y principios de 2009, con mayor impacto en España. “Estaba trabajando en un proyecto grande con una productora española, que enseguida lo canceló. En esa época la palabra ‘crisis’ se coló en mi cerebro y, como guionista, director y coproductor, me metí en un proyecto chico mucho más realizable”, dice Drak.
Ese conejo que sacó de la galera de la crisis fue La culpa… “Era una película que debió haber costado US$ 300 mil y terminó costando US$ 40 mil”, explica el director. Se filmó en dos semanas, en dos chacras en la zona de José Ignacio, a finales de 2009.
“Fue un rodaje simple: un solo escenario, una sola locación. La mayor dificultad fue la continuidad durante el almuerzo, o sea la segunda mitad de la película. Los detalles de las botellas y los vasos que bajan, la dirección de las miradas. Fue todo un gran rompecabezas”, cuenta Drak sobre su película, a la que algunos críticos le han visto puntos de contacto con la danesa La celebración de Thomas Vinterberg, uno de los directores adscriptos a la falta de artificios clásica del Dogma 95.
El cine italiano y las comedias de la década de 1980 de John Hughes también son influencias palpables en la película de Drak, quien nació hace 45 años en Montevideo y llegó al cine desde el sector publicitario. Entre 2000 y 2007 vivió y trabajó en México. La culpa… es su segunda película y su primer largometraje. En 2001, había filmado Los desconocidos, un mediometraje policial.
“Venir del mundo publicitario te ayuda en cuanto a tener el oficio del rodaje, el panorama de saber qué querés de una toma. La diferencia es la libertad de trabajo, poder contar la historia que uno quiere contar, sin necesidad de apurar las cosas”, dice Drak. “En el cine uruguayo el peso está en la historia. La gente en La culpa... va a ver eso: una historia donde pasan cosas”, remata el director.