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Tiempos convulsos

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07 de diciembre de 2019 a las 05:03

Es equivocado decir que las movilizaciones sociales violentas que se suceden en todo el planeta sean por las mismas causas, pero al mismo tiempo no es desacertado sostener que tienen un denominador común: el malestar con el sistema.

Cada conflicto tiene sus propias características, motivaciones y raíces particulares que permitirían explicarlas. No son lo mismo las movilizaciones de los chalecos amarillos en Francia contra una reforma de las jubilaciones, que las que se ven en Chile pidiendo una Asamblea Constituyente, o las del Líbano, Irak o Colombia.

El mundo está en tensión y el periodismo primero y la academia más rezagada hacen lo posible para encontrar explicaciones para este momento de tensión que vive el mundo y en particular América Latina.

La expresión de un gran malestar social expresado con manifestaciones violentas, rostros cubiertos, incendios de autos, saqueos a comercios, convocatorias por las redes sociales sin liderazgos claros y atentados destructores contra servicios públicos acompañados de un mosaico de reclamos que muchas veces tienen poco que ver entre sí, comienzan a delinear el paisaje de los tiempos que corren.

El caso de Chile es paradigmático. Durante décadas fue puesto como ejemplo del modelo a imitar por el resto de América Latina. Una economía pujante, con crecimiento del PBI sistemático, año a año, tratados de libre comercio con todo el mundo, aumento del ingreso per cápita. La locomotora de la región.

Pero, de pronto, por la suba del boleto del subte explotó una mina que estaba a ras del piso y cuya fragmentación sigue pegando en todos lados. Ni la alternancia de partidos políticos en el poder, ni los índices económicos tan destacados sirvieron de contención para la explosión de una violencia inusitada contra el sistema.

Leerlo en clave izquierda – derecha es un error, es mucho más complejo. Como también es equivocado explicarlo en clave económica. La economía, y las interpretaciones desde la economía han insistido en el modelo chileno. Pues tal vez es hora de revisar los parámetros con los cuáles se miden los éxitos de las naciones y empezar a incorporar aspectos que tienen que ver con las oportunidades, la educación, la autoestima social y hasta la pertenencia como ciudadanos a una nación.

La horizontalidad y libertad del acceso a la información –buena y mala– que permite hoy que cada ser humano con un celular sea receptor y emisor de información y actor y espectador del tiempo que le toca vivir y construir, es un cambio sustancial en cualquier modelo de sociedad.

El caos que se vive tiene que ver con cambios sustanciales y acelerados que vive la humanidad. Es probable que muchos de los manifestantes que arrojan piedras contra el sistema no tengan mucha idea de por qué lo hacen. Lo que si saben es que es una forma de mostrar su rabia ante algo que quieren cambiar y no saben cómo enfrentar. Lo paradigmático de la situación es que, si se descubren el rostro y se miran al espejo, es probable que se encuentren reflejados en la otra cara del mismo monstruo al que quieren derribar.

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