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Siete años después, la primavera árabe se hizo pedazos

La Primavera Árabe había generado expectativas a favor de la democracia, pero ocho años después la región sigue atrapada en un clima de opresión y violencia

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31 de marzo de 2018 a las 05:00

Parecía una utopía, pero empezando por Túnez, uno a uno, prácticamente todos los países del convulsionado Medio Oriente se alzaron en un clamor para cambiar el rumbo de una historia de dictaduras y pobreza.

Egipto, Libia, Yemen, Siria, Argelia, Marruecos, Jordania, Oman, Bahrein, Irak... el efecto dominó de la "Primavera Árabe" (término que se acuñó como un "despertar" de los pueblos), no tenía precedentes.

¿Qué pasó luego de esas manifestaciones que sacudieron el statu-quo en ese momento? ¿Para qué sirvió esa "Primavera"? ¿En qué quedó el entusiasmo pacifista de millones de personas esperanzadas en mejorar sus vidas y vivir en libertad?


El común denominador es que hoy en día todos esos países están sumidos en guerras, en situaciones paupérrimas, en caos, represión o terrorismo. Hubo aparentes avances de la voluntad popular y hasta derrocamientos de dictadores (Ben Ali dimitió de la presidencia de Túnez; Hosni Mubarak salió del poder en Egipto y fue juzgado; Muammar Gaddafi resultó muerto a quemarropa en Libia; el sultán de Omán no tuvo más opción que aumentar el poder del parlamento; en Jordania fue destituido el primer ministro Samir Rifai; en Yemen, Ali Abdullah Saleh fue expulsado del poder). Sin embargo, regímenes de opresión se volvieron a instaurar en esos países y se impusieron en muchos casos peores situaciones a la vida civil que en épocas anteriores.

Lo que se sintió como una "primavera" en determinada inflexión de la historia se fue transformando en un terrible "invierno árabe" que cayó sin piedad sobre los pueblos y aún se mantiene.

El fracaso

Luego de la "Primavera Árabe" no ha habido repunte en las economías de la región, ni siquiera en Túnez que, con todas sus fallas y vicios, apuesta en cierta forma a seguir llevando adelante los objetivos de aquella revolución del año 2010.

En algunos países también se sufre una vuelta a los años duros de injerencia del Estado, como en Egipto, donde el general Abdelfatha Al Sisi detenta un control férreo de la sociedad aún mayor que el ejercido por Hosni Mubarak. Esta semana ganó las elecciones con el 90% de los votos.

Siria, por su parte, lleva ochos años de una guerra que suma más de 500 mil muertos y millones de personas en busca de ayuda humanitaria. Toda una tragedia, considerada la más importante desde la II Guerra Mundial por la cantidad de civiles afectados. Su realidad se aleja mucho del levantamiento pacífico suní contra el gobierno alauita de Bashar al Asad del 2011.
En entrevista con El Observador, Susana Mangana, responsable de la Cátedra del Islam y Mundo Árabe de la Universidad Católica de Uruguay (quien vivió cinco años en Egipto), señaló que es evidente el fracaso de los movimientos pacifistas de reivindicación popular de la Primavera Árabe.

Cita, por ejemplo, a Libia, cuyas revueltas -aunadas a otros factores de entramados de intereses-, resultaron en el Estado fallido de hoy. Allí existen tres gobiernos rivales compitiendo por el poder junto con varias milicias, contrabandistas y otros grupos armados.

Yemen es otra de las naciones que sufre una gran división tribal y una guerra civil entre distintas facciones, donde se ha dado una intervención militar de la coalición de países árabes suníes con Arabia Saudita a la cabeza. A la catástrofe humana extrema de Yemen, se le agregó un brote de cólera a fines del año pasado.
"Lamentablemente, la región está pagando un altísimo precio en vidas y las economías están comprometidas, porque países como Túnez, Marruecos, Egipto, incluso El Líbano, son tremendamente dependientes de la llegada de divisas por el flujo de turistas. Y eso ha decaído muchísimo en estos siete u ocho años", comentó la profesora.

"Existen apoyos financieros importantes, entre ellos los de Arabia Saudita a Egipto, pero estos los limita en su capacidad de reacción ya que tienen que escuchar lo que les diga el hermano grande", agregó.

Los porqués

Los analistas suelen ver a la primera árabe no necesariamente como germen de las guerras civiles posteriores, aunque sí como uno de sus desencadenantes.

"Las fragmentaciones sociales ya existían antes de las revueltas. La situación se mantenía con alfileres porque había gobiernos con mano dura que habían ido comprando lealtades, pero los desenlaces nefastos se dieron también por capítulos de la historia mal resueltos y de opresión insostenible", dijo Mangana.

