11 de julio 2020 - 5:04hs

El Frente Amplio enfrenta un dilema político: ¿se aferra a la postulación de Cendoya para el Directorio de Antel y espera la resolución judicial del caso Ursec, o encuentra una salida al enredo público y lo reemplaza por otro frenteamplista?

Antes, pudo haber escapado rápido de esa encrucijada, a raíz del escándalo de los documentos triturados; usar el episodio como oportunidad para designar otro representante, y argumentar que prefería dejar campo libre a la Justicia para resolver la investigación sin la presión de un nombramiento pendiente.

En ese caso, pudo decir que hay muchos frenteamplistas que pueden ser fieles representantes del partido en cualquier organismo, y que eso no supone desconfiar del camarada en cuestión.

No era fácil esa decisión, más para un lema partidario que no tiene un líder natural y único sino un régimen de dirigencia colegiada. Si lo hubiera, ese líder fuerte hubiese dicho: “primero el partido y luego las personas”, y sacrificaría a Cendoya, a la espera de una solución aceptable y en todo caso, reubicándolo luego en otro puesto de trabajo.

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No es fácil hoy la decisión, porque eso se puede transmitir la idea de que se admite que Cendoya haya cometido desvíos no tolerables. Y también porque si se le deja librado a su suerte, él podría sentir que lo abandonaban en la lucha y ensayar una defensa que termine complicando a otros.

El problema del abogado Nicolás Cendoya es que tiene dos causas penales; su relación con la destrucción de documentos del organismo y la recepción de filtración de informe de la Fiscalía sobre el primer caso.

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¿Qué hizo de malo Cendoya que lo ha dejado en suspenso para ir a Antel?

Leonardo Carreño

En su proceder, no parece haber un aprovechamiento personal, sino que haya incurrido en prácticas de jerarcas estatales que se dejan llevar por la tentación de actuar a favor de unos y en contra de otros, algo que por desgracia es relativamente común.

No parece que fuera por provecho propio, sino por sentirse parte de una batalla entre el bien y el mal.

Cendoya siente que el Frente es bueno y el resto es malo; que los blancos y colorados son jodidos y no sirven al país, sino a “los grandes intereses”, a una camarilla de poderosos.

Con ese esquema, actúa en consecuencia,

Con esa consigna de “lucha contra el mal” quiere ir a Antel.

No conoce más que superficialmente al nuevo presidente del ente o a la nueva presidenta de Ursec, pero está convencido que por ser uno colorado y otra blanca, van a ir a desmantelar la empresa pública y a favorecer a poderosos privados.

No quiere ir al ente para darse dique, para obtener beneficios, para llevarse unos dólares al bolsillo, ni para hacer curriculum y conseguir un cargo de buena plata en una empresa privada

Quiere defender a Antel de un supuesto embate criminal y antipatriótico, y esa “lucha” o “cruzada”, lo lleva a incurrir en una conducta impropia de un jerarca.

Eso explica que haya cometido errores importantes.

El 1º de junio recibió en su despacho de Ursec al exasesor que había entrado a un lugar que no le correspondía para estar 40 minutos triturando documentos.

Camilo dos Santos

Al ver que eso se había conocido, no trató de desligarse rápido.

Tuvo reuniones con el exasesor y el secretario general, adentro de un auto, frente a cámaras de vigilancia.

Recibió una filtración de Fiscalía en su propio teléfono, por triangulación de funcionarios desleales y de sus dos exasesores legales (pases en comisión de Poder Judicial y Ministerio del Interior), y no denunció eso, como debía haberlo hecho.

Y ensayó una defensa pública que lo llevó a nuevas contradicciones, no solo con los otros implicados sino con lo que él mismo ha dicho.

Los errores de ahora son productos del enredo de pasado inmediato, y consecuencia de lo actuado en ejercicio del poder. Por alguna razón se tomaron tanto tiempo en destruir documentos, por alguna razón lo quisieron tapar, por alguna razón pidieron a amigos de Fiscalía que le filtraran la denuncia.

Todo eso se hace con el sentimiento de lucha de “el bien” contra “el mal”.

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Ahora, Antel tiene nueva integración pero sin representante del Frente Amplio, porque el elegido para eso está indagado en dos causas, y ahí está el desafío político de la izquierda.

El pecado del exdirector de Ursec está en su razonamiento, que en función de “un objetivo superior” entiende que en el poder es válida la persecusión de unos y la protección de otros.

Para Cendoya, “los medios” de prensa son “ellos”, y las radios “compañeras” son “nosotros”.

Aunque le disguste que lo caricaturicen como “Superman”, él se siente una especie de superhéroe y ve a “los otros” como los villanos de la historieta, y con ese esquema de visión, siempre se está a un paso del desvío o del abuso de función.

Es una postura de religión ortodoxa, no aconsejable para la política.

La izquierda no llegó al poder con esa mirada tan sesgada. Llegó con un líder popular amplio como Tabaré Vázquez y un potencial ministro de Economía que transmitía garantías de establidad, como Danilo Astori, pero también con una impronta generada por su histórico líder, el geneal Seregni, que trabajó para espantar el maniqueísmo, hasta el último día de su vida cívica.

En su último discurso, Seregni puso acentro en “la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades”, para advertir que desde un cargo político, cada funcionario no es él y solamente él, sino que representa a muchos más, y que eso implica una responsabilidad ética.

Cada representante de un partido debe saber que lo haga y diga, compromete a toda una colectividad.

Sobre la causa penal se expedirá la justicia, pero las cuestiones de ética son para la valoración política de los partidos respecto a sus representantes. Y en este caso, está claro que un comportamiento mesiánico deja al Frente en falsa escuadra.

Si la izquierda compra que todo es un “ataque contra Cendoya”, incurre en lectura política errada, lo que siempre lleva decisiones equivocadas.

Hace muy poco tiempo se demostró que cuesta caro no actuar rápido cuando la conducta ética muestra flancos demasiado frágiles. Y creerse el cuento de superhéroe y archivillanos, no es de adultos. 

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