23 de mayo de 2014 19:11 hs

El aviso llegó en tono de “blue”: la estabilidad que el gobierno argentino se había apurado a festejar no estaba consolidada ni mucho menos. Y fue así que, para sorpresa de muchos, que creían que habría una tregua financiera por lo menos hasta terminado el Mundial de fútbol, el mercado volvió a sentir el nerviosismo de una abrupta suba del dólar paralelo.

Algunos lo atribuyen a una reacción por la baja en las tasas de interés. Otros ponen el foco en el mini-deslizamiento del tipo de cambio oficial de la semana anterior. Para otros, la clave está en los rumores sobre peleas internas en el equipo económico.

Lo cierto es que, después de varias semanas de cotización planchada en torno de $ 10,50, el blue se volvió a disparar, hasta perforar el límite psicológico de los $ 12. Y la brecha respecto del dólar oficial, que estaba en un cómodo 30%, volvió a situarse en las inmediaciones del 50%.

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Para el gobierno, una pésima noticia. No tanto porque esto signifique que hay una gran demanda de dólares por parte del público –de hecho, el volumen de este mercado paralelo es muy pequeño, algunos lo estiman en menos de 10 millones diarios– sino porque el blue es un precio de referencia para la economía.

Así, por ejemplo, una gran brecha entre ambos dólares vuelve a hacer que los argentinos perciban como atractivo hacer turismo en el exterior. Y los ahorristas empiezan a considerar poco atractivas las tasas de interés de los plazos fijos en pesos, y empiezan a retirar sus pesos del sistema financiero.

¿Y la lluvia de soja-dólares?

En todo caso, lo que más llama la atención de esta corrida en el mercado paralelo es que ocurre en plena temporada de liquidación de divisas provenientes de la exportación agrícola, eso que en la Argentina es conocido como “la lluvia de soja-dólares”.

Se suponía que la calma del mercado cambiario –tanto la del oficial como la del paralelo– estaba explicada por la entrada masiva de divisas. Y hasta los economistas más escépticos, esos que el gobierno acusa de integrar “la cadena de la mala onda y el desánimo”, advertían que la tranquilidad duraría por lo menos dos meses más, hasta terminada la temporada de la cosecha gruesa y la venta de los granos.

Sin embargo, lo que prometía ser un otoño feliz se transformó de golpe es una “remake” del verano con su sensación de inestabilidad.

¿Fue mala la cosecha? Nada de eso, no solo fue buena, sino que algunos analistas creen que será excepcional. En los primeros meses del año, la falta de lluvias hizo que los pronósticos sobre la temporada de la soja se ubicara no muy lejos de los 49 millones de toneladas que se había registrado el año pasado, luego la estimación se corrigió a 53 millones y luego a 55, pero hay quienes creen que todavía hay margen para mejores números.

Pero también es cierto que la liquidación efectiva de los sojadólares no fue tan alta como podía esperarse para una cosecha de ese tamaño. Según los datos que circulan en el ámbito agropecuario, el dinero que se liquidó corresponde a unas 15 millones de toneladas.

Y es aquí donde vuelve el nerviosismo oficial por una eventual retención de stock por parte de los productores. Es también ese punto el que justifica la recomendación de los economistas a Juan Carlos Fábrega de dejar deslizar el dólar, para evitar una sensación de retraso cambiario, que desestimularía la concreción de exportaciones.

El titular del Central siguió el consejo, con la mini-corrección de la semana pasada, que llevó el tipo de cambio oficial al entorno de $ 8,08, pero todavía no está claro si eso será suficiente para lubricar la llegada de divisas.

“El productor sabe que no tiene que vender y quedarse en pesos, porque la inflación va a diluir esos pesos que mantenga en su billetera. Por otro lado, el plazo fijo paga una tasa de interés del 26% anual, muy por debajo de la inflación esperada, que se ubica en el 36% anual, y de la devaluación esperada por el productor”, describe Salvador Di Stefano, un consultor con sede en Rosario.

Lo que falta

Aún así, no es que pueda hablarse de una entrada escasa de dólares. En lo que va de la temporada –con datos hasta la primera quincena de mayo– ya han ingresado 9.942 millones, según información de la Cámara de la Industria Aceitera.

Esta cifra supera en US$ 1.092 millones el registro que había el año pasado para esta fecha. Tanto que hay economistas, incluyendo algunos que integran grupos afines al gobierno que creen que ahí reside un motivo de la escapada del blue: al comprar las divisas a los sojeros, el Banco Central emite pesos, y una parte de ese circulante termina engrosando la demanda del mercado cambiario paralelo.

La situación parece confusa: a fin de cuentas, en enero se decía que la crisis cambiaria era por la escasez de dólares, y ahora se dice que el problema es la abundancia… Lo cierto es que, para los economistas, el foco no está en los dólares sino en los pesos.

“No me cabe ninguna duda de que la suba del blue es por el aumento de la liquidez y la caída de las tasas de interés. Si mañana suben la tasa o absorben $ 15.000 millones del mercado, el blue vuelve a bajar, un equilibrio delicado, porque hace que la economía oscile entre la recesión y la inflación acelerada”, argumenta Javier González Fraga, ex titular del Banco Central.

Ahí es a donde aparece, siempre recurrente, la preocupación por la situación fiscal. “El gobierno se ha comido el beneficio que generó la devaluación con la tasa de la inflación que poco a poco esta devolviéndonos a la situación que teníamos antes de la devaluación con el dólar paralelo empezando a aumentar”, argumenta el analista Ricardo López Murphy.

En definitiva, la “pax cambiaria” fue mucho más corta de lo previsto. Y deja serias dudas a futuro: si este nivel de nerviosismo ocurre en el momento de abundancia de divisas, ¿qué quedará para el segundo semestre, cuando los dólares ya no sobren y empiecen a acumularse los vencimientos de deuda? Los analistas son contundentes al respecto: salvo que haya señales de recorte en el gasto público, o un improbable acuerdo para un préstamo internacional, lo que viene es un período de tensión para el tipo de cambio y las tasas de interés.

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