28 de febrero de 2018 5:00 hs

Frances McDormand / Tres anuncios por un crimen

Una antiheroína de Shakespeare le dio el impulso que necesitaba para decidir que lo suyo era la actuación. Fue Lady Macbeth, la turbulenta reina de los escoceses. En ese momento, Frances tenía solo 14 años.

De allí hasta que los hermanos Coen la descubrieran y la tomaran como musa máxima para sus historias de violencia y humor negro pasó muy poco tiempo. Antes de cruzar el umbral de los 30, los tres debutaron en el cine de forma simultánea con Simplemente sangre (1984) y automáticamente se volvieron casi un combo inseparable. Tanto que uno de ellos –Joel– terminó casándose con ella.

Las colaboraciones con esta dupla le dieron a Frances McDormand los mejores resultados de su carrera. Sin ir más lejos, Fargo (1996), obra cumbre de los Coen junto a El gran Lebowski, la hizo brillar y le dio su primer y único Oscar.
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Sin embargo, jamás fue una actriz de one-hit-wonder. En su carrera hay muchos papeles para destacar, generalmente alejados del foco principal de los estrenos más taquilleros. Entre ellos aparecen la temeraria camionera de Tierra Fría (2005), la madre de Will Miller en Casi Famosos (2000), sus colaboraciones con Wes Anderson, Gus Van Sant, Paolo Sorrentino y, obviamente, sus queridos Coen. Con ellos filmó en total nueve películas.


De todas maneras, no es un personaje de los Coen la que seguramente le termine dando su segundo premio de la Academia en la ceremonia de este domingo.

McDormand está nominada por Tres anuncios por un crimen, una película que por los pronósticos previos pinta para arrasar en varias categorías, incluida la suya. A pesar de que Saoirse Ronan y Sally Hawkins también pelean con méritos, McDormand se aferró con fuerza a cada uno de los premios que se entregaron hasta el momento y es difícil que le saquen el más suculento.

Su victoria es, tal vez, la más anticipada de toda la ceremonia y –en caso de que no se dé– sería uno de los grandes batacazos de la noche. En Tres anuncios por un crimen, McDormand compone a una vengativa madre que va hasta las últimas consecuencias para resolver el crimen de su hija. Con arrebatos violentos y la fuerza que impone con su discurso radical, McDormand hace del filme uno de los más interesantes de esta temporada y se coloca así como la candidata más firme a ser la nueva reina del cine industrial.

Gary Oldman / Las horas más oscuras

El conde Drácula, Sid Vicious, un asesino a sueldo, un espía, Sirius Black, el comisionado Gordon, Beethoven. En el currículum de Gary Oldman se acumulan los papeles más eclécticos y diversos del cine, que lo han llevado a todo tipo de registros: desde actuaciones histriónicas y por fuera de los límites, hasta representaciones medidas y moldeadas con fineza. A pesar de ello (algo que además demuestra que el criterio de la Academia no es el más fino) el actor inglés de 59 años jamás ganó un Oscar –estuvo nominado por El topo en 2012–. Tampoco lo necesita para probar que es uno de los mejores actores vivos de la industria, pero su victoria casi segura del próximo domingo avalaría, definitivamente, un lugar que ocupa con justicia.

Pero llegar hasta ese lugar no le fue fácil. De entrada, le tocó nacer en un hogar complicado. Mientras él admiraba el trabajo de Malcolm McDowell en La naranja mecánica, su padre tomaba y se perdía en el alcohol. Un día lo abandonó y Oldman ya no volvió a ser el mismo. En la escuela le iba mal, no lograba estudiar, pero sí se desatacaba en teatro. A pesar de ello, entrar a una compañía también le costó. Hasta que, por fin, se insertó en el circuito teatral londinense y la voz se corrió. Había un actor tan dúctil como para mechar los clásicos de Shakespeare con el teatro más contemporáneo.

Y una vez que consiguió el protagónico en Sid y Nancy, donde interpretó al líder de los Sex Pistol Sid Vicious, el ascenso fue imparable. Junto a directores como Francis Ford Coppola, Luc Besson, Christopher Nolan, Ridley Scott y Alfonso Cuarón, Oldman construyó una carrera que se despegó por su capacidad para transformarse.


Y es, justamente, una transformación la que le podría dar su primer Oscar como mejor actor. En Las horas más oscuras, el ilustre actor inglés se convierte en el ilustre político inglés Winston Churchill, en una interpretación que excede al maquillaje y las prótesis que tuvieron que aplicarle para cada día de rodaje.

En la piel de una de las piezas más importantes de la historia universal, Oldman demuestra tener presente cada uno de los movimientos, gestos y la manera de hablar de Churchill y los replica de manera excepcional. En pantalla no se ve a Gary Oldman actuando, se ve a Churchill.

El único que merece el premio tanto como Oldman (incluso, dependiendo de cómo se mire, un poco más) es la revelación de Timothée Chalamet de Llámame por tu nombre. Sin embargo, si el Oscar sigue la línea de los premios que ya se han entregado, Oldman será el que se lleve la estatuilla para su casa. Y viendo como ha trabajado por ello, sería más que justo.


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