Desde chico soñó con emprender. Apasionado por la tecnología, descubrió que podía trabajar haciendo lo que más le gustaba: estar frente a una computadora. Fue así que Hernán Botbol (31), su hermano Matías (34) y Alberto Nakayama (32) crearon Wiroos, una empresa de web hosting. En 2006, maravillados por el fenómeno de las redes sociales deciden comprar Taringa (www.taringa.net), que en ese momento era un sitio utilizado por desarrolladores web. En 2009 la Justicia argentina abrió una causa contra Taringa por violación de derechos de autor, ante determinadas descargas posibilitadas por el sitio. Hoy trabajan para posicionarla como una de las principales redes sociales. Cuenta con 134 millones de visitas por mes, 70 millones de usuarios únicos y 22 millones de registrados. Estuvo en Uruguay para participar como orador del Social Media Day
¿Cómo fueron sus inicios como emprendedor?
Siempre sentí las ganas de tener un proyecto propio. Empecé a estudiar economía y mientras estudiaba me dí cuenta de algo que fue una sorpresa, que podía trabajar haciendo mi mayor hobbie: estar en la computadora. Con mi hermano y un socio iniciamos Wiroos con US$ 200 y nuestro tiempo. Poco a poco fuimos creciendo y empezamos a ver, en el año 2005, que nacía el fenómeno de las redes sociales. Hoy en día uno habla de redes sociales y es lo más natural del mundo, pero en ese momento quien pasaba mucho tiempo en una red social se pensaba que era antisocial. A partir de esa idea creamos diferentes proyectos, una página llamada www.tuconsejo.com y otra www.tuprimeravez.com, en las cuales los usuarios comentaban y se respondían.
Vimos una página que nos gustaba mucho, se llamaba Taringa. Justamente, era usada por programadores y desarrolladores web, gente muy del nicho. Llamamos a Fernando Sanz, el dueño, y le ofrecimos alojamiento gratis en Wiroos a cambio de publicidad en Taringa. Aceptó. Así comenzó nuestra relación. Para él el proyecto era meramente experimental, no veía ningún futuro de negocio con eso, sino que lo hacía para aprender a programar. En 2006 compramos el sitio y nos dividimos en dos proyectos, seguir haciendo hostingy desarrollar Taringa. Después Taringa tuvo un crecimiento tan grande que nos hizo focalizarnos de lleno a eso.
¿Qué le encontraron de atractivo a Taringa?
La semillita que había de comunidad. Era muy fuerte la relación entre los usuarios y de los usuarios hacia la marca. Y a medida que lo fuimos explotando nos dimos cuenta que el usuario de Taringa siente casi la misma pasión que un hincha de fútbol por su equipo.
¿Cuáles fueron sus estrategias de crecimiento?
Principalmente escuchar al usuario, saber que era lo que pretendía o necesitaba. L primero que hicimos fue hacer un post preguntándoles a los usuarios qué les gustaba de Taringa, qué no tenía y qué les gustaría que tenga. Obtuvimos una lista de 500 ítems. Lo más importante para nosotros es poner al usuario en el centro de la acción siendo nosotros invisibles.
¿Cómo definiría a Taringa?
Es una plataforma social de intercambio de conocimientos, experiencias y contenido. La idea es generar sistemas de retroalimentación donde el todo sea más que la suma de las partes por separado.
¿Qué significa Taringa en su vida y en su carrera?
Nos brindó la posibilidad de cumplir un montón de sueños, como el de tener una empresa propia, un proyecto, hacerlo crecer. Es como un hijo que vimos crecer desde chiquito. Hoy en día, diríamos que es un adolescente. Todavía le falta mucho por madurar. Es algo de mucho trabajo y sacrificio, y que al mismo tiempo nos recompensa.
¿Cómo fue el problema legal que tuvo Taringa?
Se inició en 2009 y fue una causa impulsada por la industria editorial jurídica argentina. Fue una demanda muy escandalosa porque se inició una demanda penal con la carátula de participación necesaria en el delito de derecho de autor, lo cual nos parece realmente un disparate.