Las divisiones sectarias entre sunitas y chitas, las efervescencias de los sentimientos religiosos y los nacionalismos también han sido convenientemente azuzadas por potencias que intervienen y sacan ventajas del tribalismo, lo que ha abonado conflictividad en terreno árabe.
Si bien las revueltas de la "primavera árabe" nacieron como reivindicaciones civiles domésticas, luego adquirieron otros tintes en el plano regional e internacional y han sufrido, según los países, intervenciones de todo tipo, desde Rusia a Estados Unidos, pasando por potencias regionales como Israel y Turquía, e incluyendo las monarquías petroleras lideradas por Arabia Saudita.
Sin duda, los intereses de terceros países en Medio Oriente están a la orden del día, por ser una región muy rica en recursos naturales y con un estrecho de Ormuz por donde transita el 48% del petróleo mundial.

El papel de los militares

Es claro que en las dictaduras de Medio Oriente el peso militar es extraordinario. Uno de los ejércitos más fuertes es el de Egipto, con mayor peso aún en la toma de decisiones del país con el gobierno de al-Sisi.

"El gobierno de Mubarak no era modelo para nada, pero nunca alcanzó la cantidad de presos políticos y ejecutados por penas capitales de hoy en día. Se gobierna con un parlamento-títere desde enero y no hay oposición visible porque sus líderes y militantes están presos, muertos o perseguidos", dijo a El Observador Agustín Milton Espinosa, doctor en Diplomacia y quien fuera embajador de Uruguay en Egipto entre 2011 y 2015.

Efectivamente, se calcula que desde el golpe de Estado de 2013 hay más de 60 mil presos políticos y 1.700 personas recibieron sentencia de pena de muerte en Egipto, la mayoría de la Hermandad Musulmana, o de sus seguidores. "Llegué a El Cairo en plena Primavera Árabe y viví todo el proceso de degradación económico-social y de derechos humanos en ese país", comentó el diplomático.
Espinosa observó que algunos países del Golfo siguen apoyando el mantenimiento de la estructura del Estado en Egipto y que la ayuda militar de EEUU a su Ejército asciende a unos US$ 1.300 millones anuales.

"El Ejército es propietario de gran número de empresas de distintos sectores y administra servicios importantes, como el tráfico aéreo comercial y la navegación, las carreteras y peajes. Es rico y moderno, como ningún otro en la región desde el punto de vista de la disciplina, el nacionalismo, su armamento y otros recursos", puntualizó Espinosa.

Una sociedad "viva"

La otra cara de la moneda de una Primavera Árabe fracasada por no lograr las transformaciones políticas, institucionales y sociales que anhelaba, es que la gente logró expresarse como nunca antes en la región.

Al decir de Mangana, "las revueltas dejaron patente que existe una sociedad civil viva, vibrante, que lucha. Muchos jóvenes del mundo árabe y musulmán, sobre todo árabe, se han desempolvado el miedo y eso lo están comprendiendo las élites que los gobiernan. No lograron sus objetivos, pero están allí y no son los mismos que antes".

Espinosa está de acuerdo. "Existe toda una generación dentro y fuera de sus países que no se resigna al oscurantismo. Son calificados y no claudicarán hasta que se generen cambios", concluyó.

Al Sisi reelecto con el 90%
El presidente egipcio, Abdel Fattah Al Sisi, fue reelecto con más del 92% de votos para un nuevo mandato, según las primeras estimaciones publicadas el jueves por la prensa estatal, aunque la participación de sólo el 40% del padrón merma su legitimidad. Al Sisi competía en esta presidencial frente a Musa Mostafa Musa, desconocido por el público en general y uno de los cipayos del presidente. Los otros posibles candidatos desistieron de presentarse o fueron detenidos.

Cuatro historias

Hubo cuatro países que fueron grandes protagonistas de la llamada "Primavera Árabe".
Todo comenzó en Túnez luego de que el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se inmoló por no soportar la humillación cuando la policía le confiscó su puesto de frutas en diciembre de 2010. Las protestas de miles de tunecinos terminaron en la renuncia del presidente Abidine Ben Ali.
Luego, como un efecto dominó, hubo otras naciones que se contagiaron con multitudinarias manifestaciones callejeras contra gobiernos autoritarios.

En Egipto la furia popular duró 18 días en 2011, hasta que el presidente Hosni Mubarak cedió el poder al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y dimitió a la presidencia.

El mismo año, protestas masivas en Libia tumbaron a Muammar Gaddafi quien intentó huir del país y terminó ejecutado por rebeldes.

En Yemen, en el mismo periodo, hubo rebeliones pacíficas contra el régimen de Ali Abdullah Saleh, cuya destitución desembocó en una guerra sangrienta -en la que intervienen otros países de la región- hasta la actualidad, de la que se estima unos 13 mil muertos desde 2015.
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