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26 de marzo 2023 - 5:05hs

Llegó en silencio. Para su segunda temporada, ya había empezado una cosecha de adeptos y conversos que se siguió expandiendo con el tiempo. Para la tercera, ya era la serie más nominada de los Emmys, y una de sus principales ganadoras, al tiempo que era aclamada como una de las mejores ficciones dramáticas de lo que va del siglo XXI.

Y ahora, se termina. Este domingo regresa Succession, con su cuarta y última temporada, con la intención de retirarse arriba y no extender innecesariamente su estadía en la pantalla. La saga de la familia Roy que emite HBO y HBO Max concluye con un panorama incierto para sus personajes y diez episodios por delante en los que es difícil conjeturar qué va a suceder.

La serie, creada por el británico Jesse Armstrong, tiene una colección de elementos de su narrativa que a priori pueden resultar contraintuitivos, pero que terminan siendo factores clave en su encanto y en la atracción que genera. Por ejemplo, ninguno de sus protagonistas es querible. Los miembros de la familia Roy, el clan comandado por el amargo Logan, un conservador convencido, dueño de un imperio mediático y de entretenimiento con resabios de Fox y Disney cuyos cuatro hijos –y aledaños– pujan por heredar cuando su muerte parece inminente, son un puñado de seres despreciables, egoístas, manipuladores, patéticos, incapaces de tener empatía y residentes permanentes de una burbuja de privilegios.

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Pero ese mismo patetismo y las intrigas que generan son al mismo tiempo lo que los hace magnéticos (además de las actuaciones y lo que propone el guion), y es casi imposible no tener favoritos dentro de ese zoológico que son las oficinas de la empresa Waystar Royco. Los antihéroes, los personajes grises y los protagonistas que descienden a la villanía han sido algunos de los protagonistas más memorables de la televisión reciente, desde Tony Soprano y Don Draper hasta BoJack Horseman o Saul Goodman, pero Succession lo ha refinado hasta convertirlo en un arte y agregarle una capa saludable de comedia negra que denota el origen británico de Armstrong.

La serie, además, se adelantó a una tendencia que ahora es moneda corriente: la de reírse de los millonarios y del “mundo paralelo” lleno de excesos, abusos e impunidad en el que viven. Un universo tan distante para el común de los mortales que resulta fascinante y al mismo tiempo, indeseable. Otra razón que hace difícil apartar la mirada.

Después hay otros puntos más cotidianos: un gran nivel de intrigas, traiciones y vueltas de tuerca que dejan a Game of Thrones al nivel de Paw Patrol. Con un índice de puñaladas por la espalda altísimo, Succession ha hecho de lo impredecible su gran capital, dándole valor tanto a la visualización semanal que permite la charla y el debate hasta el próximo episodio, como al atracón de episodios motivado por las bombas narrativas que caen con periodicidad.

Si el reaganismo tenía Dinastía, el Estados Unidos de Donald Trump y el mundo desigual del siglo XXI tiene a Succession, que en el fondo es lo mismo pero con recursos visuales y narrativos con un poco más de altura. La saga de HBO apela en distintos momentos a unos zooms y movimientos de cámara algo violentos que le dan un aura de documental hiperreal, que a su vez va de la mano con la combinación de la lucha empresarial contada desde adentro y los sacudones y los cambios emocionales y personales de sus protagónicos.

Con algunas sátiras punzantes a los medios actuales, a la política, a la cultura empresarial y a las empresas tecnológicas mechadas entre los duelos de los Roy, la serie tuvo el valor de no explicar absolutamente todo, lo que hizo que sentarse ante ella durante los primeros capítulos fuera una prueba de resistencia. Había allí algo magnético, pero también una pila de jerga técnica, recursos legales y empresariales que pasaban por arriba de las cabezas del público, salvo que uno tuviera la suerte de ser CEO de algún conglomerado millonario. Una vez pasada esa barrera, salir de Waystar Royco se hizo imposible.

Final abrupto

El anuncio de que la serie llegaría a su final con la cuarta temporada que se estrena este domingo 26 sorprendió a propios y extraños. De hecho, ni siquiera el elenco sabía que el desenlace estaba al caer hasta que se enfrentaron por primera vez a los guiones de los nuevos episodios.

Sarah Snook, que interpreta a Siobhan “Shiv” Roy, la única hija del patriarca Logan, quizás la más preparada y adecuada para asumir el mando de la empresa pero también bañada por inseguridades y una ansiedad por complacer a su padre, contó que al darse cuenta que la serie concluiría, sintió que no era el momento.

“Emocionalmente no todos estábamos necesariamente preparados para terminar la serie porque nos queremos mucho”, declaró la actriz al diario estadounidense Los Angeles Times. “Pero todo tiene que terminar, y dejar que algo no se convierta en una parodia de sí mismo es lo más inteligente”, agregó.

Ese futuro también se lo planteó Jesse Armstrong, que debatió largo y tendido con el equipo de la serie y consigo mismo sobre qué hacer con su creación, antes de llegar a la conclusión de que cerrar el recorrido era lo mejor.

Así se lo dijo a la revista New Yorker en una entrevista: “Nunca pensé que esto pudiera durar para siempre. El final siempre estuvo presente en mi mente. Desde la temporada dos he estado pensando: ¿es la próxima, o la siguiente, o la que venga después?”, contó el creador de Succession. “Me junté con los guionistas y les dije, ‘Miren, pienso que tendría que terminar con esta. ¿Ustedes que piensan’ Y nos planteamos distintos escenarios: seguir con un par de temporadas más cortas, o hacer dos temporadas más. Podríamos seguir durante mucho tiempo y que el programa se convierta en algo diferente, más libre, con semanas buenas y semanas malas. O hacer algo más contundente y completo, y retirarnos arriba. Y esa siempre fue mi preferencia”.

Y así, la que en 2021 fue elegida por críticos de todo el mundo convocados por la BBC como la décima mejor serie del siglo XXI, está a diez semanas de su final. La conclusión de un viaje que juntó elementos conocidos y familiares para confeccionar algo diferente y fascinar con la desgracia ajena.

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Nota: a continuación, habrá spoliers del final de la tercera temporada. Si todavía no la vio o no está al día con Succession, aléjese de esta nota como si Logan Roy se dirigiera hacia su oficina con apariencia asesina.

Al final de la temporada anterior, todo quedó apuntando a un duelo final entre padre e hijos. Logan Roy parece muy dispuesto a vender el imperio Waystar Royco al empresario tech Lukas Mattson y dejar a sus descendientes sin la pieza principal de su herencia.

Esta decisión llevó a que sus hijos Connor, Shiv, Kendall y Roman formaran un frente común para impedir la venta, pero tanto una traición de la madre de los hijos menores como de Tom, el esposo de Shiv, los dejó con las manos vacías y atadas de cara a la toma de la decisión. En la nueva temporada, el cuarteto fraternal formará una alianza con todos los rivales de su padre para intentar dar un nuevo golpe y sacarlo del medio.

Mientras tanto, el patriarca también conformó su propia corte, en la que están los ejecutivos veteranos Gerri y Frank, así como el torpe primo Greg.

El duelo por el control del imperio estará además rodeado por los vaivenes de la carrera política de Connor (que además se casará en el tercer episodio), la debacle emocional y profesional de Kendall y el choque entre Shiv y Tom.

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