Hasta este momento se dictó lo que se llama procesamiento. En teoría hay elementos suficientes para que se analice nuestra culpabilidad en una audiencia oral, pero la probabilidad de que se nos declare culpables es casi cero. Lo que nosotros tuvimos, más que un problema legal, fue un problema de imagen o de inexperiencia en el manejo de la comunicación. De una situación chiquita se terminó armando un escándalo mediático.
En paralelo estaba sucediendo el caso de Megaupload, que fue un circo enorme. Al buscar un referente en la región caímos nosotros como el análogo. Taringa no tiene nada que ver con temas de copyright, ni nos interesa tampoco tenerlos, buscamos ser una plataforma democrática donde la gente comparta contenidos. En Argentina, por ejemplo, los principales buscadores y sitios de ecommerce tienen 400 juicios cada uno. El problema es que no hay legislación sobre Internet, entonces queda librado al azar o a la interpretación de los jueces, que muchas veces no están lo suficientemente instruidos sobre este mundo.
¿Cómo afectó esta situación a la imagen de Taringa?
No repercutió negativamente ni en los usuarios, ni en las visitas. Nos sorprendió que los usuarios se enojaron mucho con la situación, nos demostraron lo fieles que eran y lo comprometidos que estaban con nosotros.
A partir de lo sucedido, ¿se realiza algún filtro a las publicaciones?
En algún momento se hizo de Taringa un negocio para algunos usuarios. Nosotros no queríamos que eso sucediera. Existían ciertos cyberlockers –como rapidshare- que cuando un usuario subía un archivo a esos sitios y otros lo descargaban, sumaban puntos canjeables por cuentas premium, plata o premios. El negocio de algunas personas empezó a ser subir archivos ilegales y distribuirlos por todos lados. Esos comportamientos no nos parece que correspondan, por lo que empezamos a bloquear a todos los hostings que nosotros detectamos que le pagan a los usuarios por descargas de contenido. A partir de eso, reducimos drásticamente el volumen de tráfico que había en Taringa relacionado a descargas.
¿A qué deben el éxito de Taringa?
Tenemos muy claro a dónde queremos ir y hacemos que el equipo apunte para el mismo lado. A veces uno cree que porque tiene la mejor idea, vale más la idea que cualquier cosa. Pero las ideas no valen nada, lo que vale es el trabajo. Una idea vale cuando se realiza y eso es lo que lleva al éxito.
¿Cómo es la reconversión que encara Taringa?
Estamos focalizándonos en el contenido de calidad creado, comentado y vivido por usuarios. También queremos expandirnos comercialmente al resto de Latinoamérica. Recién después de haber llegado a un nivel de profundización de la empresa estamos listos para hacer ese desarrollo. En cuanto a lo tecnológico, el mundo va a pasar por el móvil y es clave para nosotros estar liderando también.
¿Cómo surgió la idea del libro Taringa?
Era un proyecto divertido. Queríamos llevar algo que era meramente online a un formato que está desapareciendo. Nos pareció interesante darle vida a algo intangible y llevarlo a lo tangible. Hicimos una recopilación del mejor contenido atemporal –que no trate temas de actualidad- publicado en el sitio hasta ese momento. De esa forma el libro será interesante ahora o en diez años. La primera semana tuvo más de 30 mil descargas, fue best seller el primer mes y estuvo entre los 50 libros más vendidos del año. El éxito no nos cambió la vida, ni cambia a la empresa, pero fue algo muy lindo.
¿Cómo se define como emprendedor?
Me encanta la tecnología y los desafíos. Soy muy workaholic, estoy todo el tiempo mirando mails. Me parece que en la industria de internet hay tanto para hacer y tanto para crecer que es muy intenso. Es como estar en una fórmula uno. Una cualidad que tengo es que soy muy inconformista, siempre estoy buscando nuevas y mejores oportunidades.