3 de junio de 2011 18:43 hs

Así como a finales de la década del 50 el uso del 3D se imponía en multitud de películas, con el fin de renovar el interés en el séptimo arte ante la cada vez más popular televisión, hoy día vuelven a llenarse los cines de lentes oscuros e imágenes desenfocadas con el único objetivo de evitar la cada vez más popular piratería.

Si en la actualidad cualquier estreno –o casi cualquiera, podemos separar la producción de “cine arte” o independiente por completo– se viste con los ropajes de 3D perjudicando en muchas ocasiones la propia película, hay un género que, por sus características y lo beneficiado que resulta con el uso de esta tecnología, no abandonó jamás su uso.

Por el contrario, apuesta a realizaciones cada vez más insertas en él, a pesar de que algunos experimentos se queden en vanos intentos por mantener al espectador en sala.

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El género de terror u horror apostó desde siempre al uso del 3D, a los sobresaltos que su uso implica (que un hacha o un gigantesco tiburón blanco vuelen hacia uno no es moco de pavo) y durante más de seis décadas ha ofrecido notables (a veces por terribles) ejemplos de cine en tercera dimensión.

House of Wax (1953)

Considerado el primer largometraje que utilizó el 3D en lo que serían sus condiciones definitivas (combinando la tecnología con sonido estéreo) se trata de un clásico film de terror producido por Warner Bros y protagonizado por el inmortal Vincent Price, quien da vida a un escultor en cera que es traicionado por sus socios que planean un desfalco y darlo por muerto. Evidentemente no lo está y planea una horrible venganza sobre aquellos que lo traicionaron.

El uso de la tecnología (asociado a una buena historia y buenas actuaciones) lo transformaron en el mayor éxito del estudio hasta ese momento. Como curiosidades, vale decir también que se trata de un remake de Mystery of the Wax Museum (1933), que a su vez también tuvo remake: House of Wax (2005). Cuenta con Charles Bronson en un pequeño rol (acreditado como Charles Buchinsky). Su director, André De Coth. jamás pudo percibir el efecto 3D de aquello que había dirigido, ya que era tuerto de un ojo.

Friday the 13th Part III (1982)

La década del 80 fue pródiga en cine de terror y cine en 3D. Posiblemente este filme sea la unión de ambas cosas: la consolidación de los slashers y su mayor representante (Jason Vorhees, en el filme que encuentra su mítica máscara de jockey, nada menos) y el inicio de los juegos con la tecnología y la suma de objetos que podían volar en dirección al espectador.

La historia es harto conocida: grupo de incautos campistas adolescentes viajan a Crystal Lake, donde se drogan y tienen sexo, para luego pasar a ser eliminados de maneras horribles por el indestructible Jason. El proceso de 3D funcionaba aún de manera algo torpe y la película (en su versión en cines, claro) se interrumpía con sendos carteles de aviso para poner o sacarse los lentes según el momento. Ni esto, ni la terrible calidad del filme —y a pesar de las opiniones puristas, de la saga— no afectó en absoluto su éxito: casi US$ 37 millones a cambio de una inversión de apenas US$4 millones.

Jaws 3-D (1983)

Y he aquí el summum. Un filme tan pero tan malo, que se vuelve bueno, con unos efectos 3D verdaderamente casposos, pero que se transformó en un ejemplo del uso de la tecnología dentro y fuera del género. Los hijos del Jefe Brody (el que mató a los tiburones en la primera y segunda parte) trabajan ahora en un acuario (cuesta entender cómo rayos siguen teniendo ganas de mantenerse cerca del agua), donde no tarda en aparecer un nuevo tiburón blanco que hará de las suyas.

Un elenco de estrellas incluso (Dennis Quaid, Simon MacCorkindale y Louis Gossett Jr.), en una película verdaderamente olvidable (la realización de ese tiburón es tan precaria y evidente que lo hace parecer un ómnibus submarino). A nivel de taquilla y popularidad la película fue todo un éxito. La imagen del tiburón saliendo de la pantalla y comiéndose a un espectador se volvió definitiva en cuanto a promociones del 3D, incluso hasta nuestros días.

Amityville III (1983)

A caballo del inmediato éxito de nuestro ejemplo anterior, otra saga (menos productiva) aprovechaba su tercera entrega (y le agregaba una D al número en el título) para subirse al mismo tren del éxito. Un personal más que capacitado (Richard Fleischer en la dirección, Robert Joy, Lori Loughlin y Meg Ryan en su elenco) no lograba rescatar dignamente la historia arquetípica de “casa maldita” o embrujada, donde los nuevos inquilinos se ven obligados a revivir los tremendos hechos del pasado.

Con mediano éxito, sufrió el revés del extravío de varias de sus copias en el formato que aquí nos ocupa, siendo objeto de una restauración especial (con estreno en cine inclusive) en 2006.

My bloody Valentine 3D (2009)

Dos décadas después de los productivos 80 (en los 90 y 2000 el uso del 3D en el género se mantuvo pero siempre con resultados entre intrascendentes y deleznables) con la tecnología de nuevo en juego, con avances dentro de su uso, el terror volvió a la carga como nunca.

Una de las mejores expresiones fue este filme, del ignoto Patrick Lussier, remake de un filme de medio pelo estrenado en 1981, que funcionaba casi como secuela del mismo. Un asesino hacía de las suyas (con un pico y vestido de minero, nada menos) un día de San Valentín, hasta que era finalmente ultimado por la policía. Años después, comienzan a repetirse los crímenes.

Convengamos que no es el argumento más original, cierto, pero el buen pulso del director, un reparto más que competente entre rostros televisivos (Jensen Ackles, Kerr Smith) y veteranos del género (Tom Atkins) y un exacerbado uso del 3D (vuela de todo rumbo al espectador, desde el ya mencionado pico hasta un ojo que escapa de su cuenca) la transformaron en un sorpresivo éxito y, para quien escribe, uno de los mejores ejemplos de cómo utilizar el recurso.

Piranha (2010)

Otro remake o algo así, en este caso de la legendaria película de culto del mismo nombre dirigida en 1981 por Joe Dante, sobre un grupo de encarnizadas pirañas que arrasan con un grupo de adolescentes en unas vacaciones de primavera. El filme, dirigido por el francés Alexandre Aja, carece en lo absoluto de argumento, basta con ofrecer mucha (muchísima) carne desnuda, para que luego sea pasto de los peces carnívoros gigantes.

El 3D aquí no fue más que una excusa para incrementar el espanto de ver tanta gente mutilada o permitirse momentos bastante desagradables como miembros cercenados flotando en el agua en el acto de ser devorados por los voraces peces. No hay mucho más en este filme. Y probablemente haya menos en Piranha 3D que promete llevar lo de ésta a un nuevo nivel. Se estrena este mismo año.

Shark night 3D (de próximo estreno)

¿Y qué nos ofrece el futuro? Pues volver con los tiburones. Esta vez de la mano del experto David R Ellis (responsable de la divertidísima Snakes on a plane y de alguna de las entregas de Final destination, que también usaban 3D), en este caso poniendo al ya tradicional grupo de adolescentes desgraciados en un lago de agua salada, donde un criminal suelta un cardumen de estos escualos. El tráiler que ya circula por la red se ve bastante prometedor (así como el afiche, que es excelente) y puede llegar a rendir bastante bien.

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