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Tailandia pasó de la pena de muerte por drogas a regalar plantas de marihuana para cultivar

Este mes legalizó el cultivo y el consumo, con lo que espera un ingreso de 10.000 millones de dólares al año, además de promover el turismo cannábico

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28 de junio de 2022 a las 05:01

Hace no más de veinte años, los delitos de drogas eran castigados en Tailandia con largas penas de prisión e incluso de muerte ante un pelotón de fusilamiento. Pero todo cambia: este mes se legalizó el cultivo y el consumo de marihuana y el Estado regala plantas a los que quieran tenerlas en su propio jardín. Se ha convertido en el país más liberal del mundo en la materia.

El arquitecto de la nueva política es el ministro de Salud Pública, Anutin Charnvirakul, quien se ha fotografiado probando curry con hierba y aplaudido por agricultores que se esperanzan que la apertura sea una nueva fuente de ingresos.

La despenalización total ha creado un clima de euforia pública y en los cafés se vende abiertamente todo tipo de productos de cannabis y se exhiben frascos llenos con grandes flores de marihuana. Se vende un refresco cannábico color verde chillón y la televisión ha mostrado a un grupo de abuelas tailandesas riendo mientras lo consumen.

Pero el síntoma más contundente del giro en la política de drogas es que el Estado regala un millón de plantas de marihuana para que, el que lo desee, tenga su propio cultivo legal. Hay largas colas en los sitios de entrega.

La nueva ley parece dotar a Tailandia de lo que quizá sea el enfoque más liberal ante la marihuana en todo el mundo. Por el momento, la gente puede cultivar y consumir todas las plantas que quiera, aunque hay algunos límites a la hora de comercializarla y venderla.

“Una cosa está clara. Ya no se puede ir a la cárcel en Tailandia sólo por consumir cannabis”, dice Tom Kruesopon, un empresario pionero que ayudó a convencer al gobierno de que cambiara su enfoque.

Podés ir a la cárcel por hacer otras cosas, como fumar en público, causar molestia pública o por crear y vender un producto a partir del cannabis para el que no has obtenido la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos. Pero Tailandia es el primer país del mundo donde no se puede ir a la cárcel por cultivar o consumir la planta”, asegura.

“Esto es como un sueño para nosotros. Nunca pensamos que llegaríamos tan lejos en Tailandia”, dice Rattapon Sanrak, que empezó a hacer campaña por la legalización de la marihuana tras experimentar sus beneficios médicos mientras estudiaba en Estados Unidos.

Este espectacular giro en un país todavía dirigido por militares conservadores que parecían poco proclives a la liberalización de las leyes sobre drogas fue comentado por el corresponsal de la cadena británica BBC en el Sudeste Asiático, Jonathan Head, que hace 21 años presenció la ejecución de cuatro comercializadores a la que fue especialmente invitado.

La legalización fue parte de la campaña en las elecciones de 2019 del partido del ministro Charnvirakul, cuyo bastión está en el noreste rural y pobre de Tailandia. Los agricultores ven al cáñamo como una propuesta atractiva para agregar a los cultivos de arroz y azúcar.

En el gobierno calculan que la marihuana generará 10.000 millones de dólares en sus primeros tres años, además de atraer un turismo cannábico de tipo medicinal, para terapias alternativas, que también generará divisas. En la capital, Bangkok, se ha abierto el primer dispensario especializado en este tipo de tratamientos que ya se ha mostrado eficaces para enfermedades neurológicas y contra el dolor. 

Algunas de las mayores empresas tailandesas ya están buscando formas de sacar provecho de la nueva situación y adelantarse a los países vecinos reacios a este enfoque. Singapur y Malasia, al igual que antes Tailandia han impuesto la pena de muerte por tráfico de drogas durante décadas.

Por ejemplo, tras la llegada al poder del presidente Rodrigo Duterte en 2016, Filipinas se ha sumado a la línea punitivista fundada en los presuntos daños que el cannabis provoca en la salud.

El replanteo del enfoque de línea dura comenzó hace siete años, sorprendentemente en una época en la que Tailandia estaba gobernada por una junta militar. El país tiene algunas de las cárceles más superpobladas del mundo y tres cuartas partes de los reclusos, muchos de ellos menores, están allí por delitos de drogas. Esto no sólo provocó críticas internacionales por las malas condiciones en las que tienen que vivir los presos, sino que también cuesta demasiado dinero para mantenerlos.

Fue un militar que ocupaba el cargo de ministro de Justicia, el general Paiboon Kumchaya, quien anunció en 2016 que la guerra contra las drogas había fracasado y que se necesitaba otro enfoque para luchar contra el abuso en los estupefacientes.

Otro resultado del cambio de la ley es que más de cuatro mil personas acusadas de delitos relacionados con el cannabis están saliendo de la cárcel.

Desde que se aprobó la nueva ley, la planta aparece en todos lados: en helados, adornando platos tailandeses clásicos y en nuevas recetas de batidos. Incluso se vende carne de pollo de aves que, al parecer, han sido alimentadas con cannabis. La nueva ley convierte en legal prácticamente todo lo relacionado con el cannabis.

El gobierno está elaborando ahora una normativa adicional sobre su uso. Oficialmente, su posición es que la ley sólo permite el uso del cannabis con fines médicos, no recreativos, pero es difícil ver cómo van a aplicar esa distinción.

“Todos sabemos por el estudio de otros mercados que el uso recreativo es donde está el dinero”, dice Chidchanok Chitchob, una autodenominada entusiasta de la marihuana cuyo padre, una poderosa figura política de Buriram, fue uno de los primeros en subirse al carro de la marihuana tailandesa.

“Creo que esto debería ser un buen paso hacia eso, si realmente pensamos en esto como un cultivo económico”, dice. La mujer está experimentando con diferentes cepas de la planta para ayudar a los agricultores locales a cultivar los tipos adecuados para la región.

Se trata de un paso inusualmente audaz del gobierno tailandés y el resto de la región estará pendiente de los resultados.

(Con información de BBC News y agencias)

